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Medio siglo de la gran historia de boxeo que provocó un cambio social<br>

Medio siglo de la gran historia de boxeo que provocó un cambio social<br>
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Uno de los temas más significativos del cantautor que fue Premio Nobel de Literatura
BoxeoHurricane y Bob Dylan: medio siglo de una historia de boxeo que provocó un cambio social

Uno de los temas más significativos del cantautor que fue Premio Nobel de Literatura

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  • FERNANDO M. CARREÑO
Actualizado 05/04/2026 - 12:23CESTMostrar comentarios14

La música y el deporte son, desde que a finales del siglo XIX el desarrollo de los medios de comunicación creó la cultura de masas (los de comunicación, léase radio, posibilidad de impresión rápida, reproducción de sonido e imagen vía cine y televisión. Los de información son otra cosa igualmente derivados de estos), dos eficaces medios de creación y acción de esa cultura. Ya conocen una idea que solemos repetir en estas líneas: hasta principios del siglo XX los edificios más grandes que se construían eran templos. Desde ese momento, estadios. Donde se juega e interpreta música.

Hace 10 años el comité que entrega los Premios Nobel sorprendió al mundo otorgando el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan (nacido Robert Allen Zimmermann). Del mismo modo que cuando la reina Isabel II nombró caballeros del Imperio Británico a los Beatles hubo algunas estiradas indignaciones, no faltó quien hizo de menos el premio insinuando que se le había concedido a algo parecido a un saltimbanqui o un bufón. 

Bien. En realidad el título de 'sir' de los Beatles se debió a su contribución a equilibrar la balanza de pagos británica con los royalties de sus canciones (nadie hubiera protestado de haberse hecho 'sir' a un financiero de bombín y traje de corte inglés). El de Dylan se debió a su condición de cantautor (que es lo mismo que decir poeta), a unir la música a la palabra, y a su influencia social. Allen Ginsberg, el Dylan Thomas del que tomó su nombre, incluso Bertolt Brecht fueron grandes poetas pero de escasa influencia social real. Incluso en España, en los famosos Tiempos de Franco se permitían las ediciones literarias de poetas contestatarios. Eso sí: en ediciones caras. Hasta de fusilados como García Lorca.

Y Dylan, con su música y su palabra, llegó a muchísima gente. Llegó a ser un líder social. Ciertamente, como sucede en todas las carreras largas, la misma ha sido irregular. Temas como 'Hurricane', 'Like a Rolling Stone' o 'Knocking at the Heaven's Door' coexisten con creaciones soporíferas pero, mirado todo en conjunto, lo que prevalece es que Bob Dylan ha sido uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Una de sus canciones, una de las más conocidas, tuvo resultados tangibles en la creación de un cambio social. Esa canción cumple, por estas fechas, 50 años.

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Bob Dylan publicó en enero de 1976 'Hurricane'. A principios de abril de ese año estaba ya publicada en todo el mundo. Iba de boxeo. De boxeo y de justicia. Tratar sobre boxeo siempre ha sido un poco el escalón superior del periodismo deportivo. Más cosa de escritores que de periodistas. Aquí en MARCA, tuvimos a dos de los mejores de todos los tiempos, si no los mejores, en España: Fernando Vadillo primero, y Manuel Alcántara después, y yo les juro que leer las crónicas de Manuel Alcántara sobre José Legrá te eriza la piel aunque el boxeo no te guste, pero esto es otra historia porque ahora vamos a hablar de Bob Dylan. Para hablar de bien de boxeo se necesita literatura. Por bien que te cuente un periodista el antes, el después, el trasfondo y las consecuencias, para narrar la peripecia de dos personas que se enfrentan en un espectáculo en que se asumen el dolor y la sangre, en el que la muerte es una posiblidad, y están rodeados por un público ansioso de ver las dos y quizá las tres cosas hace falta literatura. No literatura en el sentido de agregar adjetivos y enlazar una frase a otra: en el sentido de entender completamente la historia y de saber transmitirla.

Por eso del boxeo se han escrito grandes crónicas, se han escrito grandes novelas, y se han hecho más grandes películas que de ningún otro deporte. Y Dylan abordó una historia de boxeo. Una historia sin ring. Con una persona acostumbrada a luchar y lo hace fuera del cuadrilátero, ante un enemigo difuso e inatacable, durante años y años. 

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Rubin Carter fue un niño negro y pobre en unos Estados Unidos racistas. Nacido en 1954, cometió pequeños delitos, pasó por reformatorios -también por el ejército- y la cárcel, pero a mediados de los años 60 parecía que había más o menos encauzado su vida como boxeador profesional. Llevaba 27 victorias, 19 KOs, 12 derrotas y figuraba en las listas profesionales que podían haberle llevado a luchar por el título mundial del peso medio, ganándose el apodo de 'Huracán Carter'. En eso estaba cuando a 2:30 de la mañana del 17 de junio de 1966 un tiroteo en en el Lafayette Bar and Grill de Paterson, en Nueva Jersey (la localidad natal de Carter) acabó con tres muertos. Un superviviente  dijo que los atacantes habían sido dos hombres negros. Otros testigos, que estaban fuera del local -dos de ellos, delincuentes habituales- corroboraron que vieron huir a dos hombres negros. Unos minutos después Carter y dos amigos pasaron frente al local en un coche. Dejaron a uno de ellos y volvieron, de vuelta, a pasar por el local. Fueron detenidos.

Por ahorrar detalles, fueron acusados del asesinato. Las armas no fueron encontradas. Ninguna prueba vinculaba a Carter ni sus acompañantes con el crimen. Fueron en primera instancia liberados pero después los delincuentes, una vez que la policía descubrió que estaban en la zona para cometer un robo y de hecho uno de ellos había robado la caja del local del crimen antes de la llegada de la policía, cambiaron su testimonio e identificaron a Carter y su compañero, John Artis, como los asesinos.

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Por resumir, diremos que el juicio estuvo plagado de incoherencias en las pruebas presentadas, que se rechazaron los testigos de la defensa, y que cada uno de los acusados acabó condenado a tres cadenas perpetuas: se había encontrado a dos negros con antecedentes penales cerca del escenario del crimen y poco más hacía falta. Además, por entonces la lucha por los derechos civiles estaba al borde de la violencia y había serios temores que al racismo violento blanco grupos como los Panteras Negras o vinculados a los Musulmanes Negros respondiesen con acciones violentas en un país en el que era y es fácil armarse hasta los dientes. Se aireó desde la prensa que el crimen del bar pudo ser un asesinato racista (y de hecho hubo algunos, la historia de los Crímenes Zebra está por desarrollarse).

Las cadenas de Carter, por cierto, fueron consecutivas (aunque la segunda y la tercera se agruparon). Las de Artis, simultáneas. En 1974, Carter escribió en la cárcel su autobiografía. El movimiento antirracista y por los derechos civiles no había dejado de ocuparse del caso. Mohamed Alí salió en su defensa. Y Bob Dylan compuso 'Hurricane'.

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Carter había enviado a Dylan, ya famoso luchador por los derechos civiles, su biografía ('El decimosexto asalto'). Se interesó directamente por el caso y concentró el crimen, el juicio y la cárcel en 8:33 minutos de una agotadora intensidad, de frases, cortas, directas, restallantes como puñetazos. Acompañado por su banda habitual, la Rolling Thunder, lo definitorio del tema es el martilleo de guitarra y batería y sobre todo por unos afiladísimos violín (en manos de la violinista Scarlet Rivera) y armónica que van abriendo el cerebro como cuchillas. La 'organización' de la canción es muy cinematográfica, con una escena tras otra, casi también periodísticamente, saltando de un escenario a otro, con un ritmo frenético y arrollador.

La letra tuvo que ser retocada para evitar problemas legales pero se incluyó como primer tema del álbum 'Desire' en enero de 1976. La conclusion es inequívoca: "Ahora los criminales con sus trajes y corbatas están libres para beber martinis y ver amanecer. Pero Rubin se sienta como Buda en una celda de 10 pies. Un hombre inocente en un infierno vivo", dicen los últimos versos. Se acusó a Dylan de haber exagerado la carrera deportiva de Carter y de no citar que el púgil había también dado muestras de carácter violento. Pero eso no podía negar que su condena por asesinato se basaba en pruebas más que dudosas.

Bien. En 1976 hubo un nuevo juicio en el que se confirmaron las sentencias. Pero en 1985 finalmente se reconoció que la condena había sido provocada por el racismo, se anuló y Carter fue liberado. Se trasladó a Canadá y falleció en 2014. Había pasado 19 años en la cárcel por una sentencia injusta. Artis salió en libertad condicional en 1981. 

Y en fin. 'Hurricane' es literatura. Es arte. Y es también deporte. Y el tema y Dylan también nos recuerdan que, siempre que se cuenta una historia, hay alguien que quiere escucharla. Y que el deporte y la música pueden cambiar la sociedad, porque aunque el racismo sea una lacra existente en todas las sociedades, de todas las razas, y que hay gente que reivindica orgullosamente el racismo (como los de la grada de Cornellá de esta semana, entre nosotros) los seres humanos más evolucionados intentan irlo superando.

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Fuente original: Leer en Marca
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