Si de verdad son ustedes paseantes de las librerías saben que solo estoy exagerando lo normal, que es mayor la coincidencia que la hipérbole
Regala esta noticia Añádenos en Google El interior de una librería. (Mireia Larrañaga) 12/09/2026 a las 00:10h.¿Seré yo quien critique el momento tan boyante que vive en España la edición y venta de libros? Por supuesto que no. ¿Pretendo aludir, ... a la falta de originalidad de las editoriales a la hora de elegir temáticas? En absoluto. ¿Es entonces esto una reflexión sobre por qué se venden se manera enrosquillada libros con semejantes portadas? Efectivamente.
El otro formato que se clona , lo que denota que se consume, es el de libros ubicados en algún establecimiento de hostelería cuqui: La tienda de té, la de pasteles, la cafetería... Seguida casi siempre del nombre de una ciudad evocadora: De Berlín, de Tokio, de Mar del Plata... Los títulos aquí se pastelizan lógicamente, aún más: «Corazones rotos en la tetería de Dublín» «El club de los pasteles de París» «La Cafetería de la señora Dubstein» (no saben el miedo que tengo de acertar con alguno de estos títulos y que coincidan con un libro que realmente existe. ¡Son tantos!«)
El tercero, creo que el que más me embebe, es el de libros protagonizados por gatos. Casi ya un género propio. Es tal la demanda que el título debe incluir inevitablemente la palabra gato, para dejar lo menos confuso al consumidor: «El gato que me miraba coser» «Cómo ser un gato» o, directamente, «El gato de la pastelería de Brooklyn» que suele tener, en su redondez, una portada de una mujer de espaldas a una fachada cuqui y, lo han adivinado, acariciando un gato.
Si de verdad son ustedes paseantes de las librerías saben que solo estoy exagerando lo normal, que es mayor la coincidencia que la hipérbole. Por eso me da que pensar que muchos lectores compran libros de vidas que quieren vivir y que antes eran aventuras de piratas en mundos lejanos o de espacios exteriores y ahora son aquellos mundos que, de nuevo, hemos perdido, el de la calma, el de la ausencia de prisa, el de la existencia inconsciente de un gato. Me da por apostar a que esos momentos de lectura arrancados al ansia por estar a todo evocan justo aquello que nos provoca nostalgia, aunque no lo hayamos vivido. Me da que el lector mira esos libros como se mira el porno, como algo muy diferente a tu vida real.
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