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«Muchos periódicos salvan vidas»

«Muchos periódicos salvan vidas»
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La ejecutiva relata cómo sobreviven los medios locales en una guerra marcada por ataques indiscriminados, penurias y desinformación

Oksana Brovko | Directora de la Asociación de Periodistas Independientes de Ucrania

«Muchos periódicos salvan vidas»

La ejecutiva relata cómo sobreviven los medios locales en una guerra marcada por ataques indiscriminados, penurias y desinformación

Regala esta noticia Añádenos en Google Oksana Brovko, en una calle ucraniana tras la invasión rusa.

Fernando Belzunce

Madrid

11/10/2026 Actualizado a las 00:08h.

Pasó de gestionar los problemas habituales de un sector en convulsión a pelear por la supervivencia del periodismo en plena guerra. Oksana Brovko, directora de la Asociación de Periodistas Independientes de Ucrania, ha logrado que 150 medios de comunicación locales permanezcan activos tras el brutal impacto de la invasión rusa en febrero de 2022. Se trata en su mayoría de pequeños medios, con recursos muy modestos, pero indispensables para que sus lectores puedan desenvolverse en un entorno de gravedad extrema. Sus periodistas lidian con la cobertura de la guerra, con situaciones personales al límite y con una penosa situación económica. Brovko ha conseguido para ellos financiación internacional, seguros, ordenadores, cámaras, sedes, cascos, chalecos antibalas, teléfonos, generadores eléctricos e incluso estaciones de internet por satélite. También ha impulsado investigaciones contra la corrupción, un notable problema en el país. El miércoles inaugurará en Valladolid el Encuentro de Periodismo Miguel Delibes, organizado por El Norte de Castilla.

-¿Cómo recuerda el inicio de la guerra?

-Recuerdo la sensación de desbordamiento. Nadie puede estar preparado para algo tan grande. Dos meses antes, por prevención, habíamos elaborado protocolos sobre qué hacer en nuestros medios, con nuestros periodistas o con los datos confidenciales. Pero cuando la invasión a gran escala empezó la presión psicológica fue enorme. Nos desbordó. No sabíamos cómo iba a ser la guerra. La incertidumbre te envenenaba. ¿Habrá una explosión nuclear o química en la ciudad? ¿Entrarán los rusos mañana a casa? ¿Nos matarán o encarcelarán por trabajar en medios? Nadie sabía lo que iba a pasar.

-Logró en tiempo récord que algunos periódicos mantuvieran su actividad.

-Aparte del golpe económico, se detuvo incluso la entrega de papel para los periódicos, ya que se importaba desde Rusia o Bielorrusia. Los rusos destruyeron muchas imprentas y almacenes en la zona ocupada. La solidaridad de Europa fue clave. Recibimos apoyo del MDIF, el Fondo de Inversión para los Medios de Comunicación, y de Wan-Ifra, la Asociación Mundial de Periódicos. Contamos también con ayuda de Bélgica y nos enviaron papel desde Noruega y Polonia. Las fronteras estaban colapsadas, así que pasaba noches sin dormir para hablar por teléfono. Los conductores no podían explicar lo que traían y por qué era tan importante. Fue una logística muy complicada. El papel medía 160 centímetros, pero nuestros periódicos necesitaban 80 centímetros, así que teníamos que cortarlo, utilizarlo y después distribuir los periódicos en el frente. Iban a servir como ayuda humanitaria.

-¿Los propios periodistas siguen distribuyendo sus periódicos?

-Todo periodista cercano al frente debe hacerlo porque las empresas de distribución ya no funcionan. Muchos directores terminan su periódico, se ponen un casco y un chaleco antibalas y marchan en su coche con 1.000 ejemplares. Ahora mismo esto es muy común en Sumy, en el norte del país, o en la región de Pokrovsk. Los periodistas reparten allí el periódico, e incluso pan. Hace apenas un mes, en Dnipro, un avión no tripulado atacó al coche que portaba el periódico y toda la tirada quedó destruida. El director me explicó que publicaban las guías para la evacuación de la ciudad, ubicada a solo 10 kilómetros del frente. Les ayudamos a volver a publicarlo y a entregarlo a la gente.

-¿Cómo ha evolucionado la cobertura sobre la guerra en estos años?

-Los periódicos en el frente ofrecen consejos prácticos, como rutas de evacuación, asistencia humanitaria y apoyo médico o psicológico. Muchos periódicos salvan vidas. En cambio, en la parte central u occidental del país hay mucha información preventiva sobre ataques de drones. Como allí hay muchos evacuados, hacen entrevistas a soldados que han sufrido amputaciones o a mujeres que han perdido a sus maridos. Al ser zonas de acogida para desplazados ahora también hay consejos sobre cómo encontrar un apartamento o cómo montar un nuevo negocio. De todos modos, la gente está cansada de la guerra y esto también se empieza a notar en los medios.

-¿Se refiere a que también cubren la vida normal?

-Claro. Los restaurantes, el cine, el teatro o los conciertos tienen su protagonismo. Parece que ya entendemos que esta guerra va para largo y que forma parte de nuestras vidas. Los niños crecen y van a la escuela. Sabemos que podemos morir o que nuestra casa puede ser destruida mañana, pero aún queremos vivir y el contenido de los medios de comunicación representa esa voluntad. Mi colega Marija Yivzhenko fue hace dos semanas a la oficina de Kiev y murió en el ataque de un avión no tripulado a plena luz del día.

-Usted perdió su casa, destruida en un ataque en Zaporiyia. ¿Cómo puede trabajar con tanto sufrimiento?

-Todos tenemos ya nuestro propio trauma. Algunos perdemos casas y otros pierden familiares y amigos. Lo importante es seguir haciendo lo que puedas y estar ocupado haciéndolo. Hay que confiar en que algún día la guerra se acabe. Es lo que nos mantiene a todos vivos. Mi objetivo personal no es estar triste por la experiencia que estoy viviendo, sino encontrar la motivación para hacer algo. No podemos detener los misiles ni los drones, pero podemos enseñar a los periodistas a escribir mejor, podemos enseñarles a investigar la corrupción y podemos encontrar fondos económicos.

Leña para el invierno

-¿Cuáles son ahora las principales necesidades de los medios?

-Es difícil decirlo. Hay un medio en Sumy que en estos momentos necesita madera. Ya les enviamos baterías y dinero. Ahora sufren apagones prolongados y necesitan leña para mantener caliente la casa donde se alojan y trabajan todos los periodistas. Viene el invierno y, si no, tendrán que irse. Al mismo tiempo, una periodista de la región de Járkov necesita un chaleco antibalas femenino, ya que la mayoría son adecuados para los cuerpos de los hombres pero no para el de las mujeres.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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