En 2026 se cumplen 150 años desde que Julio Verne publicó una de sus novelas más celebradas: 'Miguel Strogoff'. Todavía recuerdo vivamente la impresión que me causó su lectura siendo niño: el terror de la escena en la que Iván Ogareff ordena que le ... dejen ciego, pasándole una espada al rojo vivo por delante de los ojos, y la emoción del milagro de su recuperación, gracias a las lágrimas vertidas por el correo del zar ante la imagen de su madre.
Cuando se publicó por vez primera, Verne tenía 48 años, y ya era un autor de novelas celebradas en todo el mundo, como 'Viaje al centro de la Tierra', 'Veinte mil leguas de viaje submarino' o 'La vuelta al mundo en ochenta días'. La estrella del editor Pierre-Jules Hetzel en su colección de Viajes extraordinarios, donde se conciliaban la aventura, la divulgación científica y una especie de formación en principios y valores para jóvenes.
Empeñado en escribir una novela más allá de su devoción por las fastuosas y modernas tecnologías de aquella segunda mitad del siglo XIX, Verne se documentó profusamente sobre Rusia, sin necesidad de viajar hasta allí. Consultó todo tipo de atlas, mapas y fuentes geográficas y acudió también al consejo de sus amigos, el escritor Iván Turguénev y el diplomático príncipe Orlov.
Eduardo Martínez de Pisón: recorrer el mundo al final de la vida con los mapas de Julio Verne
Y, como era habitual entonces, publicó primero la obra por entregas, en la revista 'Magasin d'éducation et de récréation' (del propio Hetzel), en una serie que duró un año entero, de enero a diciembre. En agosto apareció la primera parte, 'Michel Strogoff. Moscou-Irkoutsk', con grabados de Charles Barbant e ilustraciones de Jules Férat, y en noviembre la segunda. Completando la edición, en volumen doble, con el relato 'Un drama en México'.
Todo un afortunado montaje editorial que la crítica saludó por su intensidad narrativa, su verismo geográfico y, sobre todo, por el carácter heroico del protagonista: un patriota ruso capaz de arriesgar su vida una y otra vez en defensa del imperio.
Verne ignoraba que ya existía un movimiento importante que impulsaba la recuperación de la lengua y la cultura ucranianas frente a la unificación del imperio ruso
En un momento en el que Francia miraba de un modo muy especial a Rusia, como contrapeso al poder y al peligro alemán, tras la derrota francesa en la guerra franco-prusiana. Una Rusia, la de entonces, con la que Europa contaba para su propia construcción. Una imagen romántica que nada tiene que ver con la que podamos tener hoy, 150 años después, tras la revolución, las guerras mundiales, el estalinismo, la Guerra Fría… y ahora la guerra de Ucrania.
En la novela, los tártaros de Feofar Khan y el traidor Ogareff son los invasores crueles que cortan el telégrafo para aislar regiones enteras del imperio, mientras que ahora son los rusos de Vladimir Putin los que atacan infraestructuras críticas y sabotean las comunicaciones, mediante redes móviles y satélites digitales. Y hasta la presencia de los periodistas en el conflicto, en la certeza, en ambos casos, de que la guerra se jugaba también, y de manera importante, en el terreno de la información y la propaganda.
Y entre Feofar Khan y Putin, la paradoja de Kiev. Aquella Kiev de Verne cuya identidad histórica, mucho más antigua que la de Moscú, se localizaba en el mismo origen de la nación rusa, en aquel primer estado medieval eslavo que fue la Rus, mientras que ahora, para los ucranianos, se considera el núcleo esencial de la historia de Ucrania como país.
Deslumbrado por la Rusia de entonces, Verne ignoraba que cuando él escribió Miguel Strogoff, ya existía un movimiento importante, alrededor de figuras como Teras Shevchenko, que impulsaba la recuperación de la lengua y la cultura ucranianas frente a la unificación del imperio ruso. O que el mismo año que apareció la novela, 1876, el zar Alejandro II iba a promulgar el llamado Ukaz de Ems, que limitaba el uso público de la lengua ucraniana. El correo del zar, cabalgando de nuevo sobre un conflicto que hoy se vive exactamente al revés.
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Miguel Strogoff, la Rusia de Julio Verne hace 150 años
Miguel Strogoff, la Rusia de Julio Verne hace 150 años