Paloma Sánchez-Garnica, escritora
«Mafiosos y políticos comparten dudosos códigos de honor»«Decir la verdad no siempre es conveniente» asegura la escritora, que sitúa en la convulsa Nueva York de 1968 su décima novela
Regala esta noticia Añádenos en Google Paloma Sánchez-Garnica en el puerto de Hoboken, Nueva Jersey. (Javier Ocaña)Nueva York
02/10/2026 Actualizado a las 12:19h.Crimen político, mafia, corrupción, conspiranoia y negocios turbios confluyen en 'Un hombre de honor' (Planeta), lo nuevo de Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962). La protagoniza ... Nicole Donadlson, una periodista que en la jungla de la Nueva York de 1968 desafiará al poder masculino, a su todopoderosa familia y al crimen organizado para renegar del periodismo sumiso que traga con la versión oficial. De Harlem a Central Park, de Little Italy a la sede de NYT, de la Catedral de San Patricio al restaurante Delmonico's, de la Quinta avenida al Puerto de Hoboken, la autora recorred los escenarios de su décima novela con un grupo de periodistas. «Nueva York es un personaje más de la novela», advierte.
-Sí. No hay vida sin conflicto entre ellos. Son la base de cualquier existencia, que sería muy aburrida sin amor y está plagada de deberes. El honor es un concepto ambiguo: se aplica según los ojos con que se miren y las circunstancias que te rodeen.
-Tan ambiguo, que define a una persona honorable, pero también al mafioso.
-Es paradójico que fuera 'hombre de honor' quien entraba en la mafia siciliana. Ese honor suponía una carga de obediencia y silencio, la famosa 'omertà'. Perdían la libertad individual, pero ganaban un sentimiento de pertenencia y unas reglas que nadie cuestionaba. De la mafia solo se salía muerto.
«Sin periodistas incómodos que cuenten lo que el poder quiere ocultar, estamos perdidos» dice la autora de 'Un hombre de honor'
-Hay una línea muy difusa entre el mafioso y el político corrupto. ¿Se rigen por los mismos códigos?
-Sí. Comparten unos dudosos códigos de honor: lealtad a los míos, silencio y castigo al traidor. A algunos políticos solo les falta pasar por el ritual del mafioso siciliano. Aunque más que a los suyos, el corrupto es leal a sí mismo, a su falta de escrúpulos y al poder que usa en su beneficio, como tantos políticos. Al final, en la mafia y la política hay negocios sucios, ilegales o al límite de la legalidad, y aprovechamiento del poder o del cargo.
Portada de 'Un hombre de honor', décima novela de la autora. (Planeta)-En la mafia y en la política impera un silencio que, dice, nunca es inocente. ¿Todos nos callamos alguna vez?
-Todos. La verdad no siempre es conveniente, y decirla no supone siempre hacer lo correcto. Es relativa. Mi verdad absoluta no será la tuya.
-Nicole Donaldson se hace fuerte desafiando a un sistema dominado por hombres. De nuevo, un personaje femenino más fuerte, valiente e inteligente que muchos varones.
-Como ha sido siempre. Hay mujeres mucho más preparadas que los hombres, y hombres en puestos superiores menos preparados que otros de cargos inferiores. Nicole representa a la generación surgida de 'La mística de la feminidad', de Betty Friedan, que cuestionó el modelo de mujer perfecta: ama de casa, madre y esposa sumisa. En los 50 y 60 las mujeres podían estudiar periodismo y trabajar en las redacciones, pero el destino de Nicole era casarse bien, con quien eligiera su padre, y ser la esposa y madre que la sociedad norteamericana exigía a una mujer blanca de clase media alta.
Sánchez-Garnica en Brooklin. (Javier Ocaña)-¿Son la América y la Nueva York del 68 un espejo de las de hoy, polarizadas y corruptas? Entonces teníamos Vietnam ahora, Irak, Gaza y Ucrania.
-Las circunstancias son muy diferentes, y las protestas de hoy no tienen nada que ver con las de cientos de miles de personas clamando contra la guerra de Vietnam o por los derechos civiles. Pero persisten preguntas como quién ostenta el poder, quién controla la información y qué consecuencias tiene la corrupción. Crece la desconfianza en las instituciones, en Estados Unidos, en Europa y en el mundo, y eso es muy peligroso.
-¿Por abonar el populismo?
-Sí. Un populismo que va a los extremos, como se vio con el asesinato de Robert Kennedy, que habría podido ganar la presidencia. El desconcierto que dejó su muerte en el Partido Demócrata dio a Nixon una clara victoria con la premisa de «ley y orden».
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