Despídete de la morriña y la 'saudade'. Dos psicólogos nos explican cómo usar esta filosofía oriental para entrenar la mente y recordar sin dolor
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 18/09/2026 Actualizado a las 00:03h.En Galicia se lo conoce como morriña y en Portugal como saudade. Dos palabras para expresar un mismo sentimiento: la ráfaga de melancolía que nos ... eriza la piel cuando recordamos lugares o personas que en su día amamos con todo nuestro ser y que ahora se encuentran demasiado lejos, tanto en la distancia como en la memoria. En el fondo, no deja de ser una añoranza de momentos pasados que, por una u otra circunstancia, ya no volverán. Y es ahí cuando nos asalta la tristeza sin avisar, con una punzada de dolor directo al corazón. Una sensación, ¿inevitable? No del todo, porque si fuésemos japoneses nuestra reacción sería muy distinta.
Todas estas conductas están basadas en diferentes conceptos enraizados en alguna de las escuelas filosóficas o tradiciones religiosas niponas. Es el caso de 'natsukashii', que se podría traducir como nostalgia feliz. Su nombre ya lo dice todo. Nada que ver con lo que solemos hacer en occidente: caer en la depresión porque ya no podemos volver a disfrutar de algo o de alguien que echamos de menos. Para los japoneses, se trata de todo lo contrario: provocar un sentimiento agradable capaz de mecer los corazones con dulzura. Incluso llega a arrancar una plácida sonrisa a las personas que lo experimentan.
Si se hace bien, el 'natsukashii' aparca nuestros sentimientos de tristeza para experimentar alegría y paz mental al recordar momentos felices de nuestra existencia, como cuando algo nos evoca una comida de la infancia, nos encontramos con una fotografía de hace años o vemos algún objeto de épocas pasadas. Es como volver a revivir estos momentos irrepetibles en la memoria con ternura y sin mayores connotaciones negativas, aunque sea inevitable sentir una pizca de tristeza por aquello que hemos perdido.
¿Cómo se logra semejante transformación? A través del agradecimiento y no de la amargura. Agradecimiento por aquellos lugares donde crecimos o por conocer a esas amistades que en su momento nos hicieron tan felices. De hecho, dar las gracias es uno de los pilares de la forma de ser típicamente japonesa. Por ello, no resulta extraño que se utilice también como vía de escape cuando la melancolía nos atrapa.