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Gimnasio municipal de Aldaia. LPJueves, 5 de marzo 2026, 00:17
... un doce y los clientes compran menos cerveza. En la misma manzana, han empezado las obras del enésimo gimnasio de la ciudad: por 19.99 euros te apuntas sin permanencia, faltan meses para su inauguración y ya hay cola. Lo que sucede en mi barrio sucede en cualquier barrio de España: culto al cuerpo y rechazo al azúcar y al alcohol. El botellón, rito supremo de la socialización, ha sido derrotado por la sala de pesas. Como me comentaba la otra tarde el dueño de un gimnasio: «Quién me iba a decir que acabaría viviendo de las mancuernas».El cuerpo perfecto, anhelo supremo. En las reuniones familiares, las estrellas son las nueras cachas y los consuegros macizos. Se habla de un coreano que masajea thai y de una argentina que imparte pranayama, se intercambian opiniones sobre nails bar e institutos de belleza y resuenan conceptos que espantan a los bisabuelos: spa, wellness, power, extreme, grind & glow, energy… Nos hicimos hombres bebiendo Soberano y envejecemos bebiendo fit, mix y smoothies de melocotón y yogur.
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