Alma Ramírez, experta en tecnología de Yes We Tech, explica cómo funciona el texto predictivo que incorporan el buscador o el teclado del móvil: «No lee tu mente, lee tus costumbres»
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24/09/2026 a las 20:00h.A todos nos ha pasado alguna vez. Abrimos el navegador del teléfono móvil, comenzamos a teclear «Dónde comer los mejores...» y, antes de que nos ... dé tiempo a completar la frase, la pantalla nos propone «espetos en Málaga» o «hamburguesas en Benalmádena». Y, más de una vez, acierta. La sensación de estar ante un acto de telepatía digital es tan común como errónea. Detrás de esta aparente adivinación no hay cámaras secretas, espionaje esotérico ni facultades videntes, sino una disciplina tan matemática como la inteligencia artificial aplicada al análisis de patrones de conducta.
Ese procesamiento a gran escala se traduce técnicamente en el aprendizaje automático ('machine learning'). La inteligencia artificial que alimenta tanto al buscador de Google como a los teclados de los smartphones actuales opera basándose en dos fuentes principales de información: la inteligencia colectiva y la memoria individual. Por un lado, se nutre de lo que buscan millones de usuarios de forma simultánea en todo el mundo; por otro, memoriza de manera sistemática los hábitos particulares de cada persona.
«Son máquinas que aprenden patrones», subraya Ramírez. Si un usuario tiene por costumbre acompañar la risa escrita de un «jajaja» con el emoticono de la cara llorando de risa, el sistema toma nota de esa secuencia recurrente. La próxima vez que detecte el primer término, ofrecerá el emoji en bandeja de plata de forma automática. «No leen tu mente, leen tus costumbres», sintetiza la experta, despojando de cualquier aura mística al funcionamiento del software que llevamos en el bolsillo.
«Beso abrasivo» en vez de «beso y abrazo»
Sin embargo, esta capacidad de observación no está exenta de pequeños tropiezos o exceso de celo por parte del algoritmo. Ramírez advierte sobre los peligros del exceso de confianza en la automatización a la hora de redactar mensajes cotidianos. Al ser herramientas diseñadas para predecir la probabilidad estadística de la siguiente palabra, a veces el corrector se precipita, cambia el término deseado por otro completamente ajeno al contexto y genera situaciones cómicas. El resultado puede derivar en un desliz indeseado, como terminar enviando un «beso abrasivo» cuando la intención original no era otra que mandar un afectuoso «beso y abrazo».
En definitiva, la próxima vez que el smartphone te complete una frase antes de terminar de pensarla, no hay que asustarse. La tecnología simplemente está haciendo su trabajo: observar, aprender y simplificar procesos cotidianos a partir de la rutina.
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