La Granizada | Nika Raku
«Necesitaba un nombre de superheroína»Nina Raku, cantante
Regala esta noticia Añádenos en Google Junto a una obra de Kiko Miyares en Mármol & FA, donde trabaja. (Migue Fernández) 29/07/2026 a las 00:23h.Necesitó crear a Nina Raku para atreverse a ser ella misma. Bajo ese nombre artístico conviven la disciplina del conservatorio y la experimentación, Antequera y ... Madrid, la electrónica y una vulnerabilidad que convierte en fuerza cuando canta. Cristina Lara, su nombre real, habla de identidad, arte y de esa doble vida que la lleva de la gestión cultural, en segundo plano, a los focos sin dejar de ser la misma persona.
–Un buen día sentí que era el momento de empezar de una manera más profesional en la música. Llevaba haciéndolo toda la vida: desde pequeña estudié en el conservatorio, daba algún bolo... Pero sentí que necesitaba un nombre de superheroína para hacer lo que Cristina Lara no podía hacer. Que lo hiciera Nina Raku.
–Parece tranquila, pero se transforma por completo sobre el escenario. ¿Cómo explica ese desdoblamiento?
–Me viene muy bien porque cuando me interesa ser Nina, soy Nina, y cuando quiero ser Cristina, soy Cristina. Tener esa faceta de Nina, que tampoco es un personaje porque sigo siendo yo, me permite hacer cosas que en mi día a día no hago: bailar en un concierto, tirarme al suelo o atreverme con cosas que fuera del escenario no me salen.
–¿Es una especie de escudo?
–Más que un escudo, es una vía para ser yo misma de verdad. Cuando soy Nina soy más yo que nunca. Todo lo que desde pequeñita quería ser lo reflejo ahí. Más que un escudo, creo que es una puerta.
–¿Cuándo descubrió que quería dedicarse a esto?
–Siempre estuvo ese sueño dentro de mí, pero recuerdo que, cuando terminé la carrera, empecé a trabajar y me independicé. Llegó un momento en el que me di cuenta de que me había equivocado. Estaba muy triste y no entendía por qué. Lo que pasaba era que estaba tapando una parte de mí que era muy importante. Un día senté a mi familia a la mesa y les dije: «Quiero ser artista». Todos respiraron tranquilos porque pensaban que iba a dar una mala noticia. Me sentí muy apoyada y muy querida.
–¿Siente que lleva una doble vida?
–Durante mucho tiempo pensaba que, si trabajaba en gestión cultural, no podía permitirme cantar porque parecía poco profesional. O que, si venía de la música clásica, no tenía sentido hacer pop. Eran prejuicios que no tenían ningún sentido. El día que hice las paces con todas esas pequeñas partes que me conforman y las junté, me di cuenta de que, sorpresa para nadie, todo era yo. Y podía mezclarlo como me diera la gana. Creo que es muy bonito nutrirse de todas las partes que conforman la vida de alguien. Y tengo la suerte infinita de que mi trabajo también está relacionado con el arte. Me nutro constantemente de referentes de la pintura...
–¿Como cuáles?
–Me encanta Marion Peck. Tiene un lenguaje muy surrealista que creo que puede trasladarse perfectamente a la escritura de canciones. También me interesa Van Minnen. Es capaz de convertir lo desagradable en algo bello. A mí eso, a nivel de letras, me fascina.
–De hecho, su primera canción se titula 'Dos cucarachas', seguramente el insecto que más rechazo provoca.
–Fue liberador. Tenía a Van Minnen muy presente cuando la escribí. Me apetecía coger algo muy desagradable y convertirlo en un tótem. Fue la canción con la que arranqué el proyecto. Todo lo que sea resignificar cosas y llevármelas a mi terreno me encanta.
«Hoy estoy muy Nina, pero mañana, a las ocho de la mañana, enviando un correo, seguramente estaré muy Cristina»
–Con tantas dualidades (Cristina y Nina, la música clásica y la electrónica, Málaga y Madrid), ¿hay peleas entre las dos?
–Claro que sí, a veces las hay...
–¿Y cuál gana?
–Depende del día. Hoy estoy muy Nina, pero mañana, a las ocho de la mañana, enviando un correo, seguramente estaré muy Cristina. Con el tiempo he descubierto que vivir a caballo entre esas dos partes me enriquece más de lo que me perjudica. Intento no enfrentarme a esa dualidad, sino aceptarla.
–¿Cuál ha sido el verano de su vida?
–Creo que el del año pasado. Ya existía de verdad el proyecto de Nina Raku. Fueron los primeros conciertos, seguía componiendo... Fue un verano muy dulce porque estaba entre Málaga y Madrid, viajando con amigos de un sitio a otro. Cuando me permito aburrirme y vivir, también me permito crear. Cuando el cerebro respira, la creación respira también. Por eso fue uno de los mejores veranos de mi vida.
–Recomiéndenos un disco para escuchar este verano en el coche.
–Estoy muy enganchada al último disco de Soleá Morente. Me tiene completamente atrapada. También escucho mucho a Judeline. En verano no me apetece escuchar solo música fresca; también disfruto de discos intensos.
–¿Y un libro?
–Estoy leyendo 'La sociedad del espectáculo', de Guy Debord, y me está interesando muchísimo. Parece que en verano hay que leer cosas ligeras, pero precisamente es cuando más tiempo tienes para enfrentarte a lecturas más densas. Y hace muy poco terminé 'Leche cruda', de Ángelo Néstore. Me encantó y lo recomiendo muchísimo.
–¿Un lugar para desconectar?
–Ayer me fui con el coche al Peñón del Cuervo cuando ya no quedaba nadie. Estaba cayendo el sol y fue un momento muy bonito. Está cerca de casa y para mí es un sitio perfecto para respirar.
–¿Qué le aporta la formación clásica que recibiste?
–Como muchos de los que hemos pasado por el conservatorio, terminé con cierto rechazo e incluso un pequeño trauma hacia el instrumento, pero me ha dado una visión mucho más amplia para entender la música. Tengo muy interiorizados muchos patrones y reglas que luego puedo llevar al pop. Ahora todo sale de una manera mucho más natural e inconsciente. Es como aprender un idioma: al principio piensas cada palabra y después simplemente hablas. Con la música me ocurre igual.
–¿Y por qué el violonchelo?
–Quería tocar la guitarra, pero ya no quedaban plazas. En mi cabeza de niña de ocho años pensé que el violonchelo se parecía un poco a una guitarra y, además, me parecía más bonito que un violín. Así que elegí el violonchelo. Pero nadie en mi familia viene de la música. Fue algo totalmente impulsivo.
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