Parecía que era nuestra seguridad económica la última frontera para conquistarnos. Y no, faltaba la de conquistar nuestro tiempo libre
Regala esta noticia Añádenos en Google 29/08/2026 a las 02:00h.Uno ama de verdad (cuando digo uno, digo yo) cuando, en todas las cosas que puede hacer con su tiempo libre, le pide el cuerpo ... hacerlas con esa persona. Se puede uno adaptar a las situaciones personales más rocambolescas movido por el deseo: está casada/o y sólo puede los jueves, vive en Zimbabue, quiere una relación abierta, le gusta el frío, tiene un carácter de mierda, tiene dos hijos y solo puede los jueves, vota mal, no pone bien las comas, hace ruido al masticar, folla con calcetines, está enmadrado/a, me usa para olvidar a su ex, sólo habla de trabajo, sólo quiere los jueves (los jueves son los nuevos siempre y, a la vez los nuevos nunca).
Dijo aquel que hay parejas a las que «no les sienta bien la ropa de diario». Porque la última frontera de uno mismo es su tiempo. Por eso mata más la rutina que los cuernos a las parejas que sólo se amaban en ferias y fiestas de guardar, a las parejas pirotecnia.
Parecía, pues, que era nuestra seguridad económica la última frontera para conquistarnos, o nuestra seguridad laboral o nuestra Seguridad Social. Y no, les quedaba la que dábamos tan por hechas como las anteriores que ni caíamos en que fuera importante. Faltaba la de conquistar nuestro tiempo libre, robarnos el aburrimiento y, con él, la necesidad de vencerlo por nosotros mismos.
Y ahora ya está. De todo el tiempo que teníamos nos van desmigajando horas dedicadas a ver humanos que se mueven y hablan en un ruido tan hipnótico como el cucú-tras que nos embebía cuando ni siquiera teníamos concepto de tener tiempo. Si mira usted, después de leer esto, el tiempo de uso de, por ejemplo, ayer de su teléfono, eche las cuentas de cuánto de él le ha regalado a esos monitos, bien comidos, bien vestidos, bien lavados que, con ansia, tratan de que los mire y les eche cacahuetes y likes con los que ellos podrán vestirse, comer, oler aún mejor. Saque la cifra de cuanto de eso pudo haber dedicado a aburrirse junto a su persona amada, incluido que esa persona sea usted.
En el fondo, confieso, toda esta perífrasis era para pedirles que se lean o relean 'Momo', la de Ende, mira que somos pesados los escritores.
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