Miércoles, 16 de septiembre de 2026 Mié 16/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Mi vida extrema con un multimillonario obsesionado con no envejecer

Mi vida extrema con un multimillonario obsesionado con no envejecer
Artículo Completo 2,091 palabras
Bryan Johnson, empresario de Silicon Valley, se inyectó la sangre de su hijo para revertir su edad biológica a los 18 años. Kate Tolo, su novia y colaboradora, nos cuenta cómo se vive con un hombre obsesionado con la 'eterna juventud'.
Dcha. Johnson en uno de sus análisis diarios para vivir 150 años. Tolo ya desarrolla un proyecto similar.

Kate Tolo y su novio, el 'biohacker' Bryan Johnson

Mi vida extrema con un multimillonario obsesionado con no envejecer

Bryan Johnson, empresario de Silicon Valley, se inyectó la sangre de su hijo para revertir su edad biológica a los 18 años. Kate Tolo, su novia y colaboradora, nos cuenta cómo se vive con un hombre obsesionado con la 'eterna juventud'.

Regala esta noticia Añádenos en Google

Josie Ensor

16/09/2026 Actualizado a las 12:36h.

Kate Tolo cuenta los días que faltan para principios de noviembre: entonces podrá dormir por fin, por primera vez, en la cama con su novio. Su peculiar relación sentimental cobra más sentido al saber que su novio es Bryan Johnson, el excéntrico multimillonario tecnológico y biohacker de 49 años que ha invertido el último lustro, y varios millones de dólares, en revertir su edad biológica a los 18 años.

Johnson acaparó titulares cuando confesó algunas de sus prácticas extremas para su fin: inyectarse sangre de su hijo de 17 años, medir sus propias erecciones nocturnas en relación con su salud vascular, no comer nada desde las once y media de la mañana y tomar más de cien suplementos al día.

«Somos como Adán y Eva intentando construir el jardín del Edén futurista»

La relación entre Johnson y Tolo, de 30 años, se hizo pública a finales de 2025, cuando anunció en X que llevaban años saliendo en secreto, desde que ella era jefa de estrategia de fven su empresa de tecnología sanitaria, Blueprint, fundada por el biohacker en 2021 como parte de su obsesiva misión. Desde entonces generó, a la par, un gran negocio con sus dietas, suplementos y 'protocolos' que, dice, ralentizan el envejecimiento. Así pues, Johnson se preguntaba al anunciar su noviazgo: «¿Cómo podría alguien querer estar conmigo?». No se ha tardado mucho en entenderlo.

Y es que también Kate Tolo se ha embarcado en su propio experimento: una rutina de 100 días que medirá 14,8 millones de datos a lo largo de su ciclo menstrual. Se convertirá así en la mujer con más datos recopilados de la historia en su búsqueda por comprender mejor la frontera, poco estudiada y menos financiada aún, de la salud femenina.

Cobayas humanas

La rutina nocturna de la pareja consiste en que Johnson se retira al dormitorio de su mansión en Los Ángeles, se coloca un pequeño dispositivo en el pene para controlar sus erecciones nocturnas y apaga las luces a las ocho de la tarde. En su propio apartamento, Tolo se somete a unos minutos de terapia de luz roja antes de insertarse un tampón vaginal acrílico que mide el flujo menstrual.

Como 'recompensa' por completar los 100 días, dice, «compartiremos cama tres noches». Que prolonguen la convivencia depende, como casi todo en la vida de Johnson, de los datos. «Los estudios demuestran que las mujeres duermen algo peor con sus parejas –dice Tolo–. Pero si nuestros resultados demuestran lo contrario, estoy abierta a ello».

Tolo desarrolla el experimento Blueprint XX, sobre la salud de la mujer: 100 tareas diarias supervisadas por 12 médicos y con un coste de 2,6 millones de dólares.

Tolo también afirma que ambos se consideran conejillos de Indias humanos, sacrificando sus cuerpos para la ciencia y así ayudar al mundo a comprender el proceso de envejecimiento y descubrir si es frenable y si se puede revertir. «Somos como Adán y Eva intentando construir el jardín del Edén futurista», dice.

Hija de inmigrantes bosnios, Tolo creció en Queensland (Australia) y se mudó a Estados Unidos a sus 20 años para dedicarse a la moda. Pronto fue contratada por The North Face, donde llegó a directora sénior de operaciones de diseño global, al frente de un equipo de 70 personas.

Seguía una trayectoria profesional cómoda, pero anhelaba otra cosa. En 2016 se topó con una cita de Johnson en la que defendía la fusión de los humanos con la IA. «Había ya una primera ola de temor a que la IA dominara el mundo –apunta–. Pero él no lo veía con temor, tampoco yo. Le escribí por mensaje privado en todas las plataformas que encontré. Aún me da vergüenza...».

A las mujeres se les diagnostican mal afecciones como el colesterol alto porque se les toman muestras cuando sus niveles son más elevados por la regla. «Me quedé impactada. Y quise investigar».

Durante los siguientes cuatro años, ella insistió sin recibir respuesta, hasta que vio una vacante en Kernel, la empresa de neurotecnología que Johnson había fundado y que trabajaba con auriculares de escaneo cerebral para detectar el deterioro cognitivo en sus fases iniciales.

Johnson, dieciocho años mayor que Tolo, había tenido una vida muy distinta a la de ella. Creció en Utah, en un entorno mormón en el que conoció a quien sería su esposa y con quien tuvo tres hijos. En los años posteriores al auge de las puntocom, fundó una empresa de pagos en línea, Braintree, que vendió a PayPal en 2013 por 800 millones de dólares. Acto seguido, se divorció y abandonó la religión para entregarse a Kernel.

«Me llamó y me dijo: 'siento algo por ti'»

Johnson congenió al instante con Tolo durante su entrevista por Zoom y le ofreció el trabajo. «Proveníamos de mundos muy diferentes –escribió él en X–, pero de algún modo éramos la misma persona».

Tolo recuerda haberlo visto por primera vez al entrar en la oficina de Los Ángeles durante la pandemia de covid en 2021. «Llevaba mascarilla, y recuerdo que vi sus ojos y pensé: 'Oh, no, creo que me he enamorado', y supe que eso era un problema».

En secreto, Johnson sentía lo mismo. Unos 18 meses después –cuenta ella–, «me llamó mucho más tarde de su hora habitual de acostarse. Él no bebe, así que pensé que era su equivalente a estar ebrio, y me dejó entrever algo como: 'Oh, siento algo por ti', a lo que dije: 'Oh, yo también'».

«Las mujeres tienen erecciones igual que los hombres. Es un fenómeno no sexual»

Johnson acababa de lanzar el Proyecto Blueprint, un régimen exhaustivo con análisis diarios de sangre, orina y heces, una rutina de sueño específica, resonancias magnéticas, transferencias de plasma, estimulantes del cuero cabelludo, densitometrías óseas, fototerapia... De inicio recibió poca atención. No era el único que aspiraba a vivir para siempre en Silicon Valley. Jeff Bezos, Peter Thiel y Sam Altman fueron algunos de los primeros inversores en investigaciones de longevidad. Todo cambió cuando Tolo le sugirió a Johnson que convirtiera su proyecto en un experimento científico público y ofreciera sus datos de salud en línea. Se hizo viral tras aparecer en un artículo de Bloomberg Businessweek de 2023 titulado Cómo volver a tener 18 años por solo dos millones de dólares al año. De repente, el mundo entero sabía desde la edad biológica rectal de Johnson hasta la motilidad de sus espermatozoides, y aun así, querían saber más.

Entonces, Tolo decidió someterse ella misma al protocolo y bautizó su experimento como Blueprint XX, en alusión a los cromosomas sexuales femeninos. «Cuando buscamos ensayos sobre la salud de la mujer, a menudo buscamos estudios que no existen, lo que deja a la mitad de la población en la incertidumbre». Los datos sobre el ciclo menstrual, por ejemplo, no se recopilan por norma en la investigación médica, salvo cuando se evalúan problemas reproductivos. Según The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women's Health, esta falta de documentación ha dado lugar a un conocimiento relativamente limitado del efecto de la menstruación en la salud general.

Tolo cree que a las mujeres se les diagnostican mal diversas afecciones, incluido el colesterol alto, porque se les toman muestras cuando sus niveles pueden ser más elevados por la regla. «Según el día en que te saquen sangre, el colesterol puede variar hasta un 19 por ciento. Me quedé impactada. Y quise investigar».

Kate tiene sospecha de endometriosis, afección que afecta a una de cada diez mujeres. Johnson subió esta foto en plena ecografía a las redes y, ante las críticas y bromas, Tolo tuiteó: «Me encanta que Bryan se involucre en el cuidado de mi salud».

Ideó entonces su régimen de cien días, el tiempo mínimo necesario, asegura, para establecer una base de referencia tras considerar las fluctuaciones hormonales mensuales. «Lo que estamos haciendo es como una piedra de Rosetta para la experiencia femenina», dice. Su protocolo consta de 100 tareas diarias, todas supervisadas por un equipo de 12 médicos y con un coste de 2,6 millones de dólares.

Desde que se despierta cada día a las seis y media de la mañana, ella lo registra todo: el color de su orina, su flujo vaginal, sus erecciones nocturnas... Sí. «Las mujeres las tienen como los hombres –dice–: es un fenómeno no sexual. En ellos se ha observado que predicen eventos cardiacos entre cuatro y siete años antes: los vasos sanguíneos son más pequeños en esa zona que en el corazón. Acaso sea igual en la mujer, no hay aún suficiente bibliografía».

El equipo descubrió que su edad biológica, basándose en su piel y su puntuación de sueño, es de 21 años. La de Johnson, según el mismo baremo, de 18. «Le pedí a Tolo que parara antes de que me metan en la cárcel», bromea él. La pareja parece no tener reparos en compartir detalles íntimos con sus millones de seguidores. «Acabo de tener sexo con Kate», publicó Johnson en X en abril antes de comenzar el protocolo. Ella acotó: «Puedo confirmar que estuvo bien». Otra vez, él escribió: «Acabo de practicarle sexo oral a Kate». Luego compartió el informe sobre el microbioma vaginal de ella, que la incluía entre el «1 por ciento superior de todas las vaginas».

Viven en casas diferentes para proteger el descanso del otro. «Me encantaría tener una rutina en la que cantáramos cada noche –dice Tolo–. Dicen que mejora la variabilidad de la frecuencia cardiaca».

Aunque gran parte de su coqueteo se da en línea, Johnson y Tolo logran encontrar tiempo para estar juntos en persona. Entre semana, ella va a casa de él a las seis de la tarde y comparten 90 minutos antes de que él inicie su rutina de relajación a las 19:35. Los fines de semana ven películas y juegan al pickleball. Las raras veces que los invitan a algún evento nocturno, Johnson duerme una siesta previa para descansar ocho horas.

En agosto, él reveló que le habían diagnosticado gastritis autoinmune, y escribió que su estómago literalmente se estaba «devorando». Afirmó que quizá se deba a su hipotiroidismo hereditario y no a su tratamiento. No existe cura, pero Johnson dijo que él y su equipo están intentando encontrar una solución. «Por suerte es algo que progresa muy lentamente, y se ha cuidado tanto que sospecho que lo ha tenido durante décadas sin ser detectado antes».

Y ahora la pregunta que todos se hacen al saber de ellos. ¿No echan de menos la emoción del sexo espontáneo, trasnochar, los helados? En esta búsqueda desesperada por la longevidad, ¿han renunciado a vivir?

«Depende de cuáles sean tus objetivos en la vida –explica ella–. No quisiera que la gente imitara este estilo de vida. No somos personas normales haciendo cosas normales. Estamos tratando de ser un ejemplo de la infraestructura que podemos construir para la salud».

¿Los objetivos de él han cambiado? En una entrevista previa a su relación, Johnson afirmó que tener novia nunca sería su «prioridad número uno». Sin embargo, después de que ella estuviera de viaje durante una semana en Australia este verano, publicó: «Extraño tanto a Kate que me duele físicamente. Mis emociones están estancadas; mis pensamientos, confusos; y mi ánimo ha decaído». «Bryan –bromeó un seguidor–, así es como vas a morir», a lo que Johnson respondió: «Creo que tienes razón».

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir