El antropólogo Manuel Delgado reflexiona en 'Todas las ciudades están poseídas' sobre las grandes urbes, que pelean contra los intentos de control, la gentrificación y el capitalismo
Regala esta noticia Añádenos en Google El antropólogo Manuel Delgado. (Esther Vázquez)Madrid
03/10/2026 Actualizado a las 00:08h.No lo planeó así, pero la casualidad ha querido que el nuevo libro de Manuel Delgado (Barcelona, 1956) coincida con la acampada de Sol. El ... catedrático emérito de Antropología Religiosa y Antropología Urbana en la Universidad de Barcelona, reflexiona en 'Todas las ciudades están poseídas' (Capitán Swing) sobre el espacio urbano, un hábitat que «se niega a la celestialidad», opina. Babel, Sodoma, Gomorra, Nínive, la Roma imperial... Todas fueron «la gran ramera», todas fueron «ingobernables», como lo son las grandes urbes contemporáneas, y con ese «demonio» que anida en las ciudades simpatiza este pensador que cita a Antonio Machado («yo vivo en paz con los hombres y en guerra conmigo mismo») para celebrar el conflicto, que «cohesiona» y que se convierte «en la materia prima de la ciudad, de la sociedad y de cada ser humano». «Desear una ciudad en la que no existan conflictos sería un error», apunta.
La acción colectiva, con las manifestaciones por la vivienda como último ejemplo, son una de las señas de identidad de las ciudades, sostiene Delgado. «En ciertas circunstancias, como Sol, pero también en una fiesta mayor o en una procesión de Semana Santa, se producen esta especie de cúmulos humanos que implican la fusión de personas que no se conocen, pero que llevan a cabo actuaciones compartidas que implican apropiaciones colectivas del espacio urbano. La lógica de Sol no es diferente a la de un acto religioso: la ritualización y la improvisación de una inteligencia colectiva que tiene sus lógicas y que funciona por leyes casi telepáticas, una conexión sin hilos que provoca que mucha gente haga lo mismo», explica.
La ciudad, define Delgado, es «la vida cotidiana, una máquina constantemente activada en que ocurren cosas, pequeños y grandes acontecimientos, que está en agitación, que no se detiene nunca». Y a su juicio, los problemas de las ciudades actuales (la gentrificación, la turistificación, el precio imposible de la vivienda, los desahucios) tienen un culpable: los urbanistas, que «trabajan a partir de un sueño, o mejor, de una alucinación, que les alimenta a construir ciudades perfectas en las que no hace falta que haya ciudadanos». La prueba, ironiza, es que los libros de premios a los mejores espacios públicos «muestran lugares en los que nunca hay gente o como mucho, una mujer paseando un carrito de niño para que todo parezca más amable».
El caso de Bilbao
Las tesis de Delgado son contraintuitivas, y también polémicas. Por ejemplo, pone muchas pegas a la transformación de Bilbao, un caso que habitualmente aparece como ejemplo de éxito. «Los vecinos de Bilbao pueden estar contentos porque tienen la perspectiva de que el precio de su vivienda ha subido si alguna vez tienen que deshacerse de ella. Ellos y sus hijos, si heredan, también se beneficiarán de una mejora que de pronto puede complicarse si aparecen personas de piel oscura porque por mucho que hagas urbanismo de calidad, en el fondo, esa presencia va a devaluar tu casa», expone el antropólogo.
«Ahora bien», continúa, «para la gente que tenga que pagar un alquiler, está clarísimo que ese espacio va a ser prohibitivo. Y entre esa gente estarán los hijos que no heredan, otros familiares, vecinos, amigos. ¿Cómo voy a estar en contra de que se lleven a cabo reformas que mejoren el entorno? Perfecto. La pregunta es si eso vale la pena sin que la contrapartida sea justamente la deportación de vecinos o de para ciertas capas sociales sea imposible residir allí. De lo que me quejo es de que me echen de mi barrio, de que no pueda vivir en él».
Se levanta Manuel Delgado contra «esos decorados que tratan de ocultar la pobreza» para «vender» porque «no hay nada que no esté sometido a la ley de la oferta y la demanda». Y de hecho, avisa: «Dentro de unos años, en las guías de viaje de Madrid, se animará a los turistas a que visiten Sol como el lugar en el que descubrirán el 'Madrid rebelde'. Pasará el tiempo y esto ocurrirá».
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