La zona arqueológica de Toniná, en Chiapas, es uno de los grandes tesoros históricos del país
El objetivo: "fortalece la capacidad del Estado" para proteger, conservar y estudiar la antigua ciudad
Carlos Prego
Editor - MagnetCarlos Prego
Editor - Magnet Linkedintwitter3083 publicaciones de Carlos PregoQuizás no sea tan conocido como Teotihuacán, Chichén Itzá o incluso el vecino Palenque, pero Toniná es uno de los grandes tesoros arqueológicos de México. La necrópolis vivió su apogeo entre los años 600 y 900 d.C. y hoy se conserva como uno de los conjunto más fascinantes del área maya y el urbanismo prehispánico. De hecho está coronado por una estructura piramidal única en la región que supera en altura a la famosísima pirámide del Sol de Teotihuacán.
Por eso, para garantizar su conservación, el Gobierno mexicano acaba de tomar una decisión radical: expropiar 9,2 hectáreas del entorno para que pasen a depender directamente del Instituto Nacional de Antropología (INAH).
¿Qué ha pasado? Que México acaba de demostrar que está dispuesto a tirar de decreto expropiatorio para proteger su patrimonio. Y lo ha hecho además de una forma práctica. El Ejecutivo liderado por Claudia Sheinbaum ha anunciado que el Instituto Nacional de Antropología e Historia ha "tomado posesión" de un predio de 9,22 h en el entorno del yacimiento de Toniná, en el estado de Chiapas.
Lo curioso es cómo se ha hecho con ese terreno, hasta hace poco en manos privadas. El traspaso ha sido posible gracias a un decreto que dio luz verde a la enajenación a favor del INAH. "La acción se deprende de una causa de utilidad pública, promovida en diciembre de 2025 por Cultura", aclaran las autoridades.
¿Por qué lo han hecho? El objetivo del Ejecutivo es doble: facilitar la conservación e investigación del entorno. En palabras del propio INAH, la idea es "garantizar las condiciones óptimas" del yacimiento. "Toniná es parte esencial de la historia viva de Chiapas y de México. Este decreto protege un bien de la nación y contribuye a ejercer los derechos culturales mediante el acceso al conocimiento y la memoria histórica", razona Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura.
La dirigente insiste que con la medida el Estado refuerza su capacidad para "preservar el patrimonio, asegurar su manejo con criterios técnicos y sostener las tareas de conservación, restauración e investigación". A partir de ahora el INAH ampliará su capacidad para velar, cuidar y estudiar la antigua ciudad maya.
¿Por qué es importante? Por varias razones. Más allá de la fórmula legal empleada o sus ventajas para proteger, conservar y estudiar el yacimiento, la medida es interesante porque México quiere aprovecharla para impulsar Toniná.
"En la zona arqueológica se instrumentará un programa integral de reactivación que permitirá crear una ruta estructurada para su eventual reapertura", avanza el INAH. De hecho uno de los objetivos es impulsar "el turismo responsable".
Click en la imagen para ir al tweet.¿Tan importante es Toniná? Sí. Y esa es otro de los motivos por el que la recuperación de las nueve hectáreas ha generado tanta expectación. Situado en el límite entre las tierras altas mayas y las bajas, los moradores de la antigua Toniná dejaron una acrópolis fascinante, con plataformas superpuestas y una estructura piramidal que los arqueólogos consideran "única" en el mundo maya. De hecho supera en altura a la famosa pirámide del Sol de Teotihuacán, de 65 metros.
"La riqueza de esta zona arqueológica la hace comparable a otros grandes sitios de Chiapas, como Palenque. Su apogeo va del año 600 al 900, dentro del período Clásico, y fue el último testigo del ocaso del llamado Viejo Imperio Maya", explica el INAH. El gobernador más famoso de su historia fue Tzots Choj ('Murciélago-tigre') y su mayor tesoro arqueológico lo ofrece su acrópolis y plaza central.
En ella encontramos una escalinata de 260 escalones, la enorme estructura piramidal y un laberinto de templos, palacios y calzadas. Los expertos también han localizado un altar para sacrificios y espacios para jugar a la pelota.
¿Desde cuándo la conocemos? El primero en hablarnos de Toniná fue fray Jacinto Garrido, en el siglo XVII, pero el yacimiento ha seguido fascinando a los expertos desde entonces. Durante el siglo XIX se sucedieron las expediciones y a lo largo del XX (sobre todo entre las décadas de 1970 y 1980) se intensificaron las excavaciones. Fue entonces cuando se pusieron en marcha los estudios y labores de conservación a cargo del INAH, lo que ha permito descubrir sus secretos.
A pesar de los años de estudio, el instituto arqueológico confía en que queden aún sorpresas: "Toniná guarda todavía muchos secretos que habrán de conocerse".