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Política

Negar un minuto de silencio, que la paz sea con vosotros

Negar un minuto de silencio, que la paz sea con vosotros
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Feijóo denuncia que la emoción ciudadana por la muerte de Maricarmen también es una forma de manipulación Leer

Estaba la Puerta del Sol extraña en la mañana. La noticia de la muerte de Maricarmen Abascal lo prendió todo: los ánimos, la política, la necesidad de resistir, la legitimidad de la protesta, las faltas de respeto a la difunta, la bestialidad de los bárbaros, la ausencia ya de equilibrios. Una mujer ha muerto después de siete años de violencia inmobiliaria. Una ciudadana de 87 años con pago al corriente de su contrato de alquiler heredado. No hace falta ser forense para deducir que ha muerto de puro acoso administrativo. Por la exacta urgencia sin escrúpulos de una «pyme» buitre que no pudo esperar aunque la muerte soplaba ya su oído. La campaña electoral empezó ayer, a eso de las nueve de la noche, cuando llegaron los urgentes del periódico anunciando el asunto. Una campaña peor aún que las peores. Eso seguro.

La campaña empieza también ante la indiferencia del PP de Madrid al negar, en el Senado y la Asamblea regional, el minuto de silencio por una víctima de desahucio resuelta en símbolo, pues alguien tenía que empezar esto. De las muchas personas molturadas por lo mismo, una mujer sola da nombre a todas. Ni un minuto de silencio le concedieron. Ni un minuto de humanidad. Ni un minuto para la decencia de hoy sin esperar a mañana. Porque sabemos que todos los partidos gobiernan para todos para todos. Alberto Núñez Feijóo dice: «No vamos a permitir el intento de manipulación emocional a los ciudadanos». Vaya por dios. Que alguien le diga a este hombre que los ciudadanos nos emocionamos solos, sin necesidad de guion, por estímulos naturales. La muerte de Maricarmen no me parece una fatalidad, sino una muerte anunciada. A quién no. Sólo hay que forzar a una anciana a abandonar su casa después de machacarla y brindándole como alternativa una residencia no sé dónde o la puta calle. A lo mejor se refiere a eso, a la indiferencia. Lo que Feijóo prefiere en nosotros es neutralidad, indolencia, desgana ante la emergencia de un abuso. Vale.

Desconozco si habrá pasacalles de pegada de carteles para estas generales de noviembre, pero en Sol hace 10 o 12 días que los cartones y las lonas traen un mensaje para todos ellos. Del Congreso salió el fracaso abundante de los decretos y al Congreso volverá el cartón escrito por la gente recordándoselo a unos y a otros. Para lo que no hay posibilidad es para el bestialismo de ofender a un cadáver de anciana zarandeada. Han empezado la campaña exactamente por el lado que no es. Están aliviando trabajo a Pedro Sánchez. Con lo que da de sí la 'Ndrangheta calamitosa de Leire Díez una vez que le levantaron el antifaz de «periodista de investigación». Y los indicios chungos que ve la Fiscalía Anticorrupción en el partido... Todo es feo. Bufo. Vulgar. Pero Feijóo ha logrado empeorarse al salir diciéndole a la gente que su legítima emoción es un emplasto manipulado. Eso es llamar imbécil gratis al personal e incluye a los votantes decentes de la derecha que también se saben emocionar.

En esta pirotecnia no queda un hueco. A mitad de tarde otra alarma: en ERC se plantean un escenario sin Rufián Superstar. Ahí tampoco se quieren mutuamente. Junqueras prefiere seguir haciendo política de toda la vida y Rufián Superstar quiere hacer política a su manera, ganando cuota y pilotando pero en Barcelona ya lo quieren menos porque lo ven como a un charnego de más. Esto lo aprendió en Madrid, donde la industria más fuerte es la del poder. Su juguete nuevo es el Frente Amplio, que busca hacerse sitio. Sánchez los está condenando a las salinas, donde nada crece. Avanzar la disolución de Cortes es una fuerza que sólo él sabe desde la izquierda manejar, convirtiendo la izquierda amiga en bonsái. No se fía de nadie. Y menos aún de los suyos. Tiene motivos: los suyos también fueron los de Junts y les ha traído a Puigdemont, su baza sentimental, su mester de juglaría. «No me llames iluso / porque tenga una ilusión». Esto le canta Miriam Nogueras, de la Cabra Mecánica después de consumar contra el PSOE la penúltima traición. Tantos años después, el regreso de Puigdemont es como la reposición de Verano azul, algo muy rancio para desabrochar la nostalgia de los más traspapelados del lugar. Puigdemont representa en política independentista la versión averiada del bueno de Chanquete. Sólo vale ya para que le instalen la barcaza en cualquier rotonda y que alguien le toque cantos de resistencia naïf con guitarra española. Este hombre es un póster demasiado viejo como para invertir en más restauraciones. Cuando regrese lo pasearán con espíritu de charanga y harán palanca con él para recobrar unos cuantos negocios pendientes (norma de la casa). Luego a descansar. Los presidentes de segunda mano suelen valer la mitad.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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