Naaja Nathanielsen, ministra de Recursos Minerales, Comercio, Energía, Justicia e Igualdad de Groenlandia. Imagen cedida
Europa Naaja Nathanielsen, ministra de Groenlandia: "EEUU no puede comprarnos como pueblo con un cheque, es insultante"La dirigente del socialista Inuit Ataqatigiit, pieza clave del Gobierno groenlandés, responde a las preguntas de EL ESPAÑOL cuando "el estrés empieza a disminuir un poco" en la isla: "Estamos intentando normalizar nuestra relación con Estados Unidos".
Más información:La OTAN lanza la misión Centinela del Ártico para aplacar las ambiciones de Trump sobre Groenlandia
Álvaro Escalonilla Publicada 24 marzo 2026 02:50hLas claves nuevo Generado con IA
Naaja Hjelholt Nathanielsen (Tasiilaq, 50 años) es hija de dos culturas. Su padre era groenlandés y su madre, danesa. Se conocieron en la costa este de la isla más grande del mundo. "Étnicamente soy en parte danesa, así que no tengo ningún problema con Dinamarca", dice. "Pero sí creo que Groenlandia necesita una mayor autodeterminación". Y añade: "Tener que interpretar dos culturas al crecer te hace muy consciente de las diferencias entre las personas".
Esta orgullosa hija de dos culturas es ministra de Empresa, Recursos Minerales, Energía, Justicia e Igualdad de Groenlandia desde 2021. Medio Gobierno (o Naalakkersuisut, según la denominación local) lleva escrito su nombre. La responsabilidad de los cargos no se corresponde, sin embargo, con el volumen de población de la isla, que ronda las 57.000 personas, sino más bien con su superficie, cuatro veces mayor que la de España.
La dirigente del socialista Inuit Ataqatigiit (Comunidad del Pueblo Inuit, en español) reflexiona sobre el último año vivido en Groenlandia, un territorio que, a pesar de sus temperaturas gélidas, bulle a la espera de definir su futuro ante las amenazas de anexión de Donald Trump, decidido a arrancar su soberanía a Copenhague.
Unos días después de responder a las preguntas de EL ESPAÑOL, Nathanielsen hará público su interés en presentarse a las elecciones legislativas anticipadas de Dinamarca, que se celebran este martes a la sombra de las tensiones en Groenlandia. Si obtiene uno de los dos escaños del Folketing (Parlamento) en juego, renunciará a sus cargos en el Gobierno. Cerrará una etapa.
Una persona pasa junto a un cartel electoral de un candidato a las próximas elecciones danesas, en Nuuk. Tim Barsoe Reuters
La guerra en Irán ha relegado a un segundo plano la crisis en Groenlandia. ¿Están algo más tranquilos?
Sí y no. El conflicto de fondo con Estados Unidos sigue siendo el mismo. Tenemos una diferencia fundamental de perspectiva en lo que respecta al derecho de Groenlandia a la autodeterminación, y eso no ha desaparecido. Esa diferencia fundamental existía, por cierto, antes de Trump. No es algo nuevo. De todos modos, es cierto que la atención mediática se ha reducido estos días.
¿Qué valoración hace del conflicto en Oriente Próximo?
No puedo hablar como representante del Gobierno de Groenlandia porque no llevo la política exterior, aunque debo decir a nivel personal que lo sigo muy de cerca. Tengo muchas preocupaciones, y todos vamos a sentir las consecuencias. De hecho, ya las estamos sintiendo en todo el mundo, y sólo va a ir a peor. Encuentro bastante comprensible la postura de España. No es que simpaticemos con el régimen iraní, es que no se puede entrar en un conflicto tan complicado e intentar resolverlo sin tener un plan. Es necesario articular una coalición más amplia de la que estamos viendo en este momento.
Dice que "para un groenlandés, la idea de ser comprado o vendido como una mercancía, o incluso ser tomado por la fuerza y ocupado por otro país, es simplemente surrealista". Pero la amenaza ha sido –y todavía es– real.
Sí, sigue siendo real y yo sigo sintiéndolo de una forma muy intensa. No se puede comprar a un pueblo. No se nos puede entregar un cheque y decir "ahora sois estadounidenses". Es extremadamente insultante. Tampoco se puede comprar una cultura o borrar una historia o un pueblo porque se quiera anexionar una propiedad o un territorio. Este tipo de retórica es una voz del pasado, muy, muy del pasado, que pensaba que habíamos dejado atrás.
"Si Trump ataca, sería el fin de muchas grandes alianzas"
Trump ha descartado recurrir a la fuerza para imponer su voluntad en Groenlandia, pero es algo que ha hecho en Venezuela y que está tratando de hacer en Irán. ¿Por qué Groenlandia iba a ser diferente?
Nosotros somos aliados de Estados Unidos, y en este momento estamos en diálogo con Estados Unidos. Es algo que apreciamos. Como los españoles, somos aliados de muchas formas, y dependemos unos de otros por distintos motivos, así que no me opongo a la idea de formar una alianza.
¿Entonces?
Necesitamos encontrar un encaje en este nuevo orden mundial en el que los aliados no sean necesariamente amigos o no compartan los mismos valores o metas. Para muchos países es complicado lidiar con eso. Tanto en Europa como en Canadá he percibido algunos intentos por resolver esa cuestión.
¿De verdad cree que los países europeos defenderían Groenlandia en caso de que Trump consume sus amenazas?
Si se llegara hasta ese punto, estaríamos ante una situación completamente nueva. No puedo pronunciarme. Sería el fin de muchas grandes alianzas y de una buena historia que durante décadas ha beneficiado tanto a Europa como a Estados Unidos. Sería triste que ocurriera.
¿Ocurrirá?
No entraré en el terreno de la especulación. De todos modos, podemos encontrar —y ya hemos encontrado— cierto terreno común. La decisión del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, de tener una presencia permanente en el Alto Norte y el Ártico es un paso en la dirección adecuada, como también lo es el diálogo en curso.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, Estados Unidos, el 13 de marzo de 2025. Evelyn Hockstein Reuters
¿En qué consiste el "acuerdo marco" para el futuro que Trump alcanzó con Rutte en Davos?
No tenemos tanta información sobre ese acuerdo marco. Eso tendría que preguntárselo a Mark Rutte, porque, como él mismo reconoció ese día, no está capacitado para hacer ningún anuncio en nombre del Reino de Dinamarca. Ese no era su objetivo. Sospecho que se refería a la presencia permanente de la OTAN en el Alto Norte.
The New York Times y otros medios informaron de que podría implicar la transferencia de soberanía sobre pequeñas bases militares estadounidenses, algo que ya figuraba en el acuerdo de defensa de 1952 con Dinamarca.
Como he mencionado, Mark Rutte no puede hacer concesiones en nombre del Reino de Dinamarca. No lo ha hecho, y fue bastante claro al respecto justo después de su reunión con Trump.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, aseguró que no había habido ningún tipo de negociación para discutir una transferencia de soberanía. ¿Puede confirmarlo?
Absolutamente. Puedo confirmar las palabras de Mette Frederiksen y también las de nuestro primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, que también ha sido muy claro al decir que tenemos líneas rojas, que tienen que ver con la soberanía y el derecho a la autodeterminación.
"El pueblo de Groenlandia no confunde al estadounidense de a pie con EEUU o la Administración Trump"
¿Usted se ha sentado a hablar o ha mantenido alguna conversación telefónica con algún miembro de la Administración Trump en el último año?
Eso no me corresponde a mí. Tendría que preguntárselo a mi primer ministro. Pero, por supuesto, sí tengo reuniones con estadounidenses, aunque no con gente de la Administración. Nos reunimos con el embajador de Estados Unidos ante el Reino de Dinamarca. Nos visitó en diciembre. También me he reunido con varios inversores.
¿Han servido de algo esos contactos?
Estamos intentando normalizar nuestra relación con Estados Unidos, y tenemos que hacer que el día a día transcurra lo mejor posible. Damos la bienvenida a ese diálogo más tradicional, en la línea del viejo manual diplomático.
¿Percibe hostilidad hacia Groenlandia entre ciudadanos, diplomáticos o inversores de Estados Unidos?
No he presenciado nada en ese sentido. Sé que ha habido algunas preocupaciones del lado estadounidense cuando algunos turistas decidieron no venir a Groenlandia, pero eso sucedió cuando el ambiente estaba más caldeado. El pueblo de Groenlandia no confunde al estadounidense de a pie con Estados Unidos o con la Administración Trump.
Donald Trump Jr. frente a la estatua de Hans Egede en Nuuk, Groenlandia, durante una visita privada. @DonaldJTrumpJr
¿Y a la inversa?
Hay mucha suspicacia hacia los estadounidenses y sus intenciones en Groenlandia, y también algo de enfado. Pero no he visto ni oído ningún incidente en el que los estadounidenses no fueran bienvenidos o no fueran tratados con civismo aquí.
¿Ha detectado usted o su Gobierno alguna campaña de influencia en redes sociales para generar un clima de opinión favorable a Estados Unidos?
Hay personas que intentan influir, individuos particulares que intentan impulsar de algún modo cierto relato. No lo veo como una campaña dirigida por un Estado. Ha habido algunos casos, es cierto, pero Groenlandia es muy transparente porque todo el mundo se conoce. Lo detectamos rápidamente.
¿Le preocupa?
Lo que más me preocupa es la fuerza que tienen las grandes tecnológicas y las redes sociales. Factores como el shadow banning y los cambios en los algoritmos suponen una verdadera amenaza para Groenlandia. De hecho, ya lo hemos visto en otros países europeos que han sufrido campañas online para tratar de imponer un relato. Es, por ejemplo, el método ruso.
"La crisis provocó mucha ansiedad en nuestros niños y mayores, y eso para mí es muy difícil de perdonar"
¿Su Gobierno intenta contrarrestar este tipo de campañas de influencia?
Es algo de lo que la gente habla. Somos muy pocos, 57.000 personas, y hay mucha gente en Facebook y en otras redes sociales, y hablamos. No sé de dónde viene usted, pero en Groenlandia las noticias vuelan rápido, la información se difunde.
Dice que esta crisis ha supuesto, sobre todo, una carga de trabajo adicional.
Ha sido absolutamente frenética. Puedo hablar por todos los miembros del Gobierno de Groenlandia: no hemos tenido días libres. Hemos estado trabajando sin descanso, ya sea en reuniones, viajando por el mundo, asegurándonos de estar en contacto con la población, con las comunidades locales. Ha sido muy, muy intenso.
Ha bajado el suflé, por fin.
El estrés empieza a disminuir un poco, sí. Sigue habiendo un conflicto, como he mencionado antes, pero ahora es más manejable.
"Siempre supimos que había un conflicto latente con EEUU"
¿Cómo lo han llevado los groenlandeses?
Ha habido mucha ansiedad, mucha preocupación. En especial si vives en Nuuk. La gente suponía que los estadounidenses pondrían el foco aquí en caso de que el conflicto escalara. No es que no hubiera miedo en otras ciudades de Groenlandia, pero es en Nuuk donde tenemos el consulado estadounidense y la sede del Gobierno.
¿Y su familia?
Hemos hablado del tema, y hemos tenido que lidiar con miedos y preocupaciones. La crisis provocó mucha ansiedad en nuestros niños y mayores, y eso para mí es muy difícil de perdonar. Es lo que más me enfadó. Ningún niño debería preocuparse de que su país sea invadido. Ningún niño debería preocuparse por su propia seguridad o la de sus familias y amigos.
¿Cómo diría que ha cambiado Groenlandia en el último año?
Siempre supimos que había un conflicto latente con Estados Unidos sobre el acceso a Groenlandia y nuestro derecho a la autodeterminación. Durante décadas supimos que Estados Unidos tendría algo que decir sobre nuestras decisiones. Este último año ha quedado claro para muchos groenlandeses. De repente, muchos han entendido qué significa este gran vecino para nosotros o qué poder ejerce sobre nosotros.
Un electrochoque.
Ha sido un despertar brusco que ha cambiado nuestra comprensión de nuestra propia posición en el mundo. La crisis ha cambiado la forma en la que hablamos entre nosotros y la manera en que se configura la política, las prioridades que tenemos y los debates que mantenemos.
¿Sigue siendo la preocupación principal de la sociedad groenlandesa?
Es el gran tema, por supuesto, pero al final mucha gente sigue preocupada por las cuestiones del día a día, como en todo el mundo: cómo es el colegio de mis hijos, cómo está la Sanidad, cómo cuidamos de las personas más vulnerables de nuestra sociedad, qué pasa con la inflación. Los asuntos cotidianos forman parte de la vida diaria.
"Ojalá no tengamos que elegir nunca entre Dinamarca o EEUU"
¿Ha ralentizado la crisis el proceso de independencia?
No lo creo. Puede que haya cambiado el marco, pero desde hace 300 años la mayoría en Groenlandia hemos trabajado por más autodeterminación. Eso lleva ocurriendo mucho tiempo, aunque no tengamos una fecha final en mente. La mayoría está contenta dentro de Dinamarca, pero quiere más autodeterminación. Quiere cambios, pero no está preparada para abandonar el Reino.
¿Y de qué manera ha influido?
En Dinamarca se han dado cuenta ahora de que, cuando hablamos de autodeterminación o de independencia, hablamos de algo más matizado de lo que pensaban. Mucha gente no entiende los diferentes niveles del debate en Groenlandia. Sigue habiendo gente que quiere la independencia exprés, y sigue habiendo una mayoría que quiere cambios profundos sin dejar de formar parte del Reino de Dinamarca. También hay gente contenta con cómo marchan las cosas, claro. Esas posiciones no han cambiado.
Fue llamativo escuchar a su primer ministro decir que, si tuviera que elegir, preferiría seguir siendo parte de Dinamarca antes que formar parte de Estados Unidos. ¿Coincide?
Puedo hablar por una mayoría en Groenlandia que siente justo eso. Ojalá no tengamos que elegir nunca. Seguimos insistiendo en que somos nosotros quienes decidimos; no Estados Unidos, no Dinamarca. La ley de autogobierno recoge que, como pueblo, podemos tomar esa decisión de forma libre. Pero no veo ningún apetito en Groenlandia por convertirse en parte de Estados Unidos.
"Somos un país pequeño, y la Unión Europea está demasiado regulada. No es para nosotros"
¿Cómo evalúa la actuación del Gobierno de Frederiksen? ¿Ha estado a la altura?
En lo que respecta a esta crisis, hemos estado en el mismo punto, juntos, con la misma voz. Hemos estado alineados en nuestras posiciones desde principios de enero, y eso ha funcionado. Nuestros objetivos finales pueden ser distintos. Nosotros queremos mantener el derecho a tener nuestra propia opinión y nuestra propia autodeterminación, y por supuesto la primera ministra Mette querría que las cosas siguieran como hasta ahora.
¿Aprovechó el momento Frederiksen para anticipar las elecciones legislativas en Dinamarca y capitalizar la crisis?
Puede que influyera, pero no lo creo. Al final, los partidos en el Gobierno de Dinamarca interpretaron que era el momento oportuno para convocar elecciones. Prefiero no entrar en la esfera política danesa. Ellos hacen lo suyo, y nosotros lo nuestro. Aunque es cierto que hubiéramos preferido que los comicios fueran un poco más tarde, y no en mitad de la crisis. Agradecemos, en cualquier caso, que la campaña electoral sea corta, así podremos volver pronto al trabajo.
Las amenazas de Trump les han acercado como nunca antes a Dinamarca y sus socios europeos. ¿Se plantean regresar a la UE?
No, no lo hemos hecho. Hay mucho en juego que no tiene que ver con la política en sí. Somos un país pequeño, y la Unión Europea está demasiado regulada. No es para nosotros. Nuestra política pesquera es algo que impediría a muchos groenlandeses votar a favor de entrar en las instituciones comunitarias.
¿No tendría apoyo?
No veo apetito por ello, por muchos motivos y en muchos niveles. Estamos muy contentos con nuestra estrecha relación con la Unión Europea en muchos ámbitos, ya sea minerales, educación o investigación. Pero para nosotros ser miembros no sería necesariamente algo positivo. Seríamos una piecita muy pequeña de una gran maquinaria.
"El interés de Estados Unidos por Groenlandia es antiguo. No es sólo Trump, existía mucho antes"
¿Por qué?
Porque tendríamos que cumplir las normas y regulaciones europeas, y no hay mucha flexibilidad dentro de la UE. Es un vehículo que se mueve despacio, y apreciamos mucho la posibilidad de movernos más rápido en algunos asuntos. Tomamos la decisión correcta cuando salimos de la entonces Comunidad Europea, por más que disfrutemos de nuestra colaboración con Bruselas.
¿Hasta qué punto que el interés de Trump en Groenlandia viene motivado por los recursos naturales?
Puede que tenga cierto peso, pero no creo que sea el motor principal, aunque se ve que hay grupos dentro de la Administración de Estados Unidos muy centrados en el acceso a los minerales y a las rutas comerciales. Lo hemos visto en Venezuela, en Panamá, en Ucrania, en Canadá... y lo hemos visto en Groenlandia.
En la Estrategia de Seguridad Nacional que publicó en noviembre el Departamento de Estado ni siquiera se menciona a Groenlandia.
No estoy segura de hasta qué punto estos documentos están trabajados a fondo, pero es evidente que también existe un componente relacionado con la seguridad nacional. Formamos parte de su esfera de interés, y lo entendemos: es una cuestión real que los estadounidenses quieren discutir. Luego está, por otro lado, el marcador o la ideología imperialista y nacionalista que también da forma a algunas políticas sobre hacer a Estados Unidos más grande, incluso físicamente. Como he mencionado, el interés de Washington por Groenlandia es antiguo. No es sólo Trump, existía mucho antes.
Una de las justificaciones de Trump para hacerse con la soberanía de Groenlandia es contrarrestar la influencia de Rusia y China, pero ¿qué influencia tienen Rusia y China en Groenlandia?
Ninguna, y hemos dejado claro que ese es también nuestro objetivo, que siga siendo así. Hemos impulsado las sanciones contra Rusia desde el primer día. No estamos obligados a hacerlo de la misma manera que la UE, porque no formamos parte de ella, pero hemos seguido las sanciones impuestas por Bruselas y hemos ido más allá deteniendo nuestras exportaciones pesqueras a Rusia, y eso que estos productos no estaban incluidos en las sanciones.
Entrenamiento ártico básico en Groenlandia el pasado febrero. Ritzau Scanpix/Bo Amstrupvia REUTERS
¿Y en cuanto a China?
Es un competidor en el sector de los minerales, así que lo veo más como retórica que como algo concreto y real. Aunque debemos asegurarnos de que siga siendo así en el futuro.
Pero ¿tienen algún tipo de relación?
Tenemos una exportación a China de la que estamos muy satisfechos en lo relativo a nuestros productos del mar, pero no vemos interés en invertir por su parte. Además, tenemos una política de no ceder nuestra infraestructura a ninguna potencia extranjera. Hemos observado "la maldición de los recursos" que existe en algunas partes de África, y por eso hemos elaborado nuestra propia legislación en minería y energía. No queremos acabar en la misma situación. De hecho, hemos ido por delante de varios países europeos en esta cuestión, y también de Estados Unidos, que ahora ha permitido a Rusia vender petróleo [para mitigar la subida del precio del crudo tras el cierre del estrecho de Ormuz], cosa que nosotros nunca haríamos.
En mayo del año pasado advirtió de que, si Estados Unidos y Europa no se comprometían con Groenlandia, la isla se vería obligada a buscar apoyo de "otros países", incluyendo China. ¿Lo mantiene?
No, eso es incorrecto. Creo recordar que fue el Financial Times quien recogió esas declaraciones, pero nunca mencioné eso en el artículo, y se lo aclaré a ellos también. Lo que dije fue "otros países", no "China". Me refería a Canadá, Australia, Reino Unido... a otros socios con ideas afines. Estábamos hablando de nuestra estrategia de política exterior, en la que mencionamos que queríamos desarrollarla con socios de mentalidad similar.
Entonces, no lo dijo.
No lo dije. Debe de haber una transcripción en algún lugar, así que está bien tener ahora la oportunidad de corregir al Financial Times a través de vosotros.