La actriz Gemma Cuervo durante una gala de premios.
Teatro Muere Gemma Cuervo a los 91 años, leyenda del teatro e icono televisivo gracias a 'Aquí no hay quien viva'La actriz catalana, una de las grandes damas del teatro español, fue pionera como empresaria de escena y conquistó a varias generaciones de espectadores.
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María Cantó Publicada 14 marzo 2026 18:06h Actualizada 14 marzo 2026 19:06hLa actriz Gemma Cuervo (Barcelona, 1934) ha fallecido este sábado a los 91 años en Madrid, según han informado a Efe sus familiares. "Con enorme tristeza comunicamos el fallecimiento de nuestra madre, la actriz Gemma Cuervo, tan querida y admirada por todos", ha señalado la familia en un comunicado remitido a los medios.
Las mismas fuentes han informado de que la capilla ardiente se abrirá este domingo 15 de marzo a partir de las 10:00 de la mañana en el tanatorio madrileño de La Paz.
Cuervo fue una de las grandes damas del teatro español, actriz de raza, empresaria pionera y rostro inolvidable de la televisión que atravesó más de seis décadas de escena sin perder nunca la curiosidad ni el amor por su oficio. "Nunca me gustó dar consejos. Siempre he creído en la libertad de cada uno para aprender la vida a su manera. Pero con los años una comprende algunas cosas", así se dirigía la actriz catalana hace cuatro días a los más jóvenes vía Instagram.
Gemma Cuervo (91), sobre la sexualidad en el cine: "En una película tuve que grabar 18 polvos contados"A lo largo de su extensa trayectoria, que comenzó en el Teatro Español Universitario y se consolidó muy pronto de la mano de Adolfo Marsillach, encarnó más de un centenar de personajes sobre las tablas, participó en una treintena de series y en más de sesenta películas, dejando una huella profunda tanto en el teatro como en el cine y la televisión españoles.
En 1969, junto a su marido, el también actor Fernando Guillén, fundó la compañía Gemma Cuervo–Fernando Guillén, con la que sostuvo un proyecto empresarial propio en tiempos de censura, acercando a los escenarios estatales textos de autores como Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Ana Diosdado, William Shakespeare o Edward Albee, que dieron al clan Guillén‑Cuervo el cariñoso apodo de "los Burton españoles".
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Trabajadora incansable, se definía a sí misma como alguien capaz de encadenar ensayos, funciones y rodajes "noche y día" sin descuidar jamás a sus tres hijos ni a su marido, convencida de que el teatro era para ella un "placer sin límites" y una auténtica "cura para el alma".
De carácter fuerte y temperamento luminoso, reivindicó siempre la dificultad añadida de abrirse camino como mujer en un oficio marcado por los prejuicios, pero también la dignidad con la que supo ejercerlo: aseguraba que la veían tan firme sobre el escenario que nadie se atrevió a cuestionarla, y que uno de sus mayores logros fue haber podido trabajar siempre desde el respeto, sorteando incluso los golpes de la censura sin renunciar a la naturalidad de los textos.
Sobre el escenario, Gemma Cuervo fue una intérprete poliédrica, dueña de una voz y una presencia capaces de habitar por igual el clasicismo y la modernidad. Dio vida a personajes de Lope de Vega (Los siete infantes de Lara, El castigo sin venganza), Valle‑Inclán (Águila de blasón), Federico García Lorca (Bodas de sangre), Fernando de Rojas (La Celestina) o Robert Patrick (Los hijos de Kennedy), entre otros muchos, y siempre insistió en que le resultaba imposible escoger un solo papel favorito porque había amado profundamente todos los trabajos que hacía.
Aitana Sánchez-Gijón vuelve a invocar la cruda pasión de 'La malquerida' 38 años despuésEn el ámbito audiovisual, fue un rostro popular de su tiempo y de los que vinieron después. En la década de los sesenta y setenta entró en las casas de millones de espectadores gracias a los espacios dramáticos de Televisión Española, como Estudio 1 o Gran Teatro, donde protagonizó títulos como Las brujas de Salem, La importancia de llamarse Ernesto o El castillo, compartiendo elenco con figuras como Concha Velasco, Lola Herrera o Rosa María Sardá, mientras el programa se consolidaba como un hito de calidad en la ficción televisiva.
En el cine, debutó en 1955 con La vida es maravillosa, de Pedro Lazaga, y participó en películas como Historia de una chica sola (Cántico), Best-seller: el premio o El mundo sigue, de Fernando Fernán Gómez, filme maldito en su estreno y hoy considerado una de las cumbres del cine español.
Gemma Cuervo, Mariví Bilbao y Emma Penella en 'Aquí no hay quien viva'.
Su popularidad se multiplicó con la televisión privada, al encarnar a personajes que han quedado grabados en la memoria colectiva. Para varias generaciones será siempre Vicenta, la entrañable jubilada de Aquí no hay quien viva (Antena 3), una “enamorada del amor” que la conectó con el público más joven, y a la que siguieron sus trabajos en Médico de familia y La que se avecina, series que la consolidaron como una actriz capaz de reírse de sí misma sin perder nunca la elegancia.
Ella misma reconocía que actuar suponía "una ruptura con la vida cotidiana" y que no había fuerza en el escenario sin el calor de ese público que "te quiere y está a favor de tu obra, por muy difíciles que sean".
Su trayectoria fue acompañada de un notable reconocimiento institucional y profesional. En 1965 recibió el Premio Nacional de Teatro a la mejor actriz, al que siguieron el Premio Ondas (1967), la Medalla de Oro de Valladolid (1968), nuevos Premios Nacionales de Teatro a la compañía Gemma Cuervo‑Fernando Guillén por campañas como Los secuestrados de Altona y La vida en un hilo, el Premio José Zorrilla de Teatro de Valladolid, el Premio Júbilo (2005), el Premio Ercilla (2011), la Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid (2018), el Premio Actúa (2018) y el reconocimiento de la Federación Española de Teatro Universitario (2020), entre otros.
La concesión del Premio Max de Honor en 2021, por unanimidad del comité organizador, subrayó definitivamente su condición de figura pionera y empresaria del teatro español, premiando su aportación, su entrega y su defensa de las Artes Escénicas al mismo nivel que nombres como Concha Velasco, Lola Herrera, Adolfo Marsillach o Antonio Buero Vallejo, que habían recibido el mismo galardón en ediciones anteriores.
Hasta sus últimos años, Gemma Cuervo se mantuvo fiel a una manera de entender la profesión que combinaba humildad y pasión. Se declaraba bendecida por haber podido trabajar con “los mejores actores de una generación”, convencida de que los cómicos son "un espécimen raro pero adorable" dispuesto a dar la vida por su oficio, y recordaba que casi nunca se había atrevido a rechazar un papel porque cada propuesta le parecía una bendición.