Ni el paciente miente, ni el análisis está mal hecho: «El problema es que hay tres valores que son clave y casi nunca se piden»
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 01/09/2026 Actualizado a las 19:10h.Llevas tiempo encontrándote mal: un cansancio horrible, desgana, molestias, las cosas del día a día se te hacen cuesta arriba... Estás convencida de que te ... pasa algo, pero tampoco terminas de ponerle nombre. Así que vas al médico y te manda hacer un análisis de sangre para ver de dónde pueden venir todos esos síntomas a los que no le encuentras explicación. Lo haces, te dan los resultados... y resulta que todo está bien. Ni un asterisco. Sobre el papel, parece que todo está en orden. Sin embargo, sigues encontrándote mal, ¿por qué? «Ni el paciente miente, ni la analítica está mal hecha. El problema es que en la mayoría de los casos se piden análisis muy básicos que sirven para descartar enfermedades, pero se quedan cortos para explicar el porqué de ese cansancio. Para eso se debe mirar más a fondo», precisa la doctora Pilar Esteban, especialista en Aparato Digestivo y directora médica del Centro Rennova Medicina (Murcia).
Para saberlo a ciencia cierta, hace falta conocer también los valores de la ferritina y la transferrina, dos biomarcadores que no siempre se especifican en una analítica básica«, puntualiza. La ferritina no solo mide los depósitos de hierro, sino también la inflamación, »por eso es importante medir estos dos valores a la vez. Uno nos informa sobre el almacenamiento de hierro y el otro es el transportador. Y dependiendo de si los leemos juntos o por separado nos pueden dar informaciones distintas«.
Vitamina D y B12
El segundo parámetro que se debe analizar en este tipo de casos en los que no está claro el origen de los síntomas es la vitamina D y también la B12. «Los resultados de estos dos indicadores nos pueden dar muchísima información porque suelen estar detrás del cansancio, la fatiga o el decaimiento... La buena noticia es que se trata de dos valores sencillos de corregir», aclara la especialista en Aparato Digestivo y Endoscopia Digestiva avanzada. La sensación de cansancio y agotamiento es un síntoma muy extendido, especialmente entre las mujeres de mediana edad. Según una encuesta realizada recientemente por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), siete de cada diez adultos reconoce sentirse cansado «con bastante frecuencia».
Y el tercer valor, que es el que la doctora Esteban más se encuentra en consulta «y que casi nadie estudia», es el hormonal. «La tiroides, el cortisol y las hormonas sexuales explican por qué los mismos síntomas se viven de manera muy distinta en diferentes etapas de la vida. A veces el médico te dice que con pedir la TSH normal (la hormona que regula cómo funciona la glándula tiroides) es más que suficiente y no es así. Debemos mirar más allá. Es importante medir también la T4 libre (evalúa cómo funciona la tiroides y ayudar a diagnosticar problemas como el hipotiroidismo o el hipertiroidismo) y los anticuerpos tiroideos (proteínas que el sistema inmunitario produce por error para atacar a la glándula tiroides) para conocer de manera global cómo está la función tiroidea del paciente».
Al margen de los resultados, la especialista puntualiza que no se trata de solicitar estos tres biomarcadores a todos los pacientes que pasan por consulta, «pero sí la persona lleva meses o años con cansancio, fatiga o inflamación, estos valores se deben tener muy en cuenta porque aportan mucha información. La idea no es pedir todo, sino saber dónde hay que mirar. Los marcadores hormonales, por ejemplo, son un área donde medir sin criterio puede generar más confusión todavía».
La interpretación, la clave
El origen de todos estos síntomas suele ser, a juicio de los especialistas, una inflamación crónica de bajo grado causada por factores como el estrés, una alimentación rica en productos ultraprocesados o alteraciones en la microbiota intestinal. «Se trata de una activación sutil y persistente del sistema inmunológico a nivel de diferentes órganos que se mantiene a lo largo del tiempo sin una causa infecciosa evidente y que desemboca en una inflamación persistente». A diferencia de la inflamación aguda (un golpe o una herida), la de bajo grado no presenta signos llamativos como calor local o enrojecimiento de la piel, sino que actúa como un desgaste interno silencioso. No duele, no da fiebre y no dispara ningún valor. «Es como un fuego que permanece encendido durante varios años elevando ligeramente varias señales a la vez», describe la especialista.
Para la doctora Esteban, el «error de fondo» cuando se aborda un caso de estas características es que se busca la inflamación que causa esa fatiga y decaimiento como si estuviera en un sitio concreto. Como si existiese un análisis de sangre que nos dijese 'está inflamado sí o no'. Y no funciona así. «La inflamación de bajo grado no está en un sitio concreto. Deja huella en muchos y en cada uno deja una huella distinta. Por eso, un análisis normal no significa que no tengas nada. Lo que significa algo es su interpretación y esa conversación hay que tenerla con un profesional que conozca bien al paciente».
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