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'Más que rivales', erotismo de alto voltaje y hockey

'Más que rivales', erotismo de alto voltaje y hockey
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El fenómeno que ha arrasado en medio mundo cuenta la historia de dos estrellas del deporte que inician un romance gay a escondidas

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Connor Storrier y Hudson Williams, en un fotograma. R. C. 'Más que rivales', erotismo de alto voltaje y hockey

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El fenómeno que ha arrasado en medio mundo cuenta la historia de dos estrellas del deporte que inician un romance gay a escondidas

Iker Cortés

Madrid

Miércoles, 11 de febrero 2026, 00:29

... el mundo del hockey sobre hielo, adapta el segundo volumen de 'Game Changers', la exitosa serie de novelas 'queer' de Rachel Raid, y comenzó a emitirse a finales de noviembre del pasado año en plataformas como Crave, en su país de origen, o HBO Max para los espectadores de Estados Unidos, Australia o Argentina. El éxito de los seis episodios fue tal que dos semanas más tarde la producción recibía luz verde para una segunda temporada.

'Más que rivales' arranca como un torbellino. Solo en el piloto transcurren alrededor de tres años. Los primeros compases muestran a un educado Shane presentándose ante el engreído Rozanov, antes de la final de la copa internacional de jóvenes talentos que finalmente se decanta para Rusia. Seis meses después, Ilya es elegido primero en el draft de la ficticia MHL por los Bostons Raiders y Shane, segundo, por los Montreal Metros.

Mientras la competitividad entre ambos crece, percibimos dos universos completamente distintos: el del canadiense, con unos padres cariñosos -qué grato volver a ver a Dylan Walsh, uno de los dos cirujanos plásticos de 'Nip/Tuck'- y entregados a su carrera deportiva, especialmente en el caso de su madre, que maneja los patrocinios de empresas como Rolex o Reebook; y el del ruso, con un progenitor policía, duro y exigente, y un hermano que se aprovecha de la abultada chequera de un deportista mucho menos mediático, pero también más irresponsable, divertido y hedonista.

Un año después, Shane se la devuelve liderando la victoria canadiense en la misma copa internacional de jóvenes talentos. Será tras grabar un anuncio comercial juntos cuando comiencen a saltar las chispas entre ambos en un viaje de años de amor, pero también negación y autodescubrimiento donde buscan la gloria sobre el hielo -ambos pasan de novatos a leyendas-, mientras luchan por comprender sus sentimientos.

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Connor Storrie, como Ilya Rozanov, arengando a su equipo.

Así que los primeros episodios desarrollan ese fuego pasional casi adolescente de quienes están descubriéndose en un ambiente nada favorecedor -la toxicidad del hockey sobre hielo masculino y una Rusia donde la homosexualidad está algo más que muy mal vista-, mientras lidian con sus figuras públicas y buscan la libertad dentro de un armario. «No es solo una historia romántica, es una historia sobre el miedo a ser visto y la valentía de amar», asegura la autora de una serie de novelas que ya va por su sexta entrega.

Brocha gorda

Hay algo de brocha gorda a la hora de dibujar las personalidades de los personajes. Shane, tímido y retraído, es un tipo aburrido, metódico -se ve, simplemente, por cómo dobla la ropa cada vez que se desnuda- y soso, con escasa gracia para practicar 'sexting', Rozanov, por su parte, es todo lo contrario: atrevido, canallita, bocazas, no tan discreto y, además, bastante mujeriego. Pero lo cierto es que reducir los personajes a poco más que meros arquetipos contribuye a dar ritmo a una narración en la que el romance es el protagonista absoluto de la función televisiva, aunque el drama y el humor también tengan su hueco. Dedicar el tercer capítulo a otro personaje, además, es todo un acierto.

Y sí, por supuesto que las escenas tórridas están ahí. Tierney fue consciente desde el principio de que el sexo era una de las cosas que hacía «fundamentalmente diferente» a la novela. «Es inseparable de la historia porque el sexo es desarrollo de personajes; no es solo una escena de sexo aleatoria en cada episodio. Los personajes aprenden el uno del otro y aprenden sobre sí mismos a través de esto», explicaba en una entrevista reciente.

Pese a todo, el creador y productor ejecutivo no logra evitar que 'Más que rivales' a veces peque de reiterativa. Con unas interpretaciones y un guion justitos, la serie es, sin embargo, una historia valiente, atrevida y necesaria porque los prejuicios están para romperlos.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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