María José, profesora de Educación Física en un instituto del distrito madrileño de Villaverde, fue agredida por un alumno de 13 años el pasado 5 de noviembre. El chico la intimidó, la empujó, le dio una patada y la embistió hasta que cayó al suelo. Por poco no rodó escaleras abajo.
Mañana se incorpora a su puesto de trabajo después de casi cinco meses de baja durante los que ha necesitado atención psicológica y asistencia médica. «Es el día a día de los profesores, no es un caso aislado, sucede con más frecuencia de lo que la gente piensa», lamenta esta interina con experiencia docente de 16 años y cinco cursos dando clase en el mismo centro educativo.
Su testimonio ilustra la encuesta publicada ayer por el sindicato CSIF que sostiene que más de la mitad de los profesores dice haber sufrido o haber sido testigo de agresiones y trato vejatorio por parte de sus alumnos o de sus familias. Casi el 100% de los 1.547 entrevistados en las 17 comunidades autónomas considera que faltan protocolos eficaces ante conflictos, problemas de convivencia o situaciones complejas, lo que genera «inseguridad» y «sensación de desprotección» en el personal de las escuelas.
El instituto en el que ocurrieron los hechos es un centro catalogado como «de difícil desempeño», ubicado en una zona de nivel socioeconómico bajo y con alumnos de entornos familiares complicados. «Estamos vendidos, abandonados de la mano de Dios, y como profesores no podemos hacer más. Hacemos de docentes, pero también somos psicólogos, somos médicos, somos policías, somos de todo... Aquí necesitamos un guardia de seguridad», reclama María José.
María José, de espaldas, en un parque de Madrid.ÁNGEL NAVARRETELas cámaras del instituto recogieron la agresión a la profesora, ocurrida cuando ésta se encontraba haciendo guardia en el pasillo y afeó a un grupo de alumnos -dos chicos y dos chicas- que no estuvieran en clase.
«Les dije que volvieran al aula, que no podían estar ahí. Uno de los dos chicos se molestó mucho y me dijo algo así como que yo no podía decirles nada. Al insistirle, me amenazó señalándome con el dedo. Le dije que quitara la mano y eso le enfureció aún más. Se me acercó tanto que se encontraba a dos centímetros de mi cara, en posición intimidante. Yo me vi acorralada y noté empujones y una patada muy fuerte en la pierna izquierda», relata.
Recuerda que se bloqueó, que no supo reaccionar, que iba reculando hacia atrás hasta que se encontró con las escaleras y casi perdió el equilibrio. «Al ver que me caía toqué al alumno y él empezó a decir que yo le había pegado. Vino otra profesora y dijo que había que llamar a la policía. 'Sí, voy a ir a la policía', añadí yo. Entonces me di la vuelta y de repente noté un empujón impresionante por la espalda que me levantó. Sentí que volaba y que caía al suelo. Me embistió con toda su fuerza y con la intención de hacer daño, a traición, pues yo estaba de espaldas».
La peor pesadilla
Como consecuencia de la agresión, María José tuvo traumatismo en cuello y espalda, así como hematomas en la pierna, y se vio obligada a recibir 20 sesiones de fisioterapia. Además, sufre estrés postraumático y con frecuencia tiene pesadillas en las que regresa al instituto y vuelve a ser agredida.
Lo que más le dolió, sin embargo, fue cuando, al rato de que ocurrieran los hechos, se presentaron los padres del alumno, de etnia gitana, acompañados de otros padres y familiares preguntando «por la profesora que había agredido al niño». «Los padres reclamaron y pidieron el visionado de las imágenes de las cámaras. Según la directora, eran espeluznantes. Cuando la directora se las enseñó, los padres no se lo creyeron y dijeron que el vídeo había sido manipulado», denuncia.
«Sentí impotencia, frustración y rabia porque, al final, los profesores somos muy vulnerables y, al tratarse de un alumno de 13 años, no le va a pasar nada, es inimputable. La Ley del Menor tiene que cambiar. Hace unos días, en Villaverde, otro menor fue apuñalado por encapuchados, y uno de ellos tenía 13 años».
Dice que la queja de los padres provocó que se alargara todo el proceso, por lo que al alumno no se le trasladó a otro instituto hasta mediados de enero. «Durante ese tiempo, siguió molestando y recibiendo partes».