El niño que hacía reír a carcajadas a sus vecinos en plena Gran Depresión cumple 100 años. Así cambió la televisión, el cine y, sobre todo, la comedia.
Brooks es una de las 22 personas que han ganado Emmy, Grammy, Oscar y Tony, los grandes premios de tele, música, cine y teatro en Estados Unidos. Regala esta noticia Añádenos en Google 04/06/2026 a las 16:20h.A punto de cumplir 100 años, Mel Brooks se levanta, estira las manos hacia delante para no chocarse con nada camino del baño, se ducha, ... se viste y, a modo de ejercicios mentales, habla consigo mismo. «¿Cómo te llamas? Melvin. ¿Dónde estás? En tu casa. ¿Qué vas a hacer ahora? Voy a desayunar. Melvin, ¿qué vas a comer? Huevos pasados por agua, quizá unos muffins con mantequilla. Así me gusta, Melvin. ¿No crees que deberías bajar al comedor? Gracias, buena idea». Si responde bien a cada pregunta es señal de que sigue cuerdo.
Brooks revolucionó el humor absurdo en la segunda mitad del siglo XX con la serie Superagente 86 y películas como Los productores (Oscar al guion original en 1969, haciendo humor con sexo, crítica el capitalismo, a Hitler y el nazismo...), Sillas de montar calientes (primera comedia en hacer sátira del racismo e hito de la comedia escatológica por su sonoro chiste de pedos) o El jovencito Frankenstein (novedosa parodia de un clásico del terror).
«Nunca pensé que fuera diferente, hasta que fui al Ejército. 'Judío bastardo', me llamaban. Le di una paliza a uno y nadie volvió a insultarme. Aprendes mucho en la guerra... Si no te matan»
Influencia capital para cómicos como Adam Sandler, Ben Stiller, Jim Carrey, Will Ferrell... (la lista es larga), y directores como Jim Abrahams, Judd Apatow, Edgar Wright o Taika Waititi (magistral Jojo Rabbit, su comedia con Hitler), Brooks también cultivó una faceta menos conocida. Desde su productora, Brooksfilms, apostó por David Lynch para dirigir El hombre elefante (que abrió al director las puertas de la industria) y le dio a David Cronenberg el dinero y la libertad creativa para La mosca, primer éxito del canadiense.
Brooks se enamoró de Anne Bancroft tras verla actuar en Broadway y la persiguió durante días. La actriz de 'El graduado' fue el amor de su vida. Estuvieron casados 41 años y tuvieron un hijo, Max.De vuelta a casa, Brooks apostó todo o nada al mundo del espectáculo. Afinó su talento absurdo y de verbo acelerado trabajando en una cadena de resorts, en clubes nocturnos y en la radio, donde escribía para programas de humor, una plataforma perfecta para exhibir su ingenio. Allí impresionó a Sid Caesar, estrella de las variedades en el nuevo medio que se extendía por todo el país: la televisión.
En 1950, Caesar se lo llevó como guionista a Your show of shows, programa pionero de las improvisaciones y sketches en directo y el lugar en el que el actor Carl Reiner y Brooks se convirtieron en amigos hasta la muerte; literal en este caso. Eso sí, Brooks nunca apareció en pantalla. Al jefe del programa, de hecho, no le caía bien. Además, llegaba tarde (pero que muy tarde), alegando problemas para dormir: secuelas de un estrés postraumático de la guerra que lo llevaron al psicoanalista. Para colmo, la inseguridad carcomía su cabeza con pensamientos del tipo: «No soy gracioso. No soy inteligente. No soy un genio. No me lo merezco. Lo van a descubrir y me despedirán». Aun así, se mantuvo en el programa los cuatro años que duró en antena.
En 1953 se casó con Florence Baum, bailarina de Your show of shows, de la cual Dean Martin estaba enamorado. «Intentó conquistarla diciéndole: '¿Se puede saber qué haces con ese enano idiota? Es un caso perdido'». Ella, sin embargo, rechazó al gran sex symbol de la época para quedarse con Brooks. «Mi exmujer tenía un gusto excelente para todo, excepto para los maridos». Tuvieron tres hijos, Stephanie, Nickolas y Eddie, antes de divorciarse, en 1962.
A punto de cumplir los 100, se prodiga poco en público. Su última aparición fue para pre-sentar 'Mel Brooks: the 99 year old man!', el documental que Judd Apatow le dedicó hace un año.Rodó doce películas más en las que dio rienda suelta a su humor irreverente y provocador, desafiando convenciones al hacer humor sin miedo con el Holocausto, los prejuicios raciales, la Inquisición española, eventos bíblicos y mitos culturales, el poder, la burocracia o el culto a la fama y a los 'dioses' de Hollywood.
La clave de su éxito, de hecho, fue su desinhibición total para llevarlo todo al extremo. Cuenta Barry Levinson, coguionista con Brooks de Silent movie (1976) y Máxima ansiedad (1978), dos de sus grandes éxitos, que a Brooks una risa normalita nunca le parecía suficiente. «Si algo hacía gracia decía: 'Hay que doblar ese efecto'. Quería ver a la gente tronchándose de risa, que no pudieran siquiera respirar». Y fue así, a fuerza de insistir en ese aspecto, como Mel Brooks se convirtió en toda una leyenda de la comedia.
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