La regulación del acceso de los mejores a redes sociales es un asunto muy complejo que si bien es necesario abordar dado que han proliferado sin control ni garantías jurídicas, pero que también puede cercenar derechos y o acabar por perjudicar a los menores a los que se intenta proteger. Una ley que restrinja el acceso a contenidos no adecuados para la infancia y la adolescencia funcionará en la medida que también se cuente con el punto de vista de los menores a quienes va dirigida.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este martes desde Dubái en su intervención ante el plenario de la Cumbre Mundial de Gobiernos que España prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años y adoptará otras medidas para aumentar el control de las plataformas digitales, tal como han establecido otros países como Australia o está implantando Francia. En Gran Bretaña o Dinamarca se están esbozando proyectos parecidos y es posible que otros países de la Unión Europea también hagan algo similar. El problema es cómo redactar una ley con garantías suficientes para que se pueda poner en práctica sin soslayar otros derechos.
El proyecto de Ley de Entornos Digitales también recoge la obligación para las multinacionales tecnológicas de implantar en todos los dispositivos un control parental gratuito de acceso de los menores a servicios, aplicaciones y contenidos perjudiciales para menores, y permitirá a los menores de 16 años que tengan ya perfil en redes mantenerlo cuando la ley entre en vigor.
El Ministerio de Juventud e Infancia sostiene que en el entorno digital ha regido hasta ahora "la ley de la selva" y, por ello, quieren "salvaguardar los derechos de niños, niñas y adolescentes, con el objetivo de evitar que la industria tecnológica siga haciendo caja con los derechos de las personas menores de edad".
María del Mar Sánchez Vera, profesora titular del departamento de Didáctica y Organización Escolar, y miembro del grupo de investigación de Tecnología Educativa de la Universidad de Murcia, sostiene que el anuncio del Gobierno deja demasiadas incógnitas abiertas.
"Recordemos que en España la edad está ya establecida en 14 años y aun así existen menores de esa edad en las plataformas. A la espera de conocer el contenido concreto de las propuestas y su desarrollo normativo, conviene mantener una mirada prudente y crítica. La regulación de las plataformas digitales y la protección de niños y adolescentes en el entorno digital es un reto complejo que no admite soluciones simples que se basen únicamente en la edad. Será necesario esperar a ver cómo se desarrollan las medidas, qué alcance real tienen y con qué garantías se articulan, antes de poder juzgar su viabilidad y sus posibles efectos".
"El intento de exigir responsabilidad real a las plataformas digitales y a sus algoritmos es, en principio, una buena noticia", apunta en SMC España. "Ahora bien, la clave estará en los mecanismos: cómo se auditan los algoritmos, quién lo hace, con qué criterios técnicos y con qué garantías jurídicas".
Por otro lado, argumenta esta experta, "es necesario combatir los discursos de odio. El problema surge ante las preguntas que plantea: ¿quién decide qué es odio y qué no?, ¿con qué criterios?, ¿y bajo qué controles? Esto abre un terreno delicado donde la línea entre proteger derechos y limitar la libertad de expresión puede volverse difusa. Por ello, habrá que ver qué mecanismos se proponen.
Finalmente, "no hay demasiada información sobre la prohibición de las redes sociales a menores de 16. Parece que el planteamiento de delegar la responsabilidad en las plataformas sigue el modelo australiano", donde el sistema no está funcionando con el éxito que se le presuponía, añade, y no regula otros espacios como las casas de apuestas online. Habrá que ver qué planteamiento hace España.
Tampco hay consenso científico respecto a que las redes sociales causen problemas de salud mental. El uso de redes sociales no es intrínsecamente beneficioso o perjudicial por sí mismo para los jóvenes y sus efectos dependen de lo que los adolescentes pueden hacer y ver en línea, de sus fortalezas o vulnerabilidades preexistentes y de los contextos en los que crecen. "Esto no significa que las redes sean espacios seguros o adecuados para los niños, sino que establecer un debate o una regulación solo en torno a edades es insuficiente", apunta Sánchez.
"Lo que sí sabemos que funciona es la regulación unida a la educación, y eso no se ha planteado en el anuncio. No hay planteamiento de medidas educativas que acompañen estas regulaciones". Igualmente, una regulación solo fundamentada en la edad no suele funcionar y la desconexión repentina de estos espacios también puede causar problemas. "Preocupa especialmente que los adolescentes que dependen de las redes sociales para conectarse y expresarse, y que usan estos medios para su inclusión, terminen en espacios digitales no regulados, donde hay incluso menos protección".
El modelo australiano, ineficaz si no se escucha a los menores
En Australia, donde ya se ha aprobado esta ley, la obligación recae en las plataformas, que deben impedir el acceso de menores mediante verificación de edad (que parece que es lo que se está planteando en España), explica María del Mar Sánchez Vera, de la Universidad de Murcia. Allí la norma afecta a apps como Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat, X, YouTube, Reddit, Twitch, Kick y Threads, que tienen que bloquear a menores de 16 o enfrentar multas millonarias.
No afecta a otras aplicaciones como Whatsapp o Telegram. Una vez implementada la ley, los jóvenes están usando varias estrategias para saltarse la prohibición. Usan VPN, utilizan aplicaciones de IA para "envejecer" o simplemente usan una foto de sus progenitores. Una de las principales quejas es que no se ha escuchado a los jóvenes en todo el proceso.
Paloma Llaneza, abogada, auditora de sistemas, consultora de seguridad experta en los aspectos legales y regulatorios de internet y CEO de Razona Legaltech, consultora tecnológica experta en identidad digital, apunta por otra parte que cualquier sistema de verificación de edad tiene que asegurar, al mismo tiempo, la privacidad de la persona a la que se le verifica la edad. Por ejemplo, "hace un rato, en Bluesky, he visto que tengo un mensaje directo, he ido a abrirlo y me dicen que los mensajes directos no se activan a no ser que verifique mi edad. Una de las opciones que me da para verificación de edad es que dé una tarjeta de crédito, pero siempre le puedes robar la tarjeta de crédito a tu padre y, además, es poner tu tarjeta de crédito en manos de una compañía cuyas medidas de seguridad no sabes si son buenas o malas".
La siguiente opción es un reconocimiento biométrico que protegerá a los menores a costa de que todas las grandes corporaciones tengan escaneada sus caras y las de todos los usuarios. "La gente que se dedica a la biometría facial te dirá que en realidad no se escanea la cara, sino unos determinados puntos y que esos grafos físicos quedan guardados de una manera criptográfica; pero lo cierto es que una vez que se guarda ese reconocimiento facial puede ser reconocido en cualquier parte del mundo, aunque no se guarde la foto, pero se guardan los datos necesarios para volverte a reconocer".
La tercera opción que me da es escanear mi documento nacional de identidad, pero la Agencia Española de Protección de Datos ya ha dejado claro que escanear el DNI o fotocopiarlo, como estaban haciendo en los hoteles, es excesivo, lo que puedes hacer es mostrarlo. "¿Cómo me aseguro yo de que una startup californiana como Bluesky mañana no la compra una gran corporación y todos esos datos no quedan ahí almacenados? Es decir, tenemos que encontrar sistemas que permitan verificar la edad, pero con el debido anonimato, que puede parecer raro, pero se puede hacer técnicamente. No me parece mal la verificación de edad, pero claro, ¿con qué métodos? Esta es la cuestión".
Si el método tiene que ser la Cartera de Identidad Digital Europea (EUDI Wallet), tiene la posibilidad de generar una presentación, que puede ser un código QR, tirando de los datos reales de una persona y diciendo que esta persona es mayor de 16 años, sin decir ni quién es la persona, ni cómo se llama. "Se utiliza la tecnología Zero Knowledge Proof, es decir, alguien, una tercera parte de confianza da fe de que tú eres mayor de edad y todo el sistema funciona para que tú confíes en ese dato. Eso puede funcionar en España porque los menores pueden tener un documento nacional de identidad", explica Llaneza.
"La verificación de edad es un problema que arrastramos desde el nacimiento de Internet y ahora se puede hacer con medidas muy concretas, que no son baratas, si queremos asegurarnos la privacidad de nuestros ciudadanos. Si estamos hablando de soberanía digital, lo primero es que ningún país tenga acceso a datos biométricos de nuestros ciudadanos".
Respecto a la responsabilidad penal de los CEOs, "cualquier medida que tomemos solo entrará en vigor cuando el CEO pise el territorio español. Aunque tenga poca utilidad a corto plazo, me parece muy interesante, porque un CEO se lo pensará cuando vaya a ser responsable él personalmente con su propio patrimonio de lo que pase en cualquier país del mundo. No es lo mismo que te caiga una responsabilidad civil a que te caiga una responsabilidad penal. De hecho, el caso de Pavel Durov con Telegram en Francia es significativo".
Para José César Perales, catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, la medida anunciada por Sánchez es precipitada, que se toma con poca evidencia de calidad, cuyos efectos no entendemos todavía en toda su extensión, pero que es relativamente fácil de tomar en términos políticos y popular".
Es arbitraria, aduce, en lo que se refiere a la edad, porque establecer 14, 15 ó 16 años es tan solo una decisión. "Da la impresión de que probablemente sea una edad considerablemente alta y que, hoy en día, la evidencia disponible en relación con el daño que pueda hacer sobre la salud mental el acceso y el uso de redes sociales en adolescentes no justifica en buena medida el establecimiento de ningún umbral, pero mucho menos un umbral bastante conservador como el de 16 años".
Realmente la calidad de la evidencia sobre el impacto de la salud mental del uso de redes sociales es bastante baja. "Es decir, ni hay un acuerdo unánime de que exista ese impacto. Los estudios que existen son, en su mayor parte, correlacionales y hay un acuerdo bastante generalizado de que esas correlaciones son modestas".
En el mejor de los casos, lo que sí sabemos es que el impacto del uso de redes sociales sobre la salud mental adolescente, de ser causal, sería muy modesto y comparativamente mucho menor que el impacto que tienen otros factores. Por ejemplo, sí hay investigación bastante sólida sobre el impacto sobre la salud mental adolescente que tiene la presión académica y sabemos que el tamaño de ese efecto es probablemente un orden de magnitud mayor que el tamaño del efecto atribuible a las redes sociales. Así que, por una parte, "se está tomando una medida drástica sobre una base de evidencia bastante débil y, en buena medida, eso se debe a que esta es una medida popular".
"La mayor parte de la población, a día de hoy, cree que es positiva y, por tanto, relativamente fácil de tomar, con pocos costes políticos (...) y relativamente fácil en el sentido de que es más fácil tomar una decisión relativa a la prohibición de acceso que decisiones que probablemente serían mucho más efectivas y que tienen más que ver con la regulación de las propias redes sociales. Hoy, las grandes compañías que ofrecen estos servicios apenas tienen limitaciones en lo que se refiere al diseño de las redes sociales o de los dispositivos".
"Si luego evaluamos de forma seria el efecto de estas medidas, veremos que son impactos muy modestos. Y, además, existen posibles efectos negativos sobre comunidades o colectivos específicos, para quienes una buena parte de los recursos del capital social se canaliza a través de redes sociales. Estoy pensando, por ejemplo, en minorías de orientación sexual, de identidad de género, personas con discapacidad, etcétera, que tienen en las redes sociales una fuente de apoyo social y de recursos importantes".
El quid de la cuestión está quizá no en el uso de las redes sociales en sí sino en el tiempo que se les dedica, algo que afecta no solo a los menores, sino a los adultos.
"En primer lugar, limitar el tiempo que los menores dedican a participar en las redes sociales y, en general, a estar conectados con dispositivos móviles, puede ser un objetivo valioso desde el punto de vista de la salud, en la medida en que sabemos que ese tiempo es un tiempo que dedican a expensas de cosas tan importantes como el descanso o las actividades deportivas, por ejemplo, añade Josep Maria Suelves, investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares.
"Sabemos también que estas redes contribuyen a propagar patrones de comportamiento alejados de la salud. El caso más extremo sería desde la invitación al suicidio hasta los trastornos a la conducta alimentaria y, eventualmente, los casos en los cuales alguien puede tener un aislamiento social como consecuencia de esta participación en las redes".
Ahora bien, "prohibir el acceso puede ser una medida difícil de ejecutar en tanto que no se garantice un control adecuado de ese acceso de los menores. Quiero decir que también está prohibido el acceso al tabaco y a las bebidas alcohólicas de los menores y, sin embargo, los menores de edad experimentan antes de los 18 años con el tabaco, con el alcohol y con los cigarrillos electrónicos. Entonces, si no se garantizan medidas que aseguren el cumplimiento de esa prohibición, podría ser una medida más cosmética que efectiva".
Y, en segundo lugar, y muy importante, "se debería garantizar que el diseño de este tipo de plataformas tecnológicas no sea un diseño cuyo objetivo principal sea justamente ese uso descontrolado. Como hemos hecho en el caso del tabaco, por ejemplo, reducir el atractivo puede ser tanto más importante que prohibir su consumo".
"Igual que hemos introducido medidas en el empaquetado de los paquetes de cigarrillos que los hacen menos atractivos o que hemos limitado el uso de aromas que sabemos que son especialmente atractivos para los más jóvenes que todavía no se han acostumbrado a fumar, garantizar que, de alguna manera, los responsables de estas redes sociales no las hagan excesivamente atractivas con medidas como el scroll infinito, podría ser más importante que la pura prohibición".
Expertos proponen generalizar el consumo de insectos como fuente de proteínas en la dietaEl riesgo de contagio de Virus Nipah en India es muy bajo pero se pide precaución a los viajerosLa esperanza de vida depende tanto de la herencia genética como de los hábitos saludables Comentar ÚLTIMA HORA-
10:22
Interpretando las señales de una Fed de Warsh
-
10:15
Financiación pública en 2026: Energía y Clima, el gran bloque de oportunidad
-
10:12
China prohíbe las manetas desplegables de los coches y Europa estudia nuevas normas
-
09:52
La gran apuesta americana de Santander se llama....Kevin Warsh
-
09:33
Precio del Bitcoin hoy: El precio del Bitcoin se ha devaluado en un 1,81%