Los microturnos facilitan la conciliación laboral y hasta la productividad... «No es trabajar menos, sino distribuir las horas de otra manera»
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 02/09/2026 Actualizado a las 00:08h.La dictadura de 'calentar la silla' durante ocho horas en el trabajo empieza a tener los días contados. Los más jóvenes se rebelan cada vez ... más contra el presencialismo tradicional y ello ha dado paso a un nuevo fenómeno, el 'microshifting'. Se trata de organizar la jornada laboral de forma diferente, por tramos no consecutivos. En unos trabajas y en otros te dedicas a otras actividades: descansar, cuidado de quienes te rodean, recados.... «No es una categoría jurídica y tampoco equivale a hacer pequeñas pausas durante el día. Frente a la jornada partida clásica, aquí no hay necesariamente un horario rígido», explica Guillermo García González, catedrático de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
Los microturnos son una buena medida para favorecer la conciliación. «La jornada tradicional de ocho horas seguidas no siempre encaja con las obligaciones personales. Repartir el trabajo en distintos bloques puede facilitar el cuidado de hijos o familiares dependientes, acudir a una cita médica, compatibilizar el trabajo con una enfermedad crónica o coordinarse con compañeros o clientes de otros países», subraya García. Pero eso no significa, trabajar menos, «sino distribuir de otra manera las mismas horas». Y está en parte amparado por la ley: «En España, el artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores permite solicitar adaptaciones de jornada por razones de conciliación, aunque no reconoce el derecho a imponer unilateralmente el horario deseado».
Pausas sí, pero con tiento
La clave para que esta forma de organización funcione y no afecte negativamente a la productividad es que esté bien planteada. Si lo está, puede incluso aumentarla al «permitir reservar las horas de mayor energía para las tareas que exigen concentración y evitar tiempos de mera presencia con poco rendimiento», dice el también investigador principal del grupo Trabajo líquido y riesgos emergentes en la sociedad de la información (TRESi) de UNIR.
Ese buen planteamiento empieza por establecer la duración de las pausas: «Si son muy breves pueden reducir la fatiga y aumentar la sensación de energía, pero no mejoran el rendimiento de forma general», dice García. Y cuidado también con la fragmentación: «Si es excesiva aumenta la presión temporal y dificulta mantener la atención al obligar a cambiar continuamente de tarea».
Con todo, el mayor riesgo de trabajar 'por tandas' radica en que la flexibilidad deje de ser autonomía y se convierta en disponibilidad permanente: «Se empieza a trabajar muy temprano, se retoma la actividad por la tarde y se siguen atendiendo mensajes por la noche. Esto dificulta la desconexión mental, obliga a cambiar continuamente de rol y puede generar la sensación de no terminar nunca. Además, las interrupciones perjudican especialmente las tareas complejas. Por eso, son esenciales unos límites claros de disponibilidad, periodos de descanso reconocibles y un derecho efectivo a la desconexión digital», reflexiona el experto.
¿Puedo hacerlo en mi puesto?
Otra cosa importante es que el 'microshifting' no sirve para todos los trabajos. Su éxito «depende mucho del puesto y de cómo se organice». Entre los sectores que mejor se adaptan están «los trabajos intelectuales, creativos o por proyectos, en los que los resultados pueden identificarse y buena parte de las tareas se realizan de forma autónoma y asincrónica. Es el caso de la programación, el diseño, la redacción, la investigación, la consultoría o ciertas funciones administrativas», destaca García. En cambio, resulta mucho más difícil «en la industria, el transporte, la sanidad, la atención presencial o los servicios que requieren cobertura continua».
El tiempo dirá si hablamos de una tendencia consolidada o un fenómeno pasajero. Hasta entonces, García cree que aunque no sustituirá a la jornada continuada («al menos a medio plazo»), sí forzará un cambio en la gestión del rendimiento por parte de las empresas: «Menos control de la presencia y más atención a la calidad del trabajo, los plazos, los objetivos y el nivel de servicio».
Los sectores con más teletrabajo
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las empresas españolas más permisivas con el teletrabajo se concentran en los siguientes sectores.
Información y comunicaciones: 86,4%
Actividades profesionales, científicas y técnicas: 69,1%
Actividades inmobiliarias: 43,4%
Servicios administrativos y auxiliares: 36,3%
Productos tecnológicos, electrónica y maquinaria: 36,7%.
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