Martes, 16 de junio de 2026 Mar 16/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

«Me compraron por 100.000 pesetas cuando era un bebé»

«Me compraron por 100.000 pesetas cuando era un bebé»
Artículo Completo 1,185 palabras
Carmen Osuna ha reconstruido una historia repleta de increíbles sorpresas hasta encontrar una familia que la daba por perdida
«Me compraron por 100.000 pesetas cuando era un bebé»

Carmen Osuna ha reconstruido una historia repleta de increíbles sorpresas hasta encontrar una familia que la daba por perdida

Regala esta noticia Añádenos en Google

José E. Cabrero

Granada

16/06/2026 Actualizado a las 11:20h.

Carmen tenía la vista perdida en el mar, en el vaivén de las olas. El chiringuito era un pequeño paraíso junto a las playas de ... Chiclana. Al otro lado de la mesa, el matrimonio la miraba deseando que fuera su hija. Coincidían fechas, lugares, ciertos indicios. Pero Carmen, después de tantos años investigando por toda España, había aprendido a reconocer a los que no eran sus padres biológicos. Aquel hombre y aquella mujer no se parecían a ella ni en el blanco de los ojos. La camarera trajo unas cervezas y Carmen dejó de mirar el mar. «Gracias», dijo Carmen. «De nada», respondió la camarera.

Nueve años

«Mira, que el niño y tú sois adoptados»

Diecinueve años

«¿Hay antecedentes familiares de cesárea?»

Tumbada en la camilla de la consulta, el ginecólogo revisaba la barriga de Carmen. Le dijo que el embarazo iba muy bien, que todo estaba en orden. Ella, todavía estudiante de Magisterio de Educación Especial, no se creía que un milagro así fuera posible: iba a ser madre, algo de lo que presumiría con orgullo el resto de sus días. Pero antes de que sus hijas nacieran, el doctor le hizo una pregunta: «¿Hay antecedentes familiares de cesárea?». Carmen levantó los hombros y deslizó un «no lo sé» en el que viajaban cientos de dudas que había ido aparcando en los últimos años.

«No hay», dijo de pronto Mari Carmen, su madre, que la había acompañado a la revisión. «¿Cómo lo sabes?», preguntó su hija extrañada. «Yo lo sé –insistió Mari Carmen–. No hay antecedentes». Carmen pidió a su madre que saliera de la consulta y le preguntó al médico por la cesárea. El doctor le explicó que la cesárea podía ser hereditaria y aquello hizo que Carmen quisiera saber más: «Una cesárea no es nada grave, pero una enfermedad que sea genética, como una diabetes, eso podría transmitírselo a mi hija. Tenía que encontrar a mis padres biológicos».

Sus padres no quisieron contarle nada y, si ella hacía algún avance, intentaban bloquear el camino. «Una vez encontraron unos papeles que había conseguido y me los rompieron», recuerda. Pero eso no impidió que Carmen descubriera el lugar en el que nació: el Hospital de Santa Cristina, en Madrid, uno de los centros médicos más señalados en la trama de bebés robados en España, entre 1940 y 1990. ¿Y si ella era uno de esos bebés?

En el hospital Santa Cristina no le dieron ninguna información y, aunque ella empezó a colaborar con asociaciones que ayudaban a reconstruir historias de posibles bebés robados, Carmen se centró en su hija Carmen y, luego, en Paula. Pañales, baberos, mochilas, tartas, patinetes... Un chasquido en el tiempo, una brecha en el dique.

Veintinueve años

«Soy tu hermana biológica, quiero conocerte»

El caso es que, cansada de dar palos de ciego, de buscar sin ton ni son por toda España, desde rincones catalanes hasta aquel chiringuito de Chiclana, Carmen contactó con Enrique Vila y el abogado, en poco más de un mes y medio, localizó a su madre biológica. Se organizó un encuentro en Madrid, pero su hermana biológica, Raquel, se saltó el protocolo y la buscó por Facebook. «Quedamos un viernes, en Méndez Álvaro –cuenta Carmen, que se emociona en el sillón de su casa–. Allí estaban todos: dos hermanos, cinco sobrinos y una madre. Mi madre biológica».

Su madre biológica se llamaba Carmen, como ella, y todos los 7 de enero, le dijo, se acordaba de ella y lloraba sin remedio. Hubo besos y abrazos, y su hermana Raquel cocinó huevos rotos para celebrar el encuentro. «¡Tengo una hermana!», exclamaba alegre Raquel, con la que Carmen encajó desde el principio. Sin embargo, cuando Raquel puso los platos en la mesa, Carmen la miró y sintió que la conocía de algo. Y de pronto cayeron en Chiclana, en el chiringuito y en las olas del mar. Carmen buscaba a sus padres y Raquel era la camarera.

«Era su regalo de cumpleaños»

Carmen Osuna

Un momento

«¡Era mi hermana!»

Félix, padre biológico de Carmen.

«Yo no fui a juzgar a nadie, nunca fue el plan –reflexiona Carmen–. Quería saber mi historia, la de verdad. Cada uno vive su vida como puede, eso lo he aprendido». Luego toma aire y sigue: «Hablando con mis hermanos, me contaron que habían esparcido las cenizas de mi padre en Sanlúcar. No les dije nada. Pero ellos lo sabían, mis padres biológicos sabían que iban a terminar juntos en Sanlúcar, el lugar de sus escapadas».

«La historia de ellos es una novela»

Carmen Osuna

El futuro

«Mis padres de verdad son los que no tienen apellido»

Carmen chatea con sus hermanos de vez en cuando y, siempre que puede, va a visitar a sus padres biológicos. «Yo quiero a mis padres. Estoy aquí por ellos. No puedo decir nada malo de ellos. Si te has fijado, siempre distingo entre padres biológicos y padres. Mis padres de verdad son los que no tienen apellido».

–¿Por qué contar su historia?

–Porque soy la historia de muchas personas.

–¿Y ahora qué?

–He pasado mucho tiempo impulsada por una pregunta. Ahora estoy tranquila. He vivido muchas vidas en una. A ver cuál es la siguiente.

Enrique Vila.

«No era algo anecdótico, sucedía con habitualidad»

Enrique Vila, abogado valenciano, es uno de los mayores expertos en la trama de bebés robados en España. Él mismo, de hecho, fue uno de esos bebés robados. Según Vila, se calcula que entre 1940 y 1990 hubo cerca de 300.000 casos de bebés robados. «En 1987, el Gobierno cambió la ley de adopciones porque, decía, el sistema fomentaba el tráfico ilegal de niños», explica Vila. Aunque no existen cifras concretas por provincia, Vila apunta que «en Granada no era algo anecdótico, sucedía con cierta habitualidad». Y, además, asegura que hay un convento del área metropolitana que daba asilo a jóvenes que querían ocultar su embarazo y que, una vez daban a luz, les obligaban a entregar al bebé.

¿Por qué contar historias como la de Carmen Osuna? «Para que la gente se anime a buscar. Tenemos derecho a saber. La mayoría de historias son de amor adolescente. Pero hay otras muy duras... Así era España». ¿Podría suceder hoy algo así? «No. Un solo caso saldría en todas las noticias».

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir