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Los riesgos del trabajo a turnos: trastornos del sueño, enfermedades crónicas y desajustes metabólicos

Los riesgos del trabajo a turnos: trastornos del sueño, enfermedades crónicas y desajustes metabólicos
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El enfermero de Quirónprevención Javier Doñas advierte de que esta modalidad laboral altera profundamente el organismo. Más información: Un médico alerta de los peligros de trabajar por la noche: más estrés, irritabilidad y desajustes en los ritmos biológicos

Dos ingenieros trabajando de noche. iStock

Historias Los riesgos del trabajo a turnos: trastornos del sueño, enfermedades crónicas y desajustes metabólicos

El enfermero de Quirónprevención Javier Doñas advierte de que esta modalidad laboral altera profundamente el organismo.

Más información: Un médico alerta de los peligros de trabajar por la noche: más estrés, irritabilidad y desajustes en los ritmos biológicos

Publicada 7 abril 2026 07:30h

El trabajo a turnos, especialmente cuando incluye noches, se ha convertido en un método imprescindible para que funcionen hospitales, fábricas, servicios de emergencia o plataformas logísticas. Sin embargo, su coste sobre la salud empieza verse en la evidencia científica y la práctica clínica diaria.

No hablamos solo de cansancio: altera profundamente el organismo y abre la puerta a enfermedades crónicas que pueden acompañar al trabajador durante toda su vida.

En salud laboral, el trabajo a turnos no es un simple cuadrante de horarios, sino un modelo que obliga a modificar de forma repetida los ritmos biológicos naturales, explica Javier Doñas, enfermero del trabajo de Quirónprevención.

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Distintos empleados cubren el mismo puesto en franjas horarias diferentes, por lo que el organismo se ve forzado a reajustar continuamente sus ritmos circadianos, diseñados para sincronizarse con los ciclos de luz y oscuridad.

Ese desajuste es, según Doñas, "el verdadero núcleo del problema". El cuerpo humano "no está preparado para cambiar artificialmente de 'modo día' a 'modo noche'". Una alteración que perjudica los cimientos de la salud.

Esa falta de armonía sostenida termina traduciéndose en trastornos del sueño, fatiga persistente, problemas digestivos, dificultades de concentración y, con el tiempo, en patologías cardiovasculares y desajustes metabólicos crónicos.

De la fatiga a la enfermedad crónica

El experto de Quirónprevención habla de una evidencia "abrumadora". Someter al organismo al trabajo a turnos —sobre todo a la nocturnidad prolongada— acelera la aparición de enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes tipo 2.

Es "una erosión silenciosa de la salud" que se fragua tras años de vigilia forzada y deuda de sueño acumulada, agrega.

El riesgo de sufrir un evento coronario agudo puede aumentar hasta un 40% en comparación con quienes mantienen un horario de oficina estable, describe. Más allá, le preocupa especialmente el vínculo con procesos oncológicos.

Como el experto recuerda, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica la disrupción de los ritmos biológicos como "probablemente carcinógena".

Lo ejemplifica con la sentencia histórica en Francia que reconoció el cáncer de mama de una enfermera, tras casi tres décadas en el turno de noche, como enfermedad profesional.

¿Un empleo para toda la vida?

Doñas advierte de que el cuerpo "tiene una capacidad de adaptación, pero no es infinita". A partir de los 45 o 50 años, la recuperación tras los cambios de turno se hace mucho más lenta y los efectos acumulados emergen con claridad.

En este sentido, sostiene que el trabajo a turnos "debería considerarse una etapa profesional, no necesariamente un destino permanente".

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Cuando un profesional desarrolla problemas de salud vinculados a este tipo de organización, el enfermero no ve imprescindible cambiar de profesión pero sí de condiciones.

"La vigilancia de la salud permite detectar de forma precoz cuándo un trabajador ya no tolera adecuadamente el trabajo por turnos", explica. En ese momento entran en juego el médico y la enfermera del trabajo, que pueden recomendar una adaptación del puesto, un turno fijo o, preferiblemente, el paso al turno diurno.

Además, reincorporarse a las mismas condiciones tras una baja por patología crónica, sin modificar los factores que la desencadenaron, "suele aumentar significativamente el riesgo de recaída".

Estrategias para amortiguar el daño

No hay soluciones mágicas, pero sí margen para reducir el impacto. "La clave es engañar a nuestro reloj biológico", señala Doñas.

Entre las recomendaciones prácticas, sugiere usar gafas de sol muy oscuras al salir del turno de noche para que la luz del amanecer no corte bruscamente la producción de melatonina. También aconseja comer ligero de madrugada, porque el estómago "duerme" y digiere peor los platos pesados.

El entorno de descanso es otro pilar: la habitación, dice, debe convertirse en un "búnker, totalmente a oscuras, silencioso y fresco". Es importante porque el cerebro detecta la luz incluso a través de los párpados.

Asimismo, el experto insiste en mantener horarios de sueño lo más estables posible, incluso en los días libres, para evitar que el agotamiento se cronifique.

Sobre si están las empresas a la altura de este problema, Doñas apunta: "Todavía queda camino por recorrer". Para él, muchas organizaciones siguen viendo el turno como un requisito operativo, sin tener en cuenta que detrás "hay personas con límites fisiológicos".

Desde Quirónprevención, explica, trabajan para cambiar esa visión, asesorando en la implantación de turnos más saludables —como rotaciones en sentido horario— y en programas específicos de vigilancia para quienes encadenan nocturnidades prolongadas.

Aun así, persiste la idea de que el cuerpo "se acostumbra". Para el enfermero, la evidencia dice lo contrario: la biología humana tiene un margen de adaptación limitado que debe ser protegido.

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    Fuente original: Leer en El Español
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