El actor interpreta a un cura que se enamora de la pareja de su primo en 'Ella, maldita alma', que es la nueva apuesta de Telecinco para las noches veraniegas de los jueves
Regala esta noticia Añádenos en GooglePedro Pérez Bozal
20/06/2026 a las 14:01h.El pasado jueves Telecinco estrenó 'Ella, maldita alma', una de sus principales apuestas de ficción para este verano. La serie, protagonizada por Maxi Iglesias, Martiño ... Rivas y Karina Kolokolchykova, no destacó, con 669.000 espectadores y un 9,2% de cuota de pantalla en su primer episodio, culminando así una espera de cerca de año y medio desde el final de su rodaje.
La serie supone además el reencuentro del actor con Plano a Plano, la productora de César Benítez con la que ya había trabajado en títulos como 'Desaparecidos' o 'Toy Boy'. Sin embargo, cuando recibió la propuesta no estaba precisamente buscando un personaje como el que acabaría interpretando.
«A inicios de 2024 estaba trabajando con esta productora cuando me hablaron de una petición concreta de la cadena. Yo estaba buscando otro tipo de proyectos y apareció el personaje del cura», recuerda. Aquella propuesta terminó convirtiéndose en uno de los retos más particulares de su carrera.
Fermín, el personaje al que da vida, es un sacerdote muy querido en un pequeño pueblo de la costa gaditana cuya rutina se tambalea con la llegada de su primo Isaac y de Ana, la mujer de este. La historia, basada en un relato de Manuel Rivas adaptado para televisión por Aurora Guerra, mezcla romance, religión, conflictos familiares y tensiones sociales.
Lo que más inquietaba a Iglesias antes del rodaje era precisamente interpretar a un sacerdote. «Tenía miedo dando vida a un personaje como un cura porque todo el mundo tiene una idea de cómo es un cura. La religión está muy presente en la sociedad», explica.
Para construir el personaje se documentó durante meses. Visitó iglesias, observó ceremonias religiosas y trató de captar pequeños detalles de comportamiento que le ayudaran a acercarse a la realidad de los sacerdotes. «Fui a varias iglesias de Salamanca y Zamora, intenté fijarme en cómo hablan, cómo mueven las manos. También veía curas sudamericanos en Youtube», cuenta.
Entre sus referencias aparece inevitablemente el sacerdote interpretado por Andrew Scott en 'Fleabag', convertido en un fenómeno cultural y apodado por muchos espectadores como el «Hot Priest». Sin embargo, Iglesias insiste en que Fermín se mueve en coordenadas muy diferentes.
«Tuve como referencia al cura de 'Fleabag', pero este cura no quería ir por ahí. No estaba encantado de conocerse a sí mismo, sino preocupado por los demás», señala.
La comparación resulta inevitable porque la propia serie juega con la imagen física del personaje. Fermín es conocido en el pueblo como el «cura guapo», una etiqueta que acaba convirtiéndose en una fuente constante de sospechas y comentarios.
«En la vida el físico me ha dado mucho, pero también me ha quitado cosas», reconoce el actor. «En este caso juega a la contra porque en la serie hablan del 'cura guapo'. La sociedad mira con sospecha y él, que nunca ha roto un plato, intenta resistirse por activa y por pasiva. Me gusta porque es un personaje con muchos conflictos. Mucha gente a la que ha ayudado se le pone en contra».
Aunque la historia original estaba ambientada en los años cuarenta, la adaptación traslada la acción a la actualidad e incorpora cuestiones como la corrupción política, la inmigración, la vivienda o los conflictos de identidad. Sin embargo, para el actor el fondo de la historia sigue siendo sorprendentemente contemporáneo. «La sociedad sigue juzgando igual que en los años 40», afirma.
La batalla de las audiencias
La conversación deriva inevitablemente hacia la televisión lineal y las audiencias, que es una realidad que ha cambiado mucho desde sus primeros años como actor. Iglesias recuerda una época en la que los datos de audiencia formaban parte de la rutina diaria de cualquier rodaje.
«Con 20 años sí las mirábamos todos. Llegábamos al set y veíamos Vertele y todo lo demás. Ahora ya no porque no es mi trabajo», explica. Iglesias tampoco perdía de vista el contexto actual del consumo televisivo antes del estreno. «Estrenando una serie a las once de la noche no sé qué cifra podemos hacer. Yo cuando me ofrecieron la serie no pensaba en la audiencia que haríamos, sino que podría tener escenas con sotana que enseñar a los productores, que no creo que estén a esas horas viendo la televisión», comenta.
Más allá de la audiencia, el actor se queda con la experiencia de haber interpretado un personaje completamente distinto a él. Un hombre obligado a conciliar sus sentimientos con unas convicciones que han marcado toda su vida y cuya historia gira alrededor de uno de los grandes conflictos clásicos de la ficción: la tensión entre el deseo y el deber.
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