Soldados malienses permanecen de pie durante una patrulla tras el ataque a la principal base militar de Malí , Kati, en las afueras de la capital, Bamako, en Kati, Malí.
África Mali pierde el norte: la caída de Kidal ante los rebeldes Tuareg desestabiliza el Sahel y amenaza a la Junta MilitarLos rebeldes de Azawad, cuyos vínculos con Ucrania han sido reconocidos, han hecho pública su asociación con la filial de Al Qaeda en el Sahel.
Más información:El ministro de Defensa de Mali, Sadio Camara, muere en un ataque vinculado a Al Qaeda cerca de la capital, Bamako
Alfonso Masoliver Publicada 27 abril 2026 02:30h Las clavesLas claves Generado con IA
Mali retumbó el pasado sábado, a primera hora de la mañana. Como un canto adulterado de los pájaros.
El motivo de esta subversión radica en un ataque coordinado entre el Frente de Liberación de Azawad (FLA) y la filial de Al Qaeda, el JNIM.
Esta ofensiva golpeó simultáneamente las ciudades de Kidal, Gao, Mopti, Sevaré y Kati, además de otros objetivos menores.
El grupo de mercenarios rusos Wagner se retira de Mali tras tres años y medio combatiendo a los rebeldes islamistasKidal vuelve a manos rebeldes
Algunos analistas señalan que el país africano no vivía un golpe tan brutal desde la revuelta tuareg de 2012.
Los rebeldes de Azawad centraron el grueso de sus esfuerzos en la ciudad de Kidal, la capital del Estado cuya independencia reclaman a Mali, y Gao.
Los terroristas islámicos fueron los encargados de golpear Mopti, Gao, Sevaré y Kati. Al mismo tiempo. En perfecta coordinación.
Las primeras informaciones que se recibieron sobre Kidal eran desastrosas para la junta militar que gobierna el país.
En pocas horas, los rebeldes consiguieron acceder al palacio del gobernador de la región y grabaron varios vídeos en su interior.
Una vez allí, se disfrazaron con los uniformes de gala para humillar, todavía más, a los enemigos derrotados.
Kidal, la ciudad que una coalición ruso-maliense conquistó en noviembre de 2023 tras once años de dominio rebelde, se convirtió en el gran baluarte de las victorias de Assimi Goita y sus aliados.
Sin embargo, Kidal, el símbolo, acabó cambiando de manos en pocas horas y sin apenas resistencia.
Apenas restó un reducto de resistencia en la antigua base de la MINUSMA (la misión de Naciones Unidas entre 2013 y 2023), ocupada por miembros de la fuerza rusa de Africa Corps, un puñado de militares malienses y un número indeterminado de milicianos tuareg fieles al gobierno de Bamako.
Fue el único foco de resistencia desesperada; tras negociar ambas partes una posible salida de las fuerzas rusas, las conversaciones se estancaron, y los combates se reanudaron en las primeras horas del domingo.
Un comunicado publicado el 26 de abril por el FLA confirmaba estas informaciones: “El FLA informa a la opinión pública nacional e internacional que sus fuerzas han tomado el control total de la ciudad de Kidal. […].
Solo persiste un pequeño foco de resistencia residual compuesto por mercenarios rusos del Africa Corps […]”.
Las fuerzas acorraladas en la antigua base de la MINUSMA estaban perdidas. Su resistencia era, como indicaron los propios rebeldes, marginal.
La ayuda que podría acudir desde Gao habría tardado días en llegar, acosada por los rebeldes y los terroristas.
Por esto, pocas horas después de las primeras conversaciones, tras otro breve tiroteo, el resultado final fue el esperado: los rusos se rindieron y se les permitió salir de Kidal bajo la supervisión del FLA.
Aunque no es la primera derrota de Africa Corps en el Sahel tras la emboscada de Tinzaouaten en 2024, esta representa su primera rendición formal en una capital regional.
Los efectivos terminaron escoltados por los mismos tuaregs a los que han combatido durante dos años, dejando a Moscú la postal que le faltaba en su aventura africana.
En el comunicado mencionado previamente, los rebeldes reconocieron además su colaboración con el JNIM y se declararon “abiertos a toda convergencia de estrategias con los actores que compartan el objetivo de un cambio político que ponga fin a la gobernanza actual”, en referencia a la junta militar aposentada en Bamako.
Este es otro punto clave. La asociación contra la junta militar entre dos actores protagonistas en el panorama maliense.
Primer balance de los ataques del sábado: Kidal ha vuelto a manos de los rebeldes y las fuerzas gubernamentales han perdido un bastión clave en términos simbólicos y estratégicos para sus operaciones en el norte del país.
El centro del país se desestabiliza
Bajando el mapa. Gao, Mopti, Sevaré. Tres ciudades asediadas por esta nueva coalición que ya se reconoce abiertamente.
Conviene reformularlo: los rebeldes de Azawad, cuyos vínculos con Ucrania han sido plenamente probados en repetidas ocasiones, incluso reconocidos por los propios implicados, han hecho pública su asociación con la filial de Al Qaeda en el Sahel. No es baladí.
Al ser interrogado el activista de Azawad, Baye Ag Mahmoud, sobre la imagen que esto proyecta a la comunidad internacional, su respuesta a EL ESPAÑOL fue contundente:
“¿Acaso existe ya la comunidad internacional? Cuando Wagner y las FAMa (Fuerzas Armadas de Mali) asesinaban a nuestras mujeres y a nuestros niños, ¿dónde estaba la comunidad internacional?”.
Gao, Mopti, Sevaré. El JNIM también lanzó su propio comunicado, que también hablaba de la “participación directa de nuestros hermanos del FLA”, anunciando su versión de la victoria, aunque la evidencia apunta que las tres localidades siguen bajo el control de las fuerzas gubernamentales.
Los terroristas ya se han retirado, al menos, de la ciudad de Gao.
Pero esto no trata solo de las ciudades. Trata de las carreteras. Múltiples puestos de control, convoyes militares y posiciones de menor categoría fueron igualmente golpeados a lo largo de la jornada, dificultando las operaciones de apoyo y el transporte de tropas. No se trata de tomar Gao o no.
Trata de provocar el caos, desviar recursos, romper líneas logísticas, atacar sus nodos, aterrorizar, desestabilizar. Alimentar su propaganda. Y este detalle es muy importante a la hora de leer los ataques.
Que la guarnición de Gao y su apoyo aéreo se vieran obligados a centrarse en su propia supervivencia facilitó la toma de Kidal; que la que podría considerarse como la carretera más importante de Mali, la RN6, sea objeto de ataques, casi imposible de transitar, permite aislar a los militares y asfixiarlos lentamente.
No hoy. Puede que ni siquiera esta semana. Pero la amenaza se extiende.
Tampoco es la primera asfixia. Desde el 3 de septiembre de 2025, el JNIM mantiene un bloqueo de combustible contra Bamako, atacando los convoyes de cisternas que entran desde Senegal y Costa de Marfil, las arterias que abastecen a un país sin litoral.
Más de trescientos camiones cisterna han sido destruidos en estos meses, según los seguimientos de Bellingcat y ACLED. Y el precio del combustible llegó a multiplicarse por cinco. Colas kilométricas, apagones recurrentes, escuelas cerradas.
Es la misma lógica que la del sábado: no trata de conquistar, sino de asfixiar. La ofensiva del 25 de abril cae sobre un país que ya estaba ahogándose.
La capital tiembla
Hacia el sur. Hacia Bamako. Colindante con la capital maliense se encuentra la villa de Kati, que es el bastión de la junta militar que gobierna el país. Situada en una colina, a efectos prácticos forma parte de la capital.
Este era el tercer objetivo de los atacantes, después de Kidal y de desestabilizar el centro del país.
Su meta, evidentemente, no era la conquista (yerran quienes confunden la realidad del JNIM con el HTS en Siria: aquí no hay proyecto de estado, hay una estrategia de desgaste), sino eliminar dos nombres propios: Assimi Goita, presidente del país; y Sadio Camara, ministro de Defensa y figura fundamental en el país.
Si el presidente pudo escapar del ataque (fuentes no confirmadas hablan de que se le extrajo de su residencia para ser llevado a un lugar seguro), un vehículo cargado de explosivos impactó contra la residencia de Cámara, y su muerte fue finalmente confirmada el mediodía del domingo.
El asesinato de Sadio Camara, coronel del ejército y figura fundamental en el gobierno maliense desde sus inicios en 2020, supone un duro golpe para las autoridades de Bamako.
Assimi Goita, aunque vivo, atrincherado en su residencia, ha quedado amputado de uno de sus mejores miembros.
Sus seguidores, que veían en el coronel un símbolo nacional andante, sienten la estocada en el corazón, pero lo hacen con firmeza. En palabras de Khalifa S., residente de Bamako: “Su muerte le convierte en mártir”. Este maliense no considera que sea algo de lo que deban avergonzarse.
El presidente Goita no ha comparecido todavía. El gobierno se ha limitado a emitir un comunicado donde reducen las consecuencias del ataque a dieciséis heridos y aseguran que la situación se encuentra bajo control.
Además, el ministro de Administración Territorial, el General de Brigada Issa Ousmane Coulibaly, hizo el sábado por la noche una aparición en la televisión pública donde elogiaba la actuación de las fuerzas armadas y su patriotismo.
Poca cosa. Nada que resuelva las incógnitas.
La retirada de los terroristas tras el ataque de Kati (aunque se reportaron en la mañana del domingo tiroteos esporádicos, supuestamente vinculados con bolsas de combatientes del JNIM en retirada), que Ag Mahmoud asegura que forma parte de la estrategia prevista, se comunica desde el gobierno como una “victoria” difícil de creer.
Porque la realidad es que los ataques ocurridos este sábado escenifican el desastre maliense. El JNIM y el FLA son ahora aliados a cara descubierta, tras meses de colaboraciones encubiertas y respuestas evasivas. Kidal ha caído.
El corazón del poder ha sido golpeado. Los aliados rusos no han dado la talla. Quienes apoyan a la junta militar difundieron ayer vídeos de la población de Kati persiguiendo a los periodistas, alabando nuevamente su patriotismo.
Se niegan a reconocer que la participación de los civiles en los enfrentamientos que debían protagonizar los militares no es sino otra imagen del desastre.
Todas las fuentes militares de este periodista en Mali se niegan a reconocer ni verificar nada, por primera vez en años, marcando un silencio incómodo.
Repiten como un mantra su fidelidad a Assimi Goita, juran que llegará la victoria, cierran filas en torno a su líder y esperan, pero esperan con la tensión de quien reconoce que lo sucedido este sábado es el comienzo de una nueva etapa en las hostilidades. No son una fuente fiable.
Las voces del lado contrario, entre los rebeldes, denuncian los abusos del gobierno y critican duramente su colaboración con Moscú. Las últimas victorias les conceden la oportunidad de moldear el discurso a su favor.
No son una fuente fiable. Numerosos analistas franceses, que aplauden de una manera retorcida la victoria de los terroristas, tampoco son una fuente fiable.
Las mentiras son el arma preferida de la guerra y todos las utilizan para ganarse adeptos a sus propias causas, contaminadas por el odio irracional de la pólvora.
Kidal ha caído. Conviene repetirlo una vez más. El centro del país ha entrado en una nueva etapa de desestabilización.
Kati es vulnerable, tanto que decenas de motocicletas y hombres armados lograron sortear durante meses los controles de carretera que sirven de muralla.
La inteligencia rusa, turca y maliense ha cometido graves errores. Assimi Goita calla, cierra los labios con una obstinación militar que confunde la firmeza con la incertidumbre.
Y los rebeldes, con la barbilla erguida, reconocen abiertamente su asociación con el JNIM, enfocados en un único enemigo que tropieza, se sacude el polvo y finge que la sangre que le empapa no es ningún problema.