'Cumbres borrascosas': Emily Brontë en clave de erotismo pop
CineMargot Robbie y Jacob Elordi calientan 'Cumbres borrascosas': Emily Brontë en clave de erotismo popUna adaptación hija de su tiempo, difícil de digerir para los rigurosos de la novela, pero con la que Emerald Fennell se muestra fiel a sí misma y a su universo hiperestilizado.
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María Cantó Publicada 13 febrero 2026 01:55hEmily Brontë (Reino Unido, 1818-1848) murió convencida de que Cumbres Borrascosas (1847) había sido un fracaso. No le faltaron motivos. La crítica literaria de la época calificó su primera y única novela como perturbadora, repulsiva y moralmente impropia del ideal victoriano.
La hermana mediana de las Brontë sucumbió a una tuberculosis solo un año después de publicarla, bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell.
Nunca pudo saborear el éxito que sí tuvo su hermana Charlotte con Jane Eyre (1847), ni llegar a imaginar que su oscura fábula sobre una relación autodestructiva e imposible sería hoy considerada una de las mayores historias de amor de todos los tiempos y, quizá por eso mismo, uno de los libros más incomprendidos de la literatura británica.
Algo de culpa de la romantización de esta descarnada novela la tienen sus cerca de cuarenta adaptaciones cinematográficas, firmadas por directores de la talla de Luis Buñuel o Jacques Rivette, a las que ahora se suma la de la cineasta británica Emerald Fennell.
La película, que se estrena en cines este 13 de febrero, ha disparado las ventas y las reediciones de la obra de Brontë, y es que llega en un momento de revalorización de la novela romántica clásica, y en plena fiebre por el universo de Jane Austen, alimentado por series como Los Bridgerton.
Si bien Brontë pertenece a una generación posterior a la de la autora de Orgullo y prejuicio, comparte con ella tanto la temática de sus obras, con amores atravesados por la clase social y protagonistas femeninas fuertes, como una estética muy reconocible, ambientada en la Inglaterra rural. Aunque en Cumbres borrascosas ese paisaje se torna mucho más áspero y turbulento que el de las novelas de Austen.
La espesa niebla de los páramos de Yorkshire es uno de los elementos comunes de las dispares adaptaciones cinematográficas de la obra.
Desde la primera y más épica, dirigida en 1939 por William Wyler y protagonizada por Laurence Olivier y Merle Oberon, hasta la última y más tórrida, con Margot Robbie y Jacob Elordi encarnando a Catherine Earnshaw y al antihéroe Heathcliff.
La climatología también está muy presente en la película dirigida por Peter Kosminsky en 1992 con unos intensísimos Ralph Fiennes y Juliette Binoche, con un estilo gótico similar al del Drácula de Francis Ford Coppola, estrenada el mismo año.
Pero adquiere su dimensión más cruda en la adaptación de otra cineasta británica, Andrea Arnold, quien firmó en 2011 una de las versiones más fieles a la historia de Brontë.
Con su habitual naturalismo, la directora deBird(2024) y American Honey (2014) transmite la brutalidad de ese lugar enfangado y recóndito, donde el amor y el odio germinan por igual. Heathcliff es un joven mendigo adoptado por el patriarca de la familia Earnshaw, que lo convierte en su protegido.
Su hermanastro, Hindley, cegado por la envidia, abusa de él y lo condena a ser su esclavo tras la muerte de su padre. Heathcliff solo encuentra afecto en la criada Nelly, una de las narradoras de la novela, y en su hermanastra Cathy, una muchacha ensimismada y deseosa de vivir entre algodones.
Con esta última brota un amor pueril e inalcanzable que se verá truncado por las aspiraciones de Cathy de ser “la dama más distinguida del país”. Su deseo de huir de la pobreza la alejan del humilde Heathcliff.
“Me rebajaría casarme con él”, afirma la protagonista, que se rinde ante la opulencia de sus vecinos, los Linton, y contrae matrimonio con Edgar, el joven rico de la familia.
Jacob Elordi y Margot Robbie en 'Cumbres borrascosas'.
Esta decisión saca a relucir el carácter vengativo y cruel de Heathcliff, que se deja llevar por un torrente de odio y venganza que acaba por destrozarles a todos.
En la obra de Brontë, Heathcliff es descrito como un “gitano de piel oscura” con “ojos negros como si viniera del diablo”. En la pantalla, solo Andrea Arnold, que eligió a dos actores racializados para interpretar al protagonista en las diferentes etapas de su vida, respetó su origen mestizo.
Una decisión muy relevante para entender la totalidad de la novela, ya que Cumbres borrascosas no es una historia de amor convencional, sino una sobre la desigualdad entre clases sociales, el racismo y el trauma generacional enquistado.
De hecho, la interpretación de Heathcliff por un actor blanco es una de las principales controversias en torno a la película de Emerald Fennell.
La directora de Una joven prometedora (2020) se curó en salud al introducir unas comillas en el título homónimo de su nueva película. La suya, ha alegado en numerosas entrevistas, no pretende ser una adaptación literal: “No puedes adaptar un libro tan denso y complicado”.
De ahí que Fennell haya rebuscado en sus recuerdos para crear una nueva versión de la obra, más fiel a la impresión que le dejó la novela cuando era adolescente.
Es bien sabido que los recuerdos rara vez se ciñen a la realidad: tienden a aferrarse a cosas que nunca ocurrieron o que se desearía que hubieran ocurrido. No es casual entonces el erotismo con el que Fennell, quien ya escandalizó con Saltburn (2023), a medio camino entre lo pornográfico y lo escatológico, ha querido contar la historia entre Cathy y Heathcliff.
Otras de las licencias que se toma la cineasta británica es que, en el filme, el personaje del malvado Hindley no existe, es el señor Earnshaw quien atormenta a Heathcliff y a Cathy, con su alcoholismo y su adicción al juego.
Mientras que personajes como el de Isabella Linton (Alison Oliver), a quien Heathcliff conquista para atormentar a la verdadera amada, adquiere mayor protagonismo al dejarse arrastrar por las prácticas sexuales más retorcidas de su amante.
Por su parte, Nelly, la criada dócil, es aquí una dama de compañía vengativa, desencadenante de todo el conflicto y el eterno malentendido entre los dos protagonistas.
Interpretada por Hong Chau, es ella quien reflejará mejor que Heathcliff —cuya maldad en esta adaptación es algo descafeinada—ese deseo de venganza, por haber sido vapuleada por la caprichosa Cathy.
Esta última acabará atrapada en una ansiada casa de muñecas que acaba siendo su cárcel, como cantan en la banda sonora Charli XCX y John Cale (excelente dúo).
Un romance gótico difícil de digerir para los más beatos y los rigurosos estudiosos de las hermanas Brontë, quienes rechazaron el proyecto desde el estreno de su tráiler y es probable que rechacen el resultado final.
Jane Austen, sexo y 'drags' en la brillante y disruptiva primera novela de Rocío CollinsAunque, sorprendentemente, Fennell se muestra más contenida que en su anterior filme, la mencionada Saltburn, por mucho que veamos a los personajes de Brontë aficionados al BDSMy que arranque con el sonido de los gemidos de un hombre.
Pronto se descubre que no son de placer, sino de dolor: está siendo ahorcado en la plaza pública, ante una multitud que asiste a la ejecución como una lección moral, donde predicadores y autoridades señalan al condenado como pecador y advierten al público para que no siga su ejemplo.
Pero, al mismo tiempo, hay algo de celebración morbosa en ese espectáculo, una energía oscura que la joven Cathy absorbe casi sin darse cuenta y que funciona como despertar de sus deseos más ocultos. Fennell despliega así la idea que también recorría sus trabajos anteriores: el deseo, la perversión, el pecado y la venganza.
La directora quería que el público se enamorase de estos dos personajes moralmente reprochables a toda costa y la elección del elenco es prueba de ello: una Margot Robbie a la altura, que explota su aura de belleza intocable (y ejerce de productora del filme) y un Jacob Elordi especialista en encarnar hombres tan seductores como mezquinos —como en la propia Saltburn o en la serie Euphoria—.
Jacob Elordi en 'Cumbres borrascosas'.
Entre ambos se desarrolla la misma relación adolescente de pasión y dependencia que vimos entre Edward y Bella, en la saga Crepúsculo (2006), como si Fennell hubiese escrito un fanfiction para satisfacer a su yo adolescente.
Como era de esperar, la cineasta británica, que también firma el guion, ha sacrificado la sobriedad y la complejidad de Emily Brontë para ser fiel a sí misma y a su universo hiperestilizado: a medio camino entre el fetichismo de Tim Burton, el exceso de Baz Luhrmann,y los descaros históricos de la María Antonieta (2006) de Sofía Coppola.
El vestuario de Jacqueline Durran (ganadora del Oscar por Mujercitas), con tejidos brillantes y casi plásticos, convierte a Margot Robbie, esta vez, en una Barbie victoriana.
'Barbie' supera las altísimas expectativas: entre el mito de Pinocho y el 'mundo feliz' de HuxleyMientras que la dirección de arte de Suzie Davies vuelve tanto la casa de los Linton como la de los Earnshaw espacios abiertamente oníricos, donde incluso un dormitorio recubierto con los colores de la piel de la protagonista funciona como extensión de su encierro y de su deseo deformado.
Para disfrutarla, se debe ver como una adaptación de Cumbres borrascosas hija de su tiempo, cuyo engalanado envoltorio visual, a veces placentero y otras desmesurado, sirve principalmente para reforzar la fantasía pop de Fennell.
La cineasta británica insiste en el romanticismo exacerbado de la historia –"Quiero que la gente llore tan fuerte que vomite", ha dicho– y propone una revisitación pop y aterciopelada del clásico de la que, como canta Charli XCX, es fácil enamorarse una y otra y otra vez.