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La ejecutiva tecnológica Mira Murati, cuya fortuna personal se estima en 1.400 millones de dólares. Europa Press. Mira Murati, la mujer más poderosa de la IASe ha enfrentado a Sam Altman y Mark Zuckerberg y ha salido ilesa. Esta ingeniera albanesa de 36 años, ex CEO de OpenAI, es la mujer más influyente de un sector tecnológico en guerra abierta
Domingo, 22 de marzo 2026, 00:07
... más grandes de Estados Unidos), de baja representación femenina o de tóxica cultura 'bro', sino, fundamentalmente, de liderazgo. No hay más que repasar los nombres que han dominado el sector en las tres últimas décadas. Mientras los Bezos, Musk, y Zuckerberg siguen liderando cómodamente sus compañías, todas las grandes ejecutivas de la industria han ido abandonando los despachos y desapareciendo, poco a poco, de la primera línea. La lista es larga y está llena de nombres conocidos: desde casos históricos como el de Sheryl Sandberg, número dos de Facebook, o Marissa Mayer (caída en desgracia después de ser una estrella 'tech' durante su tiempo al frente de Yahoo) hasta ejemplos más recientes, pero igual de elocuentes, como el de Linda Yaccarino (exCEO de X). En plena guerra de la IA, y mientras las grandes compañías compiten ferozmente por dominar la tecnología, otra mujer quiere volver a intentarlo. Se llama Mira Murati y ya cuenta entre sus enemigos a Mark Zuckerberg y Sam Altman. Señal de que, probablemente, está haciendo algo bien.Fue jefa de tecnología de OpenAI y una de las principales artífices del éxito de ChatGPT
Murati aterrizó en OpenAI en 2018. Todavía faltaban cuatro años largos para el lanzamiento de la primera versión de ChatGPT, que convertiría a la compañía en la más poderosa del sector de la noche a la mañana. En ese tiempo, la ingeniera escaló rápidamente en la jerarquía hasta convertirse en la número dos en 2022. Tenía 34 años. Como jefa tecnológica de la 'startup', el mérito de haber desarrollado la IA generativa más impresionante del mundo era incuestionable y su nombre empezó a acaparar titulares pese a que ella trataba de controlar su exposición y mantener un perfil bajo. Prácticamente al mismo tiempo empezaron las tensiones.
Todo saltó por los aires apenas un año después. Cuando Sam Altman fue destituido de su puesto como CEO, Mirati ocupó su lugar de manera interina durante unos días. Pero el golpe de estado, propiciado entre otras cosas por la disparidad de criterios acerca de los desafíos éticos que planteaba la tecnología, fue fallido. Unos meses más tarde, Altman volvía a tomar el control de la compañía y, a finales de 2024, era Mirati la que abandonaba voluntariamente OpenAI. No era, sin embargo, el último capítulo del culebrón. En febrero del año pasado, la ejecutiva anunciaba la creación de Thinking Machines Lab, una 'startup' pensada para desarrollar sistemas de IA más accesibles y, ojo a la precisión, «alineados con los humanos». Murati, que desde sus tiempos en OpenAI siempre ha defendido la necesidad de una regulación estricta para controlar el potencial de la tecnología, consiguió llevarse consigo a una treintena de ingenieros de su antigua compañía. Es decir: Altman 1- Mirati 1. Eso, sumado a la impresionante tracción que ha conseguido su nombre en el sector, le permitió conseguir más de 2.000 millones de dólares de inversión nada más anunciar sus intenciones. De hecho, antes de poner ningún producto en el mercado, la compañía ya tenía un valor estimado de 12.000 millones de dólares.
El desafío de Mark Zuckerberg
Los titulares y las cifras despertaron el apetito de Mark Zuckerberg, que a mediados del año pasado le planteó un pulso. O, mejor dicho, un pequeño golpe de estado. En una operación feroz, el CEO de Meta intentó, primero, hacerse con toda la 'start-up'. Cuando eso fracasó (Zuckerberg 0 - Mirati 1) intentó comprarla por piezas, tentando a una docena de sus mejores empleados. Decir que las ofertas fueron astronómicas sería quedarse corto. Los paquetes salariales oscilaban entre los 200 millones de dólares y los 1.500 a lo largo de varios años. Algunos cobrarían entre 50 y 100 millones solo en su primer año de contrato. Pese a todo, Mirati consiguió retener a sus trabajadores y fortalecerse en su posición de liderazgo, tanto al frente de su 'start-up' como en el sector (Zuckerberg 0-Mirati 2).
Desde entonces, la ejecutiva ha seguido moviendo pieza: primero, presentando su primer producto (Tinker, una herramienta para que los desarrolladores puedan crear sus modelos de IA sin necesidad de infraestructuras) y después, gestando una colaboración estratégica con el gigante chino de los chips Nvidia. Mientras tanto, Mirati, a la que se le calcula una fortuna personal de más de 1.400 millones de dólares sin haber cumplido 40 años, ha ido reclamando visibilidad, influencia y espacio. De su legendaria timidez, durante su etapa en OpenAI, a la alfombra roja de la gala del MET, donde también pisan con garbo Bezos, Musk y compañía. Ha nacido una magnate tecnológica.
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