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Magia de Morante, ciencia de Luque

Magia de Morante, ciencia de Luque
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El torero de la Puebla firma media docena de muletazos realmente antológicos y el de Gerena, botín de dos orejas y casi tres, despliega su abrumadora suficiencia en dos exhibiciones de gobierno
Magia de Morante, ciencia de Luque

El torero de la Puebla firma media docena de muletazos realmente antológicos y el de Gerena, botín de dos orejas y casi tres, despliega su abrumadora suficiencia en dos exhibiciones de gobierno

Regala esta noticia Añádenos en Google Morante de La Puebla, durante la corrida de la Feria de Bilbao. (Efe)

Barquerito

29/08/2026 a las 22:17h.

Muy pegajoso, el toro que partió plaza se revolvía y metía por debajo al tomar el capote de Morante, que había esperado a verlo venir ... sin verlo claro. Se sumaron un par de golpes de viento y Morante lo dejó ir. No es raro ni habitual que Morante descargue la lidia de toros condenados sin más a pasar por el caballo y sangrar. Esta vez, sí. Antes y después de varas este primer garcigrande hizo casi lo mismo que vino a hacer, pero de otra manera después de banderillas: gatear ligeramente y no parar de hacerlo, Dos puyazos severos casi seguidos y, a tercio cambiado, dos más de propina porque la única querencia clara del toro era el caballo de pica. Le dio mucha capa Fernando del Toro, que lo lidiaba. Bien herido, manaba por los dos lomos un cañoncito de sangre.

Una primera tanda formal por la mano derecha muy despaciosa. Fijo en el engaño, el toro vino andando, la cara arriba. Una segunda de parecida manera, pero segada por un par de golpes de viento. No es que cundiera la impaciencia porque el asiento natural del torero era más que visible y, fuera como fuera el inicio de faena, no faltaba costura. Hasta que casi de repente, al ponerse Morante por la izquierda, empezó a fluir la cosa. Sin ser propiamente gazapón, el toro seguía viniendo al paso, pero ahora se encontró con la muleta dormida y plana en la mano de Morante, que, a compás lentísimo, dibujó cinco naturales rematados en la cadera de absoluto asombro. El rugido de la plaza fue tremendo. Se puso de pie mucha gente. En pleno éxtasis se arrancó la banda, decisión desafortunada, pues no más música que la de la muleta de Morante, que se decidió a redondear por la mano de la magia primero y por la diestra después en una tanda más laboriosa porque ahora el toro, además de reponer, hizo hilo. Echándose fuera, un pinchazo. Y en la suerte contraria, una estocada sin puntilla tal vez desprendida. Sacaron a saludar a Morante hasta casi los medios.

Y ya poco más Morante quedó por ver. El cuarto de corrida, las manos por delante, frenado, cabezazos, solo dejó a Morante dibujar dos hermosos lances de brega. ¡Hasta eso! Antes de flojear y afligirse tras apenas una docena de muletazo, el toro consintió un singular cambio de mano por delante y el apunte de un intento en vano con la izquierda. La cara entre las manos, se rindió el toro. Pinchazo y media.

En Daniel Luque cayó el peso de la corrida, que trajo dos toros de buena condición, Un sobresaliente sexto de sorteo, pero tercero bis, que se le fue a Borja Jiménez en una porfía sin fe ni rumbo. Y un noble quinto que se empleó en el caballo más que ninguno, persiguió de bravo en banderillas y, aunque venido a menos, resistió hasta el último aliento. A su ciencia casi natural para saber tratarse con el toro que sea, Daniel, encajado y suelto, añadió ahora una sobredosis de suficiencia. Con una suavidad muy llamativa se trajo al toro por las dos manos, en ovillos rehilados que Daniel concluyó y remató a placer y a su antojo. Sin ligar el natural con el de pecho sino intercalando un molinete entre uno y otro. Es moda. Una estocada trasera. Se pidió una segunda oreja. Del mansito primero de lotea aquerenciado en tablas dispuso como si fuera un toro de juguete en un tentadero. A capricho y como le dio la real gana. Tapado y retenido, burlado. Y lo tumbó de estocada hasta el puño. En tarde de autoridad absoluta, ni un paso en falso, Daniel se erigió en protagonista. Borja trató de acoplarse sin fortuna con el sobrero, que pegó derrotes y no se vendió fácil.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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