El bloc del cartero
Mascotas Regala esta noticia Añádenos en Google 03/07/2026 a las 11:31h.Quien ha tenido alguna vez una mascota conoce bien la ternura que la relación con un ser vivo no humano puede producir, y entiende que ... ese afecto se desborde y se asemeje al que sentimos por las personas. Al final, hay una solidaridad entre los seres vivos, una comunión en el aliento que a todos nos mueve y que, salvo que uno haya perdido toda sensibilidad, resulta natural experimentar. Sin embargo, en nuestros días, convive esa tendencia espontánea y comprensible con otra que no lo es tanto: el cultivo de la aversión, el menosprecio o la indiferencia hacia seres con los que compartimos especie –y, por tanto, la más profunda de las conexiones: las religiones la llaman 'hermandad'– y de los que nos desasimos sin un pestañeo. Si la era de las mascotas es la de la fobia al prójimo, oscuro porvenir nos aguarda.
Oportunidades
Si no sintiese lástima, ¿estaría muerta? Hay un chico con mochila sentado en la esquina en la que todos esperan cada mañana. Él sigue ahí cuando marchamos. No tiene papeles. Y yo me digo: «¡Pero si hay trabajo, más trabajo que ganas!». Necesitamos gente y sus bolsillos, dinero. Hace un par de días coincidimos en el bar y, con el euro que apenas tendrá, me quiso invitar al café. Quizás ese sorbo pudiese abrir las puertas a un sábado, pensaría. Los fines de semana las inspecciones cesan o desaparecen. Me embiste la piedad y después pienso que setenta y un euros con doce, sin Seguridad Social, me podrían costar seis mil. Y ahí dejo de cavilar. Acecha mi mente Las uvas de la ira, que acabo de leer; repaso la situación y tengo la certeza de que todos, en nuestro sano juicio, necesitamos comer, y de que la mayoría lo haríamos a cualquier precio, de uno u otro modo, cueste lo que cueste. | Ana Fernández de Heredia Langarita. Calatorao (Zaragoza)
Vivir con dolor no es vivir
Sabemos que en el mundo existen enfermedades raras. Familias enteras que sufren por sus seres queridos que tan mal lo pasan, y su gran esfuerzo por ayudarlos y poder llevar el día a día lo mejor posible. La investigación de estas dolencias raras es escasa debido a la baja rentabilidad económica para la industria farmacéutica, la falta de conocimientos científicos sobre la patología y la dispersión de los afectados. Me llamo Soraya. Cuando nací, era una niña sana y llena de vida. A los 42 años me detectaron una enfermedad rara: melorreostosis con osteopoiquilia. El mundo se me vino encima. Han pasado ya cinco años y aún no lo asimilo. Día tras día vivo con dolor y mis limitaciones van a más. Todavía no se ha encontrado la cura ni el analgésico que frene el dolor. Me va quitando todo: mi sonrisa, las ganas de levantarme por las mañanas, de salir de casa; mi vida entera. Con la mano en el corazón y mirando al cielo, grito: ¡déjame vivir!a. | Soraya Jiménez Gabarri. Villaviciosa (Asturias)
La última preocupación. ¿Quién cuidará de mí?
Un amigo octogenario hablaba a menudo de su futuro con preocupación. Vivía solo y se preguntaba quién le ayudaría cuando ya no pudiera valerse por sí mismo. Conocía las dificultades del sistema de dependencia: listas de espera, trámites complejos, servicios insuficientes, copagos elevados y una creciente necesidad de cuidados en una sociedad cada vez más envejecida. A veces me parecía que exageraba. Hoy ya no lo creo. Hace poco falleció tras sufrir un segundo infarto. Con su muerte terminaron también sus preocupaciones. Pero, de alguna manera, comenzaron las mías. Ahora soy yo quien piensa en mi futuro y en el de millones de personas que algún día necesitaremos ayuda para seguir viviendo con dignidad. Los cuidados son una necesidad colectiva. Es necesario aumentar la inversión pública, simplificar los trámites administrativos, ampliar la ayuda domiciliaria y los servicios profesionales (mejorando sus condiciones laborales). Invertir en cuidados no es un gasto improductivo: es justicia imprescindible. | Fernando Serrano Echeverria. Eibar
LA CARTA DE LA SEMANA
¿Por qué la he elegido…? Porque a veces se hace necesario que una mirada poco complaciente nos haga recapacitar.
Profesionales del odio
Nuestro sistema político se basa en una competencia atroz por los votos que garanticen el acceso al Gobierno, y eso degenera en la necesidad de crear odio entre los votantes. Es sangrante ver cómo se usan esos estímulos para enfrentarnos en las distintas zonas del país. Para ello nada mejor que fomentar las diferencias desde los medios, la educación y los organismos oficiales. Acentuar las diferencias y así crear la ilusión de un enemigo externo. Nos están incitando a que nos odiemos para ellos ganarse la vida (y oportunidades de corrupción). Lo único que se me ocurre: apoyar a capa y espada la independencia del Poder Judicial, de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y de los medios de comunicación. De su neutralidad depende la verdadera democracia y es lo único que puede, al menos, intentar impedir que nos roben demasiado.
Miguel A. Castro. Madrid
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