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«Mi padre llevaba una nota en el bolsillo que decía 'No odiéis', y eso fue lo que defendió»

«Mi padre llevaba una nota en el bolsillo que decía 'No odiéis', y eso fue lo que defendió»
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30 aniversario. Quico Tomás y Valiente agradece el coraje cívicode todos los que salieron a la callea denunciar el asesinato por ETA de quien fue presidente del TC

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Estudiantes de la Autónoma de Madrid, donde daba claseTomás y Valiente, levantan sus manos blancas contra el crimen. EFE «Mi padre llevaba una nota en el bolsillo que decía 'No odiéis', y eso fue lo que defendió»

30 aniversario. Quico Tomás y Valiente agradece el coraje cívicode todos los que salieron a la callea denunciar el asesinato por ETA de quien fue presidente del TC

Jesús J. Hernández

Sábado, 14 de febrero 2026, 00:26

... paso exclamaciones y toma fuerza en corrillos improvisados. Los periodistas nunca somos noticia. Los de la vieja escuela lo repiten como una máxima irrefutable a quienes entran por la puerta. Casi siempre es así. Quico Tomás y Valiente estaba frente a su ordenador en la agencia EFE. Escuchó el rumor, lejano y amortiguado, como si hubiera alguna razón que obligara a atenuar las reacciones. Fue entonces cuando se le acercó un compañero. «Han disparado a tu padre. Creo que está muy mal».

Poco después, Quico iba para allí. «Salimos en un coche hacia la universidad, pero antes de llegar supimos que estaba muerto, así que fuimos a casa porque la que me preocupaba era mi madre», rememora. Él la abordó poco antes de que llegara al portal. Ella le miró a los ojos y preguntó, directa: «¿Qué le ha pasado a tu padre?».

Francisco Tomás y Valiente -cuya figura fue elogiada ayer por el Rey- era una figura muy relevante en España. Historiador del Derecho, consejero de Estado y académico de la Historia, fue durante seis años presidente del Tribunal Constitucional. Nacido en Valencia en 1932 en una familia humilde y de ideas republicanas, se licenció en Derecho en la Universidad Literaria de su tierra tras simultanear sus estudios con un trabajo en un banco. Luego comenzó su carrera como profesor adjunto y se mudó a Madrid. Logró la cátedra de Historia del Derecho en la Universidad de La Laguna y se trasladó a Salamanca. En 1979 llegó a la Autónoma de Madrid. Cuentan que durante la dictadura acudía a menudo a la comisaría para sacar a sus alumnos de los calabozos y estuvo a punto de perder la cátedra por firmar un escrito de apoyo a la autonomía universitaria.

En 1980 fue elegido miembro de un recién constituido Constitucional a iniciativa del PSOE y con el respaldo de UCD. Poco después, en 1986 fue nombrado presidente del alto tribunal, cargo donde permaneció seis años. Felipe González le tentó para que fuera su ministro de Justicia, pero Tomás y Valiente se negó porque consideraba que aquello podía comprometer la autonomía del TC. Multitud de calles y centros educativos llevan su nombre.

Aquella tarde del 14 de febrero de 1996 la casa se llenó de magistrados del Supremo y del Constitucional, políticos, profesores y amigos de la familia. Uno de ellos, psiquiatra, le dio un valium a la viuda y le soltó un cigarrillo a Quico, que no fumaba y entonces tenía 27 años. «Era difícil por la situación y porque es complicado trasladar lo que hubiera querido decir mi padre, aunque en el fondo es sencillo. Decir que es injusto, defender la democracia como forma de superar la violencia y no recurrir también a ella como querrían los terroristas, sino al Estado de Derecho».

En realidad, es fácil saber qué habría dicho él. Porque Francisco Tomás y Valiente llevaba unas líneas escritas a sangre y fuego. Cuenta Quico que lo supo el día que le tocó pasar el trago amargo de vaciar los armarios. «Las ropas de una persona fallecida retienen su olor durante días, como esperando otra respuesta que el vacío, ese insoportable vacío», se duele. Entre las cosas de su padre encontró una nota que conservaba hace años. «La había escrito su tío poco antes de ser fusilado en el franquismo. Decía así: 'No odiéis y que el recuerdo de vuestro padre os haga sonreír'». Tomás y Valiente conservaba aquellas líneas como «un compromiso con la memoria». Ese llamamiento a renunciar al odio que el jurista utilizó para consolar a los hijos del profesor Manuel Broseta, tiroteado por ETA cuatro años antes de que lo mataran a él. Así que la nota cobró vigencia, entre sus ropas, tras su asesinato. Eran sus propias palabras, una última vez.

Tomás y Valiente había renunciado a la escolta cuando dejó la presidencia del Constitucional para volver a dar clases. «No se sentía amenazado, qué va. Luego lo piensas y le das vueltas, pero esa es una revisión a posteriori. Él daba la cara, escribía artículos comprometidos... pero nunca se sintió amenazado», explica su hijo en memoria de un progenitor, lector voraz, que amaba el fútbol del Valencia y las melodías de Mozart.

«Memoria selectiva»

A la mañana siguiente, el campus de la Autónoma se llenó de jóvenes que denunciaban el atentado mortal. Unos diez mil se congregaron frente a la Facultad de Derecho y, nadie sabe muy bien cómo, inventaron un gesto que retrataría la lucha contra ETA y el fanatismo. Tiñeron sus manos con pintura blanca y las levantaron. Manos blancas. Había nacido un símbolo. Lo hicieron en silencio, como si no hubiera nada más que decir ante el terrorismo. Bastaba con aquello.

La reacción en toda España fue brutal. «En todas partes, pero sobre todo me acuerdo en Euskadi, donde era más difícil salir en aquellos momentos. Es de admirar el gesto de los que dieron la cara. Para la familia, sentir que la gente te comprende y te da su apoyo es muy importante. Eso es reparador y lo agradecimos mucho».

Anda Quico Tomás y Valiente incómodo esta semana con las imágenes en la calle del exjefe de ETA Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', porque «es injusto que salgan en tercer grado etarras con centenares de años de condena». A su juicio, «hay una memoria selectiva. Como Pedro Sánchez ha pactado con Bildu no conviene el recuerdo de ETA. Pero no es digno que parezca que no ha pasado nada. O que Mertxe Aizpurua, portavoz de EH Bildu en el Congreso y persona central en aquel diario Egin de los años en que mataron a mi padre, quiera darnos lecciones de memoria. Ella, que entrevistó a la cúpula de la banda con la pistola en la mesa». Con todo, celebra que «hemos defendido el Estado de Derecho y el triunfo sobre ETA es innegable». «No encuentro razones para la desmemoria -agrega-, porque la historia de nuestro país ante el terrorismo es una historia de éxito. Se logró con el Estado de Derecho, con paciencia firme y sin odio».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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