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Médicos que participan en torturas en la guerra, la línea infranqueable que se cruza

Médicos que participan en torturas en la guerra, la línea infranqueable que se cruza
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La revista 'The Lancet' denuncia que personal sanitario ruso en el frente de Ucrania da palizas y descargas eléctricas a los prisioneros ucranianos. Las ONG en España lo condenan
Médicos que participan en torturas en la guerra, la línea infranqueable que se cruza

La revista 'The Lancet' denuncia que personal sanitario ruso en el frente de Ucrania da palizas y descargas eléctricas a los prisioneros ucranianos. Las ONG en España lo condenan

Regala esta noticia Añádenos en Google Militares ucranianos son liberados por Rusia en un intercambio de prisioneros, en 2025. (Reuters)

Doménico Chiappe

Madrid

07/09/2026 a las 00:02h.

No sólo niegan atención médica a los prisioneros ucranianos, sino que los médicos rusos también aplican descargas eléctricas e infligen otras torturas en el frente ... de guerra, según denuncia un trabajo publicado en la revista 'The Lancet'. Uno de los testimonios, contrastados con los documentos médicos, es el de un hombre, Oleksandr Savov, que había sido capturado en mayo de 2022 y liberado tres años después, con costillas rotas, extrema delgadez, arrancamiento de dientes y un infarto no tratado que, ocho meses después de su liberación y bajo cuidados sanitarios, le costó la vida. Causa de la muerte: insuficiencia cardíaca. Tenía 46 años, registra el artículo 'Personal médico ruso presuntamente cómplice de tortura', firmado por Ed Holt, que asegura que «el maltrato a los ucranianos detenidos por parte del personal médico no responde a motivaciones individuales, sino a una política estatal específica».

Esta investigación cifra en 300 las cárceles, repartidas entre Rusia y los territorios en disputa. Las descargas eléctricas eran llamadas 'electroforesis' «y era el tratamiento para todo: dolor de muelas, lesiones por palizas, dolor articular, fiebre, tos», asegura Serhii Doroshenko, un militar que trabajaba como pediatra antes de la guerra, capturado en Mariúpol. Pasó más de mil días en cautiverio. «Había un médico que era la persona más cruel allí (…) aplicaba descargas eléctricas deliberadamente en los puntos más dolorosos. A este médico lo llamaban Doctor Muerte», recordó de su último año de cautiverio en la Colonia Correccional N.º 10 en la República de Mordovia.

Se niega cualquier tratamiento básico a los que sufren traumatismos graves de combate, heridas de metralla, fracturas o lesiones internas

La participación de los médicos, enfermeras y otro personal sanitario es condenada por saltarse la «ética médica», una línea infranqueable. «El personal médico en zonas de conflicto debe poder atender a heridos de cualquier bando sin discriminación, y esta imparcialidad es precisamente lo que sostiene su protección legal», mantiene a este periódico Carlos de las Heras, responsable sobre Rusia/Ucrania en Amnistía Internacional España. «Su papel está definido en el derecho internacional humanitario y gozan de protección específica», debido, precisamente, a esa imparcialidad. Otras ONG españolas consultadas, o las delegaciones nacionales de grandes consorcios, coinciden con la idea de que «un médico que tortura no es médico», pero declinaron comentar públicamente este artículo.

En territorios ocupados por Rusia, Amnistía Internacional también documentó formas de tortura aplicadas a prisioneros de guerra, como la denegación deliberada de atención médica y la desnutrición, confirma De las Heras. Sus informes también revelan un patrón sistemático de ataques contra infraestructura y personal sanitario, en el marco de la agresión rusa contra Ucrania, «aunque también hemos señalado violaciones puntuales por parte de fuerzas ucranianas», especifica. «Atacar deliberadamente instalaciones médicas o personal sanitario, o usarlas como escudo o base militar, constituye un crimen de guerra».

Medida de presión

Más pruebas recabadas en la investigación publicada la semana pasada refieren la negación de cualquier «tratamiento básico» a militares ucranianos capturados que sufrían traumatismos graves de combate, heridas de metralla, fracturas o lesiones internas, incluidas las causadas por palizas durante los interrogatorios. Human Rights Watch mantiene que «el personal médico permitió o aparentemente fue cómplice de la tortura». El acceso a la atención sanitaria era una de las medidas de presión para obtener confesiones, según el artículo.

Frente a estas denuncias, Amnistía Internacional enumera las funciones del personal médico en zonas de conflicto. Destaca la atención directa (atención y cirugías de urgencia, evacuación de heridos), la posibilidad de llevar a cabo tareas de documentación forense (registro de heridas de guerra, causas de muerte y patrones de violencia, como tortura o violencia sexual) y las tareas de atención primaria, partos, enfermedades crónicas o vacunación.

«Las autoridades rusas han negado reiteradamente que los prisioneros de guerra sean sometidos a malos tratos o tortura»

«Las autoridades rusas han negado reiteradamente que los prisioneros de guerra o civiles ucranianos bajo su custodia sean sometidos a malos tratos o tortura (pero) se han negado sistemáticamente a conceder a observadores independientes acceso a los centros de detención de prisioneros de guerra», refiere Holt, colaborador habitual de 'The Lancet', basado en informes de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania.

¿Se puede llevar a los responsables a juicio? Algunos médicos torturadores han sido identificados, asegura el artículo. Para Amnistía Internacional, existe «una escalada de violaciones de derechos humanos que incluye muertes de civiles por ataques indiscriminados contra infraestructura civil, entre ellas instituciones médicas, y hemos insistido varias veces en que los ataques contra bienes civiles como hospitales podrían constituir crímenes de guerra». Mientras tanto, las torturas son arma de guerra en manos de quienes juraron proteger la vida con su profesión.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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