Los candidatos del PP, Alfonso Fernández Mañueco, y del PSOE, Carlos Martínez, en las elecciones de este domingo.
Política Mañueco parte como favorito y busca frenar el avance de Vox, el PSOE confía en el 'No a la Guerra' para evitar otra debacleEl PSOE ha rescatado a Zapatero en la recta final de la campaña, en medio del escándalo de Plus Ultra.
Vox ambiciona alcanzar el 20% del voto, tras dejar en el aire los pactos de Extremadura y Aragón.
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Fernando Garea Publicada 15 marzo 2026 02:44hLas claves nuevo Generado con IA
Si todo va este domingo según lo previsto en las elecciones en Castilla y León, la suma de los procuradores de PP y Vox será más que suficiente para que Alfonso Fernández Mañueco vuelva a ser presidente y los populares mantendrán su hegemonía durante más de 40 años.
Será precisa entonces una intensa e incierta negociación entre los de Alberto Núñez Feijóo y los de Santiago Abascal, como ya ocurre en Extremadura y Aragón.
En ambas comunidades se celebraron también elecciones recientemente y aún no se ha formado un Gobierno autonómico, por falta de acuerdo entre derecha y extrema derecha.
Si se cumplen las expectativas de las encuestas, el PP será de nuevo el partido más votado, aunque sin crecer con respecto a 2022. Y el PSOE puede bajar, pero sin tener un batacazo como los de Extremadura y Aragón.
Vox volverá a mostrar enorme fortaleza y el espacio a la izquierda de los socialistas —Sumar y Podemos— pagará cara su división.
Es el nivel de esas cuatro variables lo que marcará el análisis de los resultados en Castilla y León, que el PP gobierna en solitario después de que Vox rompiera la coalición hace casi dos años.
Aquí no ha habido adelanto electoral, sino cumplimiento del máximo legal de la legislatura. Como ocurrirá en junio en Andalucía.
Mañueco, en la línea de meta: se ha subido al tractor, ha tirado cañas y ha perdido 5 kilos sin despeinarse ni cambiar de lemaEl PP mide hoy el desgaste de la gestión de Mañueco y, de nuevo, las posibilidades de que Feijóo pueda gobernar en solitario tras las generales, sean cuando sean.
También se calibra su decisión de aprobar un marco de relaciones con Vox y la estrategia del PP de buscar el voto útil, presentando a los de Abascal como una opción que no facilita estabilidad y no asume responsabilidades. Así será después de la campaña electoral con mayor enfrentamiento dialéctico entre PP y Vox, mientras los resultados les obligan a acuerdos.
El PP sospecha que Vox no tiene intención de entrar en gobiernos autonómicos, para evitar así el desgaste de gestión y preservarse para las generales en las que sí aspiran a estar en un Gobierno de coalición con Feijóo.
Vox, por su parte, mide su capacidad para mantener la curva acelerada de crecimiento en todas las elecciones, saber si la expulsión de históricos del partido y las tensiones internas le suponen un precio, y si lo que hizo en Castilla y León dentro de un Gobierno de coalición tiene un coste.
Como son las primeras elecciones que se celebran tras el inicio de la guerra en Irán, se evalúa si para Vox es positiva o negativa su identificación con Donald Trump y su apoyo a un ataque militar que tendrá graves consecuencias económicas para los españoles.
La comunidad con mayor porcentaje de actividad agraria votará bajo los primeros efectos negativos de la guerra y sin que el Gobierno haya tomado aún medidas contra la subida de los combustibles.
Y, en paralelo, se comprobará si el "No a la guerra" invocado por Pedro Sánchez tiene influencia electoral: si la tendencia al abismo del PSOE, iniciada en Extremadura y Aragón, es irremediable.
¿Habrá efecto placebo?
O si, por el contrario, la lista de Carlos Martínez, el candidato socialista de este ciclo electoral con menor vinculación al presidente del Gobierno, frena esa tendencia al desastre.
El PSOE afrontó el carrusel electoral que empezó en Extremadura el pasado mes de diciembre como el que va al dentista, sabiendo que pasaría malos tragos encadenados, que no tendría nada que ganar y que su único consuelo sería que el PP sangrara en favor de Vox, hasta el punto de ver peligrar su horizonte de llegar cómodamente a la Moncloa.
Extremadura y Aragón fueron un desastre para el PSOE, y Andalucía pinta mal para su candidata María Jesús Montero, con el único consuelo de poder ver a Juanma Moreno pasando por el aro de Vox si pierde su mayoría absoluta.
Este domingo 15 de marzo el carrusel llegará a Castilla y León, que presenta la paradoja de que, pese a ser el feudo más consolidado del PP (gobierna desde 1987), es la comunidad de este ciclo en la que el PSOE puede tener alguna opción de ganar, aunque sea remota, y pese a que de ninguna manera pueda gobernar frente a los populares y Vox.
Tanto, que en los últimos días los socialistas no ocultan su esperanza de que pueda producirse esa victoria electoral o, al menos, acercarse al PP. Sin opciones de gobernar, pero con un efecto placebo. Como la homeopatía, que no cura, pero alivia si el enfermo se lo cree.
Una victoria con margen estrecho por parte del PP sería celebrada en la sede de Ferraz como un gran triunfo y sería vendido como un cambio de ciclo, aunque sólo sea un espejismo.
Fuentes del PSOE basan las expectativas que alientan para la última semana antes de las elecciones en encuestas internas y en la percepción política de las últimas semanas.
De las encuestas hechas públicas, la más favorable al PSOE es, como siempre, la del CIS de José Félix Tezanos, que muestra un empate técnico con el PP, aunque con ligera ventaja para este partido.
Otras, como la de Sociométrica para EL ESPAÑOL, son mucho más negativas para la candidatura que encabeza Carlos Martínez.
Ese sondeo, publicado el pasado lunes, asegura que el PSOE se hundiría desde sus 28 escaños actuales (30,1%) a una horquilla de entre 23-26 (27,3%).
Análisis de encuestas
El PSOE perdería casi 3 puntos de voto y hasta cinco escaños, respecto a su representación actual en la Cámara autonómica, cerca de su peor resultado histórico, según ese sondeo.
Los socialistas confían en dos factores: el desgaste de gestión del Gobierno autonómico de Mañueco, incluyendo el fracaso de su coalición con Vox, y el empuje de acontecimientos nacionales como la posición de Sánchez respecto a la guerra de Irán.
Según sus cálculos, todas las encuestas dan entre un 3% y un 5% de votos a la suma de las candidaturas separadas de Sumar y Podemos.
Esos porcentajes, aunque pequeños, podrían ser esenciales si los socialistas logran arañarlos con un escenario polarizado en el que el PSOE aparezca como alternativa a la extrema derecha, a la suma del PP con Vox y a lo que representa Donald Trump.
En paralelo, los socialistas creen que finalmente Vox logrará mejor resultado que el que le muestran las encuestas. Y lo hará a costa del PP, como ha ocurrido en Extremadura y Aragón.
Así lo explican, como estrategia y expectativa para la recta final de campaña, a pesar de que su candidato es con seguridad el menos sanchista de los que se presentan como cabezas de lista del PSOE en el carrusel de elecciones que se celebran entre diciembre de 2025 y junio de 2026.
En las últimas elecciones autonómicas en Castilla y León, celebradas en 2022, el PP sacó al PSOE solo 16.000 votos de ventaja, es decir, menos de un punto y medio, lo que supuso sólo tres escaños más.
En 2019, el PSOE ganó al PP con una ventaja de más de 40.000 votos, es decir, más de tres puntos de ventaja y seis escaños.
Los populares gobernaron gracias al acuerdo con Ciudadanos que arrancó al PP menos votos que los que ahora Vox podría lograr de la lista de Mañueco.
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