Jorge Llibre Guerra, profesor asistente de neurología en la WUSM y autor principal del artículo publicado hoy en JAMA Neurology, explicó que hasta ahora la mayor parte de la evidencia sobre la evolución de la demencia provenía de países fuera de América Latina, lo que ha limitado la comprensión del comportamiento de la enfermedad en la región.
“Simplemente no teníamos esa perspectiva para la población latina, a pesar de que la población de la región está envejeciendo más rápido que en casi cualquier otro lugar. Lo que descubrimos es preocupante: los avances logrados en otras partes del mundo no están llegando a todos, y esto subraya hasta qué punto la carga de la demencia está determinada por las condiciones en las que viven las personas”, señaló.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó los datos de cerca de 24,000 adultos mayores de 65 años incluidos en la base del Grupo de Investigación sobre Demencia 10/66, un consorcio internacional que desde finales del siglo pasado estudia el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas en países de ingresos bajos y medios.
A partir de esa base, los investigadores seleccionaron a aproximadamente 16,950 participantes de Cuba, República Dominicana, México, Perú y Puerto Rico. La información fue evaluada en dos periodos mediante el algoritmo diagnóstico 10/66, una herramienta diseñada específicamente para estudios poblacionales en países de ingresos bajos y medios.
Este algoritmo combina información del historial clínico, entrevistas estructuradas, diversas pruebas cognitivas y los testimonios de familiares o cuidadores obtenidos por medio de visitas domiciliarias. La metodología ha demostrado una alta confiabilidad, con una sensibilidad de 94% y una especificidad de 97% frente a métodos diagnósticos convencionales, además de ofrecer una mayor precisión para identificar casos de demencia en poblaciones donde una parte importante de los adultos mayores tiene bajos niveles de escolaridad.
México, líder en la prevalencia de demencia senil
Durante la primera fase del estudio, realizada entre 2003 y 2006, los científicos evaluaron a 10,374 personas mediante un levantamiento casa por casa en zonas geográficas previamente definidas de los cinco países incluidos en la investigación.
Una vez identificados los participantes, el equipo revisó sus expedientes clínicos para identificar factores asociados con el riesgo de desarrollar demencia, entre ellos el nivel educativo, la actividad física, el tabaquismo, el consumo de alcohol, el aislamiento social, la diabetes, la obesidad, la hipertensión, la depresión y la presencia de problemas de visión o audición.
Asimismo, durante las visitas presenciales se aplicaron pruebas de memoria, lenguaje y razonamiento, además de entrevistas tanto con los participantes como con familiares o cuidadores para detectar cambios en el comportamiento o en la capacidad de realizar actividades de la vida diaria. El procedimiento se repitió en una segunda fase con una muestra de 6,576 adultos mayores.
señaló que “los hallazgos sugieren que la tendencia a la baja en la demencia observada en algunos países de altos ingresos podría no replicarse a nivel mundial. Los datos indican que la prevalencia de la demencia podría estar aumentando en ciertos entornos, lo que pone de manifiesto importantes desigualdades globales y desafíos para la salud pública”.factores de riesgo modificables, sostiene, es posible reducir el impacto de la enfermedad en los próximos años. “Muchos de los factores de riesgo que sospechamos que impulsan estos aumentos son cosas que sabemos cómo abordar”, afirmó.El especialista recordó que mantenerse físicamente activo, controlar la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre, evitar el tabaquismo, buscar atención médica desde la aparición de los primeros síntomas y conservar una vida social activa son estrategias respaldadas por la evidencia para disminuir el riesgo de desarrollar demencia. Agregó que, desde la perspectiva de las políticas públicas, los resultados respaldan la necesidad de invertir de manera urgente en sistemas de vigilancia epidemiológica, programas de prevención e infraestructura especializada para la atención de esta enfermedad.
“Si actuamos ahora, existe una oportunidad real de cambiar la trayectoria de la próxima generación de adultos mayores en la región”, concluyó.
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