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La actriz Natalia Oreiro recibe la Biznaga de Honor en el Festival de Málaga. Marilú Báez Natalia Oreiro, estrella del cine argentino: «Sigo siendo aquella niña de Miraflores de los Ángeles»La artista recibe la Biznaga de Honor en el Festival de Málaga y presenta 'La mujer de la fila', una película que pone el foco en las familias de personas privadas de libertad
Viernes, 13 de marzo 2026, 18:45
... el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre ante un grupo de internos. Todavía sonríe al recordar el comentario que le hizo uno de ellos al terminar la proyección. «Me dijo: 'Te veo futuro como actriz'», cuenta divertida. Dice que ese tipo de momentos son los que más le emocionan, cuando alguien que no conoce su trabajo se conmueve con lo que hace sin saber quién es ella.–Tengo entendido que viviste en Málaga cuando eras pequeña. Volver ahora al festival para recibir este reconocimiento, ¿tiene algo de regreso emocional?
–Sí, totalmente. Ayer estaba sentada en una plaza pensando qué iba a decir cuando me entreguen el premio y de repente entendí algo muy simple. Yo soy esa niña que vivía en Miraflores de los Ángeles, en un barrio lleno de ropa tendida en las ventanas y madres esperando a la salida del colegio. Esa es Natalia, todo lo demás son personajes que hago. Volver aquí me hizo reconectar con una parte de mí que había olvidado.
–¿Recuerdas tu infancia aquí como algo feliz?
–Para mí sí fue feliz, aunque para mis padres fue muy duro. Había mucho desarraigo y nos volvimos a Uruguay después de dos años. Veníamos de una situación complicada y ellos buscaban trabajo.
–La Biznaga reconoce una trayectoria que ha pasado por el cine, la televisión, la música e incluso la moda. Cuando miras atrás, ¿hubo alguna decisión que cambió el rumbo de tu trayectoria?
–Sí, cuando decidí dejar la música. Yo empecé como actriz y en mi primera película tuve que cantar una canción. El tema funcionó muchísimo y, de repente, me ofrecieron grabar un disco y luego otro. Todo pasó muy rápido. Pero llegó un momento en que sentí que no me estaba encontrando con lo que querían que hiciera, porque yo quería ser actriz dramática. Tenía 22 años y decidí rescindir mi contrato discográfico, aunque eso significaba firmar que durante diez años no podía grabar discos.
–Después de tantos años trabajando, ¿qué te hace decir que sí a un proyecto?
–En el caso de 'La mujer de la fila' me interesó mucho que el relato pone el foco en lo que ocurre fuera de la prisión, en las mujeres y madres de quienes están presos, porque muchas veces la sociedad las juzga como si ellas también fueran culpables y eso me parece profundamente injusto.
–¿Crees que el cine puede ayudar a repensar esas historias?
–Exacto, con los años he aprendido a entender el cine como algo profundamente colectivo, donde no solo importa lo que queremos expresar, sino también la forma en que esa experiencia dialoga con quienes están al otro lado de la pantalla. Por eso cada vez me interesa más escuchar, porque muchas veces no escuchamos para comprender, sino para responder.
–La película muestra a quienes esperan durante horas para visitar a sus familiares en prisión. ¿Por qué casi siempre son mujeres?
–Porque la mayoría de las tareas de cuidado recaen sobre nosotras. Muchas tienen lo que llamamos triple jornada laboral: trabajan fuera de casa, sostienen el hogar y además cuidan de toda la familia. Y cuando alguien está preso, casi siempre son ellas las que siguen estando ahí. Es muy raro que una abandone.
–A pesar de la dureza de la historia, también aparece algo muy bonito, esa comunidad que se crea entre ellas. ¿Te interesaba mostrar esa red de apoyo?
–Sí, y lo más fuerte es que muchas de las mujeres que aparecen en la película no son actrices profesionales, sino personas que viven esa situación en la vida real. Creo que lo más bonito es que se sintieron vistas. Muchas no podían hablar de lo que les pasaba, porque decir que tienes un hijo o un marido preso implica un juicio inmediato por parte de la sociedad. La película, de alguna manera, les dio un espacio para contar lo que viven.
–Durante años también has sido un icono estético para toda una generación. ¿Te hace gracia pensar en eso?
–Me hace gracia porque nunca fui muy consciente. Siempre me divertí mucho con la moda y con la estética, sobre todo cuando hacía videoclips o sesiones de fotos. Una nunca sabe realmente si lo que hace impacta en alguien. Lo descubres después, cuando alguien te dice que se cortó el flequillo por ti o que te tenía como referente.
–Después de tantos personajes, ¿hay algo que todos tengan en común contigo?
–Creo que todos tienen algo mío. Al final lo más valioso que puedo darle a un personaje es mi verdad. Si algo no me toca como mujer, como madre o como persona, no funciona. En el cine la cámara está tan cerca que enseguida se nota cuando algo no es genuino. Durante mucho tiempo intenté desaparecer dentro de los personajes. Ahora creo que lo interesante es justamente lo contrario.
–¿Es inevitable que algo de Natalia se cuele en cada personaje?
–Sí. Porque lo único real que tengo para ofrecer es mi emoción.
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