La normalidad regresa a un país que el Mundial transportó a una burbuja donde el fútbol desplazó a todos los dramas del día a día
Regala esta noticia Añádenos en Google Aficionados mexicanos, tras la derrota con Inglaterra. (EFE)Milton Merlo
Corresponsal en México
06/07/2026 a las 15:53h.La derrota de México ante Inglaterra por los octavos de final de la Copa del Mundo tuvo un epílogo hasta hace un mes atrás impensable: ... mientras los jugadores británicos festejaban ante sus seguidores en una cabecera del Estadio Azteca, en la otra mitad la afición local despedía con aplausos y canticos a una selección tricolor que logró conmover a un país.
Fueron cuatro semanas de un vértigo absoluto. El triunfo ante Sudáfrica inyecto una ilusión en las calles que, poco a poco, fueron tomadas por un frenesí mundialista que crecía a medida que la selección gaba sus partidos y llegaba a la cita contra Inglaterra sin recibir goles en contra.
El furor mundialista comenzó a derramarse en todos los ámbitos de la vida pública, donde el cambio de aire fue rotundo y se llegó al otro extremo: del pesimismo a la abierta manifestación de que México podía ser campeón del Mundo, como se coreaba en plazas y avenidas de todo el país en la noche posterior al triunfo frente a Ecuador.
Esa épica encontró su fin en los pies de Jude Belingham, quien tomó las riendas de su selección para vencer a los fantasmas del Azteca donde los inventores de este juego no habían vuelto desde su eliminación en la Copa del Mundo de México 1986.
Regreso a la normalidad
El festejo previsto a realizarse en el centro de la Ciudad de México se apagó antes de comenzar y las calles comenzaban a despoblarse mientras se escuchaban ruidos de pirotecnia que señalaban la despedida de México de su tercer Mundial.
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Resumen y goles del México 2 - Inglaterra 3.La afición mexicana esgrimió un carisma imparable, ya sea para convertir a un pato en su mascota propia del Mundial como para invitar a sus parrandas a los miles de turistas que llegaron a la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
El Mundial transportó a México a una burbuja donde el fútbol se impuso a todos los dramas de su día a día. Una celebración de color y sonido que tuvo un episodio final a la altura, con once jugadores abrazados sobre el césped y un estadio que los despedía al tiempo que les agradecía una fiesta que, hace tiempo, necesitaban.
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