Lucía, Jaime, María Elena y Elvira son de los pocos médicos que se animaron a mostrarse, los demás temen a las posibles represalias E.E.
Reportajes Médicos claman contra Mónica García por las guardias de 24 horas: "Sabe lo que hay, pero no empatiza y tergiversa la verdad"Los sanitarios arrancan una nueva semana de huelga entre denuncias de guardias interminables y un hastío generalizado ante la falta de soluciones.
Más información: Crece la sublevación de los médicos contra la doble cara de Mónica García: "Era la doctora Jekyll y se volvió míster Hyde".
Guillermina Leudesdorf Publicada 16 marzo 2026 01:37hA las tres de la mañana, en un hospital público, la guardia de los médicos sigue.
Una madre espera frente a una puerta cerrada del quirófano. Tiene los ojos rojos de cansancio.
La médica sale unos segundos. Viene de operar. Lleva muchas horas despierta.
La mujer la mira y pregunta algo que a los médicos les dicen más seguido de lo que se cree.
—¿Está usted en condiciones de operar a mi hija?
La pregunta no es malintencionada. Es miedo. Pero también revela algo que ocurre todos los días en la sanidad pública nacional.
Muchos pacientes no saben que quien toma decisiones sobre su salud puede llevar más de veinte horas trabajando.
Guardias de día y de noche. Café rápido. Dos horas de sueño, si hay suerte. Y, después, volver a entrar al quirófano.
Ese es el escenario que atraviesa hoy el sistema sanitario público, mientras el conflicto entre médicos y el Ministerio de Sanidad vuelve a escalar.
Menos consultas y pasillos más silenciosos volverán a marcar la semana a partir de este lunes hasta el 20 de marzo. Como cada mes, los médicos vuelven a poner en pausa su trabajo, una huelga que, de momento, se repetirá una semana al mes hasta junio.
Todo puede cambiar si el Ministerio y los sindicatos logran acercar posiciones, pero por ahora la tensión sigue intacta.
España incumple la directiva europea de trabajo: los MIR superan las 62 horas semanales cuando el límite es de 48Todo comenzó cuando el Ministerio que dirige Mónica García retomó las negociaciones con representantes de la profesión médica para discutir cambios en el Estatuto Marco, la norma que regula las condiciones laborales de los sanitarios del sistema público.
Entre las propuestas oficiales aparecen medidas como reconocer la penosidad de las guardias, mejorar la participación de los médicos en las decisiones laborales y revisar la clasificación profesional vinculada a su formación.
Pero para buena parte del colectivo las conversaciones aún no alcanzan.
Mientras tanto, dentro de los hospitales, la discusión se vive de otra manera: con sueño, cansancio y guardias que no terminan.
Antonio, medico en el Hospital La Paz, lo resume en números. En una guardia complicada pueden pasar entre 50 y 60 pacientes por médico. Si se reparten las horas —contando que en algún momento hay que comer o intentar dormir— quedan entre 10 y 15 minutos por paciente.
"Y algunos requieren mucho más", explica. El problema no es solo la carga. Es el tiempo.
"Dormir dos horas y seguir trabajando porque te llaman que ha venido otro paciente no es descansar", dice. "Te levantas peor de lo que te acostaste".
Manifestación de médicos convocada en Madrid Cedida
A veces el peligro llega después. Cuando el médico sale del hospital. "Hay compañeros que han tenido accidentes de tráfico por quedarse dormidos al volante".
Las guardias de 24 horas están en el centro del conflicto. Y también en el centro del agotamiento. "Estamos más que formados para tomar decisiones bajo presión", dice Antonio. "El problema es el cansancio".
Porque cuando el cansancio se acumula, el juicio clínico cambia. Y la responsabilidad sigue siendo del médico.
Antonio conoce bien el debate político que rodea al sistema sanitario. No solo porque lo vive cada día en el hospital, sino porque quien hoy dirige el Ministerio es también médica. Por eso le cuesta creer que el problema no se entienda desde arriba.
"A la ministra Mónica García no hace falta explicarle nada", dice. "Ella ha hecho guardias, ha trabajado en hospitales. Sabe lo que es esto".
Lo que muchos médicos no comprenden es otra cosa. "Me llama la atención que tergiverse la verdad en algunas cuestiones. Hablo en nombre de muchos médicos cuando decimos que nos sentimos decepcionados con la gestión de la reforma del Estatuto Marco", dice.
En el Hospital Universitario Rey Juan Carlos, en Madrid, Laura, médica residente, vive una situación similar.
Aunque apoya las movilizaciones, muchas veces ni siquiera puede sumarse a ellas. Forma parte de los llamados servicios mínimos. "Me encantaría poder participar para luchar por los derechos de nuestra profesión", dice.
Una paciente golpea en el pecho y con una muleta a un médico en el centro de salud de Torrox (Málaga)Pero el sistema necesita que alguien se quede trabajando.
Laura describe una paradoja. Las guardias oficialmente duran 17 horas. Pero en la práctica no es así. Primero está la jornada normal. Después, la guardia. "Trabajamos nuestra jornada por la mañana y continuamos hasta el día siguiente", explica. "A efectos prácticos son 24 horas o más trabajando".
Las condiciones económicas tampoco ayudan. Las horas de guardia —que son jornadas extraordinarias— se pagan menos que la hora ordinaria, explica. Y además no cotizan para la jubilación. "Trabajamos con lo más preciado de las personas, su vida", dice.
"Y aun así nos obligan a trabajar en estas condiciones".
En consulta el ritmo tampoco afloja. Laura tiene 35 pacientes citados por día. Si no hace pausas, puede dedicar diez minutos a cada uno. Eso sin contar urgencias que se agregan durante la jornada.
En guardia puede ver 30 pacientes o más. "Lo más duro es lo mucho que tenemos que sacrificar para ser buenos médicos", dice.
El sueño. El tiempo personal. La vida social. "Las personas no ven que comemos mirando analíticas frente al ordenador".
Cuando se le pregunta por la negociación con el Ministerio, su respuesta vuelve a la figura de la ministra. "Creo que la Ministra es consciente de toda la situación. Sin embargo, elige mirar hacia otro lado para poder mantenerse en el poder", asegura.
Elvira Cedida Cedida
En Lanzarote, la sensación es parecida. Elvira, cirujana general y del aparato digestivo del Hospital Universitario Doctor José Molina Orosa, lleva 15 años en la profesión.
No hubo un momento puntual en el que decidió protestar. Fue acumulación. "Años y años viendo lo mismo", dice.
Sobrecarga. Guardias interminables. La sensación de trabajar "al límite de lo seguro", tanto para los profesionales de la salud, como para los pacientes.
Para ella el problema es estructural. "La presión es multifactorial", explica. Pero la combinación de sobrecarga asistencial, falta de personal y guardias de 24 horas termina afectando todo.
Incluso la capacidad de hacer medicina con calma. "Reduce el tiempo real por consulta a lo mínimo imprescindible".
El desgaste no termina cuando termina la jornada. "El trabajo te lo llevas a casa", dice Elvira. Pensando en decisiones. En diagnósticos. En si fue la elección correcta.
Mónica García: "Si la sanidad privada quiere colaborar con la pública, se tendrá que adaptar a los intereses del bien común"Una semana intensa deja una sensación común entre los médicos que hablan: "Agotamiento": físico, mental. Y también una cierta frustración. Porque muchos profesionales sienten que quienes toman decisiones políticas conocen perfectamente el problema.
"Lo más decepcionante es que teniendo una ministra que ha visto lo que es el día a día en un hospital en sus propias carnes no logre empatizar con sus compañeros y entender lo que estamos pidiendo", lamenta.
En Málaga, Carlos, médico de 29 años que trabaja en quirófano, señala otra cara del problema: la burocracia y la falta de recursos.
En una consulta promedio atiende unos 30 pacientes. Con menos de diez minutos para cada uno. Pero lo que más pesa es la dedicación total que exige la profesión. "Dedicamos nuestra vida al trabajo", dice. "Y muchas veces compensa poco en nuestras vidas".
Sobre su futuro cómo médico predice algo que muchos mencionan: "Afortunadamente aún soy joven y tengo vitalidad, pero en un futuro probablemente llegará el fin de semana y estaré agotado sin ganas de salir".
Sobre las posición de García Gomez, el joven asegura: "La ministra conoce perfectamente la situación". Pero prefiere abstenerse a opinar sobre los motivos que tiene para "no cambiar la situación".
En áreas especialmente delicadas del hospital, el desgaste se siente todavía más.
Lucía tiene 39 años y es anestesista infantil en el Hospital Gregorio Marañón. Trabaja con pacientes que requieren máxima precisión y concentración.
Lucía Cedida Cedida
"Las guardias son intensas y extenuantes", dice Lucía. "Entre semana son veinticuatro horas, a veces veinticinco, y los fines de semana llegan a veintiséis. Durante todo ese tiempo estás pendiente de cirugías urgentes y de los niños críticos en la Unidad de Vigilancia Intensiva", describe.
Para ella, el momento de mayor presión comienza a media tarde, cuando el resto del equipo ya se ha ido y queda sola frente a todas las urgencias.
Lucía explica que no es solo el cansancio lo que preocupa, sino la responsabilidad de cada decisión. "Cuando llevas horas sin dormir, cada error puede ser decisivo. Es como si un piloto tuviera que volar 24 horas seguidas: sabes que puedes, pero estás agotado y con vidas en tus manos".
Para muchos médicos, esa sensación de peligro constante es invisible para la sociedad, aunque las huelgas recientes ayudan a visibilizarlo.
El sistema sanitario y la falta de recursos también influyen en la calidad de la atención. "Ves cómo cambia el trato al paciente por cansancio, por hastío. A veces uno no puede dar el mismo esfuerzo ni la misma atención que al inicio de la jornada".
"Los pacientes lo perciben: hay más distancia, más hostilidad. Todo se suma, y el desgaste emocional es enorme". Lucía señala que, frente a esta situación, muchos colegas se ven empujados hacia la medicina privada o incluso fuera del país.
Aun así, la vocación sigue presente. "Nunca vamos a dejar a los pacientes de lado", asegura. Pero el reclamo es claro: reducir la duración de las guardias, aumentar plantillas y mejorar las condiciones.
"Es triste vernos manifestando por derechos básicos en un país desarrollado, cuando hablamos de la salud de la población y del bienestar de los profesionales que la sostienen. La sanidad es uno de los pilares del Estado del bienestar, y no podemos permitir que se resquebraje por falta de recursos y reconocimiento", lamenta.
La misma escena
En urgencias, la escena se repite en todo el país.
Álvaro, residente en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, describe el ritmo de una guardia. Llega por la mañana. Pase de pacientes. Revisión de ingresos. Después visitas en planta. Y recién al mediodía empieza el trabajo invisible.
Escribir informes. Pedir pruebas. Coordinar interconsultas. "Todo lo que no se ve".
Luego llega la guardia. Las guardias de fin de semana duran 24 horas. Las de entre semana empiezan después de la jornada habitual. "Siempre estás trabajando veinticuatro", dice.
En una guardia puede hacer 20 altas. Los residentes con más experiencia llegan a 30 o 40 pacientes. Dormir es un lujo. "Lo normal son dos o tres horas", explica. Cuatro, si el turno fue tranquilo. Las camas están en cuartos pequeños. Literas. Espacios mínimos. "Yo lo llamo un búnker", dice.
El estrés aparece en los momentos más inesperados. Pacientes que esperan. Que se quejan. Que quieren respuestas rápidas. Mientras el médico revisa historiales, pruebas y antecedentes antes de verlos.
"Tenemos mucho trabajo detrás del momento de consulta", explica. Pero el paciente sólo ve esos minutos.
La frustración aparece cuando no hay tiempo. Tiempo para explicar. Tiempo para educar al paciente. Tiempo para escuchar. "Me gustaría poder dedicar más tiempo", dice.
A veces lo más difícil llega después. Cuando el médico vuelve a casa. "Te quedas con el runrún", explica. Pensando si algo se pudo hacer mejor. Porque algunos pacientes mueren. "Todas las semanas".
En el Centro de Salud Guayaba, en Carabanchel, Jaime, de 50 años, médico de familia y representante del sindicato AMYTS, explica que el conflicto actual no nació de un día para otro.
Jaime Cedida Cedida
Durante años los médicos trabajaron bajo un Estatuto Marco que muchos consideraban insuficiente. Pero la reforma propuesta por el Ministerio fue lo que encendió el conflicto.
"Siempre hemos pensado que la norma que nos regula estaba mal diseñada", explica. "Cuando el Ministerio planteó cambiarla, empezamos a analizar el borrador para ver qué iba a modificar".
La expectativa duró poco. A medida que los profesionales fueron analizando el borrador, la sensación fue otra. "Lo que vemos son cambios más bien estéticos", dice.
"Declaraciones de buenas intenciones que en la práctica no van a modificar nuestro día a día". Para muchos médicos, la frustración es mayor porque la reforma llega de la mano de una ministra que también ha trabajado en hospitales y conoce de primera mano el funcionamiento del sistema.
En atención primaria el problema más inmediato es la sobrecarga. Cada médico atiende a alrededor de 1.600 pacientes. En consulta tienen diez minutos por persona —un logro reciente tras una huelga del sector—, lo que permite ver a unos 34 o 35 pacientes al día.
Pero la demanda real es mayor. "Ahora mismo estoy dando citas con una demora de 25 o 30 días", cuenta Jaime. "Eso demuestra que no somos capaces de atender a toda la población que tenemos asignada".
Aun así muchos médicos siguen intentando llegar más allá de lo posible. Atienden pacientes fuera de agenda o después del horario. "Nos hacemos trampas a nosotros mismos", reconoce. "Intentamos atender a más gente de la que realmente podemos".
La razón, explica, es la propia lógica de la profesión. "Esto no es como fabricar botones y parar la máquina cuando termina la jornada. Si dejas a alguien sin atender, sabes que se queda un poco desasistido. Y esa sensación te la llevas a casa".
En este contexto, sostiene que el Ministerio conoce bien las reivindicaciones del colectivo médico. “Quiero pensar que la ministra sabe cuáles son nuestras demandas y que, en gran medida, incluso las comparte”, señala. A su juicio, el problema es que el Gobierno ha intentado “abrir un camino que en realidad no puede recorrer”, ya que atender esas peticiones tendría un coste económico considerable.
Jaime insiste en que los médicos no están reclamando una subida salarial, sino poner límites a las jornadas y a las guardias encadenadas. Reducir esas horas, explica, obligaría a ampliar las plantillas para cubrir los turnos que quedarían vacantes. “Si una persona hace 50 horas a la semana y queremos que descanse, alguien tiene que cubrir esas horas”, resume, lo que implicaría aumentar el número de profesionales y, por tanto, el gasto sanitario.
Para María Elena, cirujana pediátrica del Hospital Sant Joan de Déu, el problema suma ya muchas décadas.
María Elena Cedida
Lleva años en la profesión. Y recuerda que durante mucho tiempo los médicos aceptaron condiciones difíciles por vocación. Guardias. Horarios extensos. Sacrificio personal. Pero el desgaste acumulado empieza a pasar factura.
"Nos ha pasado factura en salud mental, en enfermedades cardiovasculares, incluso en la vida familiar", dice. Los médicos se divorcian más. Sus hijos los ven menos. Ella misma lo resume en una imagen: "La rueda del hámster".
Trabajar. Volver a casa. Descansar. Preparar la comida para el día siguiente. Y repetir.
Durante años hizo guardias. Hasta los cincuenta. Ahora recuerda lo que más dolía al terminar una. No era solo el cansancio. Era una duda. "Pensar que algo no lo has hecho bien por la extenuación". Y que quien lo pagó fue el paciente.
Por eso muchos médicos insisten en que las protestas no son contra la ciudadanía. Sino para sostener el sistema. "Si no hacemos atractivas las condiciones del sistema público", advierte María Elena, "no habrá relevo generacional".
Los jóvenes se van. A la privada. Al extranjero. O a otras ramas de la medicina con menos presión.
La medica cree que el problema es conocido desde hace años por las autoridades. "La ministra lo sabe perfectamente", afirma. "El mensaje le llega".
A su juicio, el obstáculo no es la falta de información sino la lógica política con la que se gestionan los cambios. "El político es cortoplacista. Lo que interesa son votos y nosotros no somos muchos votos", dice.
Para la entrevistada, el sistema sanitario sigue funcionando con estructuras pensadas hace décadas. "Se intenta sostener un modelo de hace más de treinta años que ya no tiene nada que ver con la realidad", señala, aludiendo al envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas y a la mayor demanda asistencial.
"Esto requeriría casi tirar la casa y empezar de nuevo, pero ningún político —ni autonómico ni nacional— quiere asumir ese coste".
El futuro de la profesión
Francisca, de 28 años, es residente en Medicina de Familia en el Hospital Universitario 12 de Octubre, recuerda sus primeras guardias con una mezcla de sorpresa y decepción.
Siempre admiró el sistema sanitario de su país, pero trabajando allí constató que la atención primaria estaba abandonada, no solo por los políticos, sino también por los propios médicos.
La presión dentro del hospital se sintió desde el primer día y solo fue aumentando con los años de residencia.
Durante las guardias, cuenta, la saturación y la sobrecarga eran constantes. Había noches con seis o siete horas de espera, y los residentes debían tomar decisiones solos mientras cubrían carencias de todo el hospital.
La cantidad de pacientes superaba ampliamente la capacidad prevista, y la joven recuerda ver áreas diseñadas para 40 camas ocupadas por 60 o 70 pacientes, lo que multiplicaba la presión sobre los médicos.
El impacto en la salud mental fue inevitable. Vio compañeros quebrarse bajo la presión, con episodios de ansiedad y agotamiento extremo.
"Tienes que estar siempre al cien por ciento, como si fuera la primera hora del día", asegura, y agrega que a esto se suma la presión de los propios superiores, que a veces transmiten exigencias imposibles de cumplir.
Sobre la gestión política, Francisca no duda: la ministra de Mónica García conoce la situación, pero la falta de recursos limita cualquier cambio. "Creo que ha visto los números y se da cuenta de que no puede sacar más dinero para regularizar la situación de los médicos que viene desde hace mucho tiempo", afirma.
Mientras tanto, en los hospitales públicos, la escena de la madrugada sigue repitiéndose.
García insiste a los médicos en que exijan su propio estatuto al Congreso: "Las leyes en este país no las hace sólo el Ejecutivo"Puertas cerradas. Pasillos en silencio. Médicos que llevan horas sin dormir. Y pacientes que confían en ellos.
Aunque muchas veces no sepan cuánto tiempo llevan despiertos.
Muchos médicos creen que el sistema sanitario español sigue siendo uno de los mejores del mundo.
Pero también que ese prestigio se sostiene, cada vez más, sobre el sacrificio personal de quienes trabajan dentro.
Y la gran incógnita es cuánto tiempo más puede sostenerse así.
Porque el mensaje —insisten— ya llegó.
Llegó a los despachos. Llegó al Ministerio. Y llegó también a la ministra que hoy tiene que decidir si ese sistema cambia.
O sigue funcionando igual.
Algunos nombres han sido modificados a pedido de los médicos para evitar posibles represalias laborales, ya que varios de sus compañeros han sufrido consecuencias tras hablar con la prensa.