Domingo, 28 de junio de 2026 Dom 28/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

«Mi hijo quería ser militar y lo enterré con el uniforme»

«Mi hijo quería ser militar y lo enterré con el uniforme»
Artículo Completo 1,223 palabras
Una madre intenta que se modifique la ley del menor para que aumenten las penas por asesinato. «La libertad del presunto asesino de mi hijo me ha dejado sin fuerzas y no logro levantarme de la cama»
«Mi hijo quería ser militar y lo enterré con el uniforme»

Una madre intenta que se modifique la ley del menor para que aumenten las penas por asesinato. «La libertad del presunto asesino de mi hijo me ha dejado sin fuerzas y no logro levantarme de la cama»

Regala esta noticia Añádenos en Google (Álex Sánchez)

Doménico Chiappe

Madrid

28/06/2026 a las 00:03h.

A su hijo le gustaba escribir, dibujar y pintar, montar en moto, leer libros de autoayuda, escuchar y cantar rap, ir a fiestas y estar ... con sus amigos, le recuerda Silvia Guerrero. Su hijo, Juan, tenía 18 años y murió en agosto del año pasado, apuñalado en el corazón. «Se lo partieron en dos», relata Silvia, que desde entonces inició una campaña para que cambie la ley del menor y se endurezcan las penas de los que cometen asesinato y homicidio siendo menores de edad. «El presunto asesino tenía 17 años, casi 18, y le pueden caer solo ocho años, como máximo. Estaba en un centro de reclusión y hacía un curso de jardinería. Ahora está en libertad vigilada», mantiene la madre, que tiene otros cuatro «hijos vivos». «Pero si el chaval hubiera tenido 15 años la pena hubiera sido de seis años, y con 13 años ya ni entra en la ley. No me parece justo que queden impunes».

Ese día tuvieron una reunión con el PP, que «se mostró muy interesado en la solicitud de la mejora de la ley del menor y lo está estudiando para hacer una propuesta en el Congreso», y otra telemática con el PSOE, que «no se quiso mojar tanto». De una forma «más familiar», tiene el apoyo de Aliança Catalana. «Mi hijo tenía 18 años y muchos años por delante. Quería ser padre, tener un coche grande, viajar, intentar cambiar el mundo con la chispa que tenía él, sobre todo con los niños más pequeños. Sembró amor a manos abiertas. Mi hijo quería ser militar y lo enterré con el uniforme», prosigue.

Los hechos de aquella noche, según la reconstrucción que hizo Silvia a partir del testimonio de los amigos de su hijo, comenzaron cuando Juan medió en una discusión «por cien euros». Unos amigos le habían pedido por teléfono que bajara y él lo hizo en chanclas. «Remarco ese detalle, porque el que va a pegarse se pone zapatos», dice Silvia. «Estaban hablando y un coche los intentó atropellar, ellos salieron detrás y luego entraron a un edificio, que era una ratonera. Juan les dijo a sus amigos: 'Vámonos, que esto se está poniendo feo y no va con nosotros'. Pero estaban todas las puertas cerradas con llave y sólo una abierta».

«Me han dado»

«Mi hijo iba delante y el chavalín estaba escondido detrás y al primero que pasó lo asesinó, sin tener una disputa ni nada. Lo apuñaló en el corazón y se lo partió por la mitad». Era la una de la mañana de un 21 de agosto. «Los amigos me dijeron que Juan les dijo: 'Me han dado', y ellos le quitaron la camiseta y se la pusieron en la herida, para hacer presión, mientras avisaban a los Mossos d' Esquadra y esperaban a una ambulancia». El parte médico constata dos heridas. Una en el tórax de dos centímetros y otra que entró por el ventrículo derecho y traspasó el corazón, indica Silvia.

«No puedo hacer el luto, porque estoy en medio de una película de terror donde no encuentro ninguna verdad»

Silvia asegura que transcurrieron 38 horas antes de que le permitieran ver el cuerpo de su hijo, ya en el tanatorio, después de la autopsia. Esa espera y cierta desinformación en las primeras horas, además de un lento proceso judicial, se juntan para desarrollar un cuadro de depresión. «Me dieron la baja forzada, porque además no puedo hacer el luto, porque estoy en medio de una película de terror, donde no encuentro ninguna verdad. Yo necesito saber todo lo que pasó, al milímetro. Me dicen que lo deje estar, que le caerán ocho años y ya está. Pero yo quiero que también asuma su responsabilidad quien sea que pudiera haber evitado la muerte de Juan».

En libertad

Esa «película de terror» comenzó con la detención del presunto asesino, un menor de 17 años, «sentado en el sofá de su casa», según Silvia. «Estaba plenamente identificado por los testigos, que vieron a dónde había ido después de apuñalarle, y esperaba allí, tranquilo», relata Silvia, que prepara para el aniversario del fallecimiento de Juan un homenaje en Vilagrassa (Lérida), «aunque reconozco que la libertad del presunto asesino de mi hijo me ha dejado sin fuerzas y no logro levantarme de la cama».

«Este chico disfruta del sol y un abrazo de su madre, mientras mi hijo está en un nicho en el cementerio. ¡Y duele!»

Después de cumplir el tiempo máximo de prisión preventiva para un menor, fijado en nueve meses, el presunto asesino de Juan está en libertad a la espera de juicio, denuncia Silvia. «No se puede hacer absolutamente nada». Además hay una orden de alejamiento mutua. Ella no puede acercarse al domicilio donde viven los padres, a dos kilómetros, ni el menor a ella. «Esta medida me fastidia porque yo vivo en un pueblo y no puedo ir a comprar, pasear o hacer vida normal en la ciudad más cercana. Sólo puedo ir al médico allí».

El hecho de tener, en la práctica, su pueblo por cárcel agrava la sensación de injusticia. «Es una injusticia muy grande, porque soy la madre de la víctima y siento que soy la que está saliendo más perjudicada en todo el proceso», sentencia Silvia. «Me siento muy vulnerada por parte de la justicia, porque este chico disfruta de sol, playa, buen tiempo, comidas familiares, un abrazo de su madre, mientras mi hijo está en un nicho en el cementerio. ¡Y duele!».

De la muerte de su hijo, que era electricista y opositaba para la Academia Militar, Silvia se enteró por el silencio al otro lado del teléfono. Juan vivía «con unas amigas porque se quería independizar» y no respondía. En Instagram vio la noticia de un asesinato y la foto de un edificio «muy cerca de donde duerme Juan» y le pasó la noticia por mensajería. Pero su hijo mayor le adelantó el temor de que la víctima fuera Juan, lo que luego le confirmó uno de los amigos de su hijo. Fue al hospital en «estado de shock, no entendía nada. Sentí un golpe en el espinazo. Nos dijeron que había fallecido esa madrugada. Ahora me preguntan si tengo más hijos y si, tengo otros cuatro, pero me falta la chispa que tenía él. Era capaz de convertir un mal día en uno bonito».

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir