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Los secretos de uno de los edificios más icónicos de Madrid

Los secretos de uno de los edificios más icónicos de Madrid
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Torres Blancas es uno de los edificios más singulares de Madrid. Construido en 1969, sus formas curvas, terrazas llenas de vegetación y espacios circulares convierten cada vivienda en un universo propio. Ahora entramos en uno de sus apartamentos para descubrir cómo es por dentro y llegar hasta uno de sus grandes secretos: una piscina en lo alto del edificio con Madrid como telón de fondo. Leer

Torres Blancas

Asi es por dentro uno de los edificios más icónicos de MadridActualizado 8 OCT. 2026 - 09:29Las terrazas y los espacios exteriores están rodeados de plantas.ShutterstockSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Torres Blancas es uno de los edificios más singulares de Madrid. Construido en 1969, sus formas curvas, terrazas llenas de vegetación y espacios circulares convierten cada vivienda en un universo propio. Ahora entramos en uno de sus apartamentos para descubrir cómo es por dentro y llegar hasta uno de sus grandes secretos: una piscina en lo alto del edificio con Madrid como telón de fondo.

Hay edificios que se reconocen a primera vista y otros que, además, parecen esconder un mundo entero en su interior. Torres Blancas (Av. de América, 37), una de las construcciones más singulares de Madrid, pertenece a esa segunda categoría.

Diseñado por el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza y construido en 1969, el edificio rompe con la arquitectura convencional con sus formas curvas, sus terrazas llenas de vegetación y una estructura que, por dentro, recuerda más a un organismo vivo que a una vivienda tradicional.

Aunque su nombre hace pensar en una fachada blanca, las Torres Blancas son hoy fácilmente reconocibles por su característico tono gris y por una arquitectura que convierte el hormigón y las formas orgánicas en protagonistas.

El resultado es un edificio que sigue sorprendiendo décadas después de su construcción y que se ha convertido en uno de los grandes iconos arquitectónicos de la capital.

Un edificio que se aleja de cualquier vivienda convencional

La experiencia comienza ya desde el acceso a las viviendas. Frente a las líneas rectas y las plantas compartimentadas habituales, aquí predominan las formas circulares y las curvas. Los espacios se conectan de una manera diferente, haciendo que la arquitectura tenga un peso protagonista dentro de la propia casa.

El comedor y el salón son dos buenos ejemplos. Las formas redondeadas aparecen constantemente y consiguen que cada estancia tenga una personalidad propia. No hay apenas sensación de estar ante un apartamento convencional: la propia estructura del edificio condiciona y al mismo tiempo define la forma de vivir en él.

La piscina está integrada en la propia estructura de Torres Blancas y sus columnas aparecen incorporadas al espacio acuático.Shutterstock

La cocina es otro de los espacios donde la arquitectura adquiere especial protagonismo. Una de las columnas estructurales queda integrada en el centro de la estancia, mientras que una pared de pavés de color ámbar permite que la luz atraviese el espacio y genere una iluminación cálida.

La distribución no responde únicamente a criterios funcionales. También hay elementos que recuerdan que Torres Blancas fue concebido como una arquitectura en la que estructura, luz y espacios interiores forman parte de un mismo conjunto. Incluso existía un sistema para enviar la comida directamente a través de uno de los elementos de la vivienda.

Si hay algo que llama especialmente la atención al recorrer el edificio es la presencia de la vegetación. Las terrazas y los espacios exteriores están rodeados de plantas, hasta el punto de que algunas viviendas adquieren prácticamente el aspecto de un jardín botánico suspendido sobre Madrid.

La vegetación no es, por tanto, un simple complemento decorativo. Forma parte de la experiencia de habitar el edificio y acompaña a sus formas curvas, creando una relación muy particular entre arquitectura y naturaleza.

Desde el despacho de la vivienda, además, las vistas permiten comprobar hasta qué punto la ubicación del edificio ofrece una perspectiva privilegiada sobre Madrid. Junto al espacio de trabajo aparece también una terraza que prolonga el interior hacia el exterior.

Torres Blancas sigue sorprendiendo décadas después de su construcción.Shutterstock

Pero uno de los grandes protagonistas del recorrido se encuentra en la parte superior del edificio. Antes de llegar a la piscina hay que atravesar los vestuarios, pero es al salir al exterior cuando la arquitectura vuelve a adquirir toda su dimensión.

La piscina está integrada en la propia estructura de Torres Blancas y sus columnas aparecen incorporadas al espacio acuático. Desde allí, las vistas sobre Madrid son uno de los grandes atractivos: la ciudad se extiende alrededor del edificio mientras la propia arquitectura crea un escenario muy poco habitual para una piscina residencial.

Es probablemente uno de los mejores ejemplos de cómo Torres Blancas fue concebido como algo más que un conjunto de viviendas. Sus formas, sus terrazas, la vegetación, los espacios comunes y las vistas forman parte de una experiencia arquitectónica completa.

Se trata de un edificio que sigue sorprendiendo décadas después. Torres Blancas fue construido en 1969, pero su aspecto continúa alejándose de la imagen que asociamos a muchos edificios residenciales de aquella época. Sus formas curvas, la integración de la vegetación y el protagonismo de la estructura hacen que siga resultando reconocible y singular.

Y quizá esa sea precisamente una de las razones por las que continúa despertando tanta fascinación: no parece diseñado para pasar desapercibido. Desde el exterior llama la atención por su silueta y, una vez dentro, cada vivienda descubre una arquitectura en la que prácticamente ningún espacio responde a los patrones habituales.

Recorrer uno de sus apartamentos permite entender por qué Torres Blancas se ha convertido en uno de los edificios más emblemáticos de Madrid: vivir aquí no consiste únicamente en ocupar un espacio, sino en habitar una pieza de arquitectura.

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Fuente original: Leer en Expansión
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