Sobran los motivos, por Alberto R. Barbero
Mateu Alemany, con Lookman el pasado domingo.ATLÉTICO DE MADRID- ALBERTO R. BARBERO
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- Atlético de Madrid. El Atlético da la bienvenida a Lookman: firma hasta 2030
Joao Gomes, Ederson, Kang-in Lee, Goretzka, Marcos Leonardo... y, con la cama hecha ya, llegaron Lookman, Rodrigo Mendoza y Vargas.
"¿Atlético de Madrid tiene algún cambio en sus planes, después de este empate, respecto a Top 8?". Un periodista turco hablando castellano, pero llevándose por delante los artículos, tendió involuntariamente a Diego Pablo Simeone la trampa que mejor resume el mercado de invierno rojiblanco: el entrenador entendió que le estaban preguntando por un futbolista llamado Topocho, se supone que posible fichaje, pero en realidad ése, sin existir, tenía las mismas posibilidades que otros tantos, existiendo. Ninguna.
Llegó el día 2, se bajó la persiana y, más allá de incorporaciones de ultimísima hora con las que aparecer en la foto, parece confirmarse lo que hasta ahora pertenecía al reino de la sospecha: además de para reforzar la plantilla rojiblanca, a buenas horas mangas verdes, Mateu Alemany llegó para salir reforzado haciendo el trabajo sucio con el que los demás no se atreven, ése que ya se había sugerido a su antecesor. Al que no le alcanzó, por cierto, de ahí la aparición posterior del ejecutivo balear a modo de señor Lobo: se trata de solucionar lo que hay quien entiende como problema, cuestión distinta es que efectivamente lo sea.
De preparar un Atlético sin El Cholo, en fin. E incluso de adelantarlo en la medida de lo posible, echando al entrenador los pulsos que haga falta. No parece casual, casualidades las justas, que en los últimos días se hayan ido filtrando sucesivamente los nombres de Marcelino o Iraola. Alucinarán Fernando Torres o Filipe Luis, que ésa es otra.
Anunciada la de Javi Galán el 24 de diciembre, antes incluso de que se abriera el mercado, las salidas posteriores de Carlos Martín, Gallagher y Raspadori fueron oficiales respectivamente, aunque se hubieran perfilado antes, el 2, el 14 y el 15 de enero. O sea, el Atlético, que ya arrastraba desde verano una plantilla desequilibrada, por exceso en algunas zonas del campo, por defecto en otras, se ha manejado además con cuatro fichas menos durante más de dos semanas, justo el único mes del curso en el que se iban sucediendo hasta cuatro competiciones. De la Liga a la Supercopa, de la Supercopa a la Copa, de la Copa a la Champions. Así le ha ido.
Con 20 futbolistas bastaban una lesión, la de Griezmann, y una enfermedad, la de Giuliano, para que en partidos como el del Bodo Glimt o el del Levante, separados apenas por 67 horas (conviene recordarlo), y completando los cambios (cuestión distinta es cómo se hicieron), Simeone apenas dejara un jugador de campo, Lenglet en un caso, Giménez en el otro, sin participación alguna. Los demás, al césped. Eso no justifica los resultados, ojo, pero quizás también sirva para explicarlos. La reducción de efectivos a partir de que su "aportación no era muy grande", sólo hubiera faltado que se marcharan los que más aportan, ha afectado en todo caso tanto a la competencia interna en los entrenamientos como, sobre todo, a los minutos que iban acumulando los que se han quedado.
En ese sentido Mateu también ha tirado chinas con la cantera, pero cualquiera que esté atendiendo a la temporada del filial sabe que los buenos resultados pasan más por el funcionamiento colectivo que por el talento individual. El jugador más reclamado ahora, Arnau Ortiz, tiene 24 años ya y llegó procedente de un equipo polaco que había descendido. El jugador del que se tiró en el Ciutat, Jano, ni siquiera es fijo con Torres cuando Rayane no está en la enfermería.
Otro de los mensajes del flamante director de Fútbol Profesional masculino, director deportivo para los amigos, pasaba por traer sólo futbolistas "de nivel", como si colegas suyos que ocupan la misma posición en otros clubes prefirieran reforzarse con auténticos mastuerzos. Todo el mundo quiere lo mejor, más allá de que la economía pueda y deba obligar a que se agudice el ingenio.
Una cosa debe reconocerse: Alemany tiene buena prensa. Literal y metafóricamente. Y en ese sentido han guardado especial interés todas las escaramuzas que se iban sucediendo con El Cholo, porque lo que hoy es batalla mañana será guerra y porque las guerras obligan a posicionarse. Se supone que el entrenador debería contar en ese sentido con el apoyo de la grada, mientras el dirigente es un profesional que pasa por el Atlético ahora como en su día fue pasando por Mallorca, Valencia o Barcelona, pero el rendimiento del equipo equilibra de algún modo esa parcela: por desagradecido que suene 14 años después, son bastantes los que apuestan por una cara nueva antes que por otra desgastada a fuerza de haberla dado.
Han comenzado los juegos del hambre, en fin, y da todita la impresión de que, con los de arriba contemplando impávidos, posiblemente acariciando un gato, sólo podrá quedar uno. ¿El que no lo quiere? ¿Al que no se quiere? El tiempo dirá quién gana, pero ya se sabe quién pierde.
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