El estadounidense puso la guinda a una carrera en la que su selección bordó la estrategia; Matthews y Van der Poel completaron el podio
Regala esta noticia Añádenos en Google McNulty, con el maillot arcoíris y la medalla de oro de campeón del mundo. (AFP)Sergio Quintana
27/09/2026 a las 23:08h.Ante la ausencia de Tadej Pogacar, la corona del ciclismo buscaba un nuevo rey tres años después. Solo la caída del esloveno en la Vuelta ... a España le había privado de pelear por el maillot arcoíris por tercera vez consecutiva. Un logro que solo había conseguido Peter Sagan en toda la historia. Esta ausencia abrió mucho más la carrera en un tipo de recorrido que le venía bien tanto a los grandes clasicómanos –Van Aert o Van der Poel– como a los buenos escaladores –Seixas, Isaac del Toro, Roglic–. Todos querían pescar su premio en un río que no tardó en alborotarse una vez la carrera entró en las abarrotadas calles de Montreal.
Antes que hacer la carrera de otros, impusieron la suya. Van der Poel se movió a falta de 100 kilómetros para meta y allí salió su inseparable rival Van Aert. Como llevan haciendo desde que tienen edad junior, quisieron romper el Mundial desde lejos y, tras varios intentos, formaron un grupo con Roglic, Onley, Simmons y Charming que hizo hueco. El plan les salió a la perfección. Por detrás, Francia estaba desarbolada mientras Van der Poel pedaleaba encendido en busca de consolidar su ataque.
El caos había comenzado y en el grupo de favoritos nadie quería tirar. Selecciones importantes como Bélgica, Reino Unido y Países Bajos tenían representación así que toda la presión recayó sobre los franceses. Pero la selección que Van der Poel había realizado kilómetros atrás no le fue suficiente. Volvió a romper la carrera y esta vez solo Onley y Simons pudieron seguirle. Roglic dudó, pero poco después utilizó la subida más larga del circuito para mostrar ese pedaleo ágil que le encumbró a la élite del ciclismo. Recortó 30 segundos en kilómetro y medio y conectó con un Van der Poel que insistió una y otra vez. Todavía quedaban más de 50 kilómetros para meta pero el neerlandés intentaba constantemente hacer una gesta a la altura de las de Tadej Pogacar en las dos anteriores ediciones. Sin embargo, no todos tienen las piernas del esloveno y tanto Roglic como Simmons se aferraron a su rueda. Mientras que el británico Onley cedía.
Tres ciclistas para tres medallas, calculado a la perfección. Pero en el grupo de favoritos todavía tenían que jugar sus cartas. Cada uno buscaba su oportunidad de marcharse en solitario. Primero Healy, luego Pidcock. También Del Toro y por supuesto Seixas. Todos se movían y aunque ninguno abrió hueco en solitario, sí lograron cazar a la cabeza de carrera. En medio de ese barullo acechaba Estado Unidos, que aguardaba paciente su momento. Hasta entonces había corrido a la perfección con Quinn Simmons saliendo a todos los ataques de Van der Poel. A su vez, Matteo Jorgenson y Brandon McNulty se agazapaban entre el grupo de favoritos. No habían gastado ni un gramo de más en el sinuoso circuito gracias al buen movimiento de su compatriota.
Un ataque de manual
Y entonces llegó el momento de la verdad. Todos los 'majors' se miraban mientras se preguntaban quién iba a ser el siguiente en dar la estocada. ¿Pidcock? ¿Del Toro?, ¿Seixas? Pues ninguno de ellos. Brandon McNulty aprovechó esas dudas y arrancó por la izquierda. Un movimiento más que visto en el ciclismo pero que no por ello deja de tener éxito. Según indica el manual de este deporte, cuando nadie cuenta con que un corredor puede ganar es cuando debe intentarlo. Así lo hizo el norteamericano con un feroz ataque que dejó pasmados al resto de favoritos.
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