Equilibrar esta distribución tendría efectos positivos a nivel macroeconómico. Según el estudio, si se lograra igualar la participación laboral femenina en México, el PIB podría incrementarse hasta en un 3.7% hacia 2035.
No obstante, el documento identifica un problema central que, aunque comienza a visibilizarse, aún está lejos de resolverse. “El cuidado es un trabajo que no termina nunca y las ciudades no están diseñadas para cuidar, pero dependen del cuidado para funcionar. La mayor desigualdad no es solo económica: es la falta de tiempo”, señala. Los autores describen una creciente “pobreza de tiempo”, una condición en la que las personas cuidadoras carecen de espacios disponibles para sí mismas debido a la sobrecarga de responsabilidades.
“Llega un momento en que ya no tienes cabeza para la chamba. Te sientas y dices: ¿dónde está mi chamba? ¿Dónde están mis proyectos? Tu tiempo, tu energía, tu propia salud mental se va enfocada completamente a esto”, relató una cuidadora anónima entrevistada por la Fundación Friedrich Naumann, quien, además de atender a sus dos hijos, cuida de tiempo completo a su hermana diagnosticada con bipolaridad y a su madre con problemas de salud mental.
La sobrecarga, además de ser física, impacta otros ámbitos del desarrollo personal, como el económico y el emocional, como reflejan los testimonios incluidos en el estudio. “Es una montaña rusa. En un día puedes sentir todas las emociones”, afirma una médica de 25 años que, desde hace cinco años, cuida de manera permanente a su abuela con Alzheimer.
Ciudades que no cuidan a cuidadores
Esta situación se agrava en entornos urbanos mal diseñados, donde los largos traslados, la falta de infraestructura accesible y la dispersión de servicios convierten el cuidado en una tarea logística compleja y desgastante.
En la Ciudad de México, por ejemplo, una persona cuidadora que reside en la periferia puede destinar entre 25 y 60% más tiempo a traslados en comparación con alguien que no realiza estas actividades. En casos relacionados con servicios de salud, los desplazamientos pueden extenderse hasta seis horas en un solo día.
El futuro tiene nombre de mujerEn conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, reunimos las historias de las doctoras, científicas, emprendedoras, etc, que marcarán el futuro de México y el mundo. Un especial de WIRED en español.
ArrowProyectos que buscan igualdad
El documento destaca algunas iniciativas internacionales que buscan replantear la relación entre ciudad y cuidado mediante intervenciones urbanas concretas. Uno de los casos más relevantes es el de Bogotá, Colombia, donde se implementó el modelo de las ‘Manzanas del Cuidado’. Esta estrategia reorganiza servicios públicos en función de las necesidades de las personas cuidadoras, principalmente mujeres.
El programa contempla la instalación de servicios de salud, educación, alimentación y cuidado infantil en cada zona, con el objetivo de que sean accesibles a menos de 15 minutos a pie. Además, incorpora capacitación para el empleo y la creación de redes de apoyo comunitario.
En la Ciudad de México existe un esquema similar con las Unidades de Transformación y Organización para la Inclusión y la Armonía Social, también conocidas como Utopías. Estos centros ofrecen servicios gratuitos de salud, cultura y deporte. La red está integrada por 12 instalaciones y tres más en proceso, ubicadas en zonas periféricas con altos niveles de marginación urbana, lo que reduce la necesidad de traslados prolongados y disminuye costos. Este proyecto ha sido reconocido por ONU-Hábitat.
A pesar de sus diferencias, estas iniciativas comparten principios clave: la proximidad de los servicios, la corresponsabilidad entre gobierno, sector privado y comunidad, el fortalecimiento de redes locales y el uso de datos para diseñar intervenciones más eficaces. En conjunto, estos elementos permiten disminuir la carga del cuidado, no eliminándola, sino redistribuyéndola de manera más equitativa y sostenible.
El estudio concluye que las ciudades actuales no están diseñadas para cuidar a quienes cuidan, a pesar de que su labor es esencial para su funcionamiento. Por ello, plantea la necesidad de un cambio de paradigma en la planificación urbana, donde el objetivo no sea únicamente construir infraestructura, sino también liberar tiempo para las personas.
Finalmente, el documento subraya que el cuidado es el motor de la vida y de la economía, y que no debe entenderse únicamente como un asunto doméstico o asistencial. Advierte que hoy las ciudades tienen la oportunidad de inspirarse en casos exitosos e invertir en infraestructura, movilidad, vivienda y espacio público que optimicen el tiempo de las personas cuidadoras y mejoren su bienestar.