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EFE Ángel Escribano dimitirá esta tarde como presidente de Indra tras las presiones del GobiernoEl Ejecutivo gana la batalla por la cotizada en defensa
Miércoles, 1 de abril 2026, 13:34 | Actualizado 14:26h.
... adelantaba este periódico. Era el 25 de marzo. En Alcobendas, sede de la compañía, el consejo de administración se reunía para dar carpetazo definitivo a la fusión con la EM&E, la empresa familiar de Ángel y de su hermano. Ambos habían decidido guardar en un cajón la operación tras las presiones del Gobierno a través de la Sepi. Horas más tarde, él se incorporó a la reunión en la orden del día renovar el cargo del consejero delegado, José Vicente de los Mozos. «Todo ha ido tranquilo, según lo previsto», pero la sentencia estaba dada. Solo faltaba ponerle fecha y ha sido este miércoles, así lo trasladan a este periódico. Indra celebrará un consejo extraordinario para abordar el asunto a las 17.00 horas.No así de la mesa de decisión. Los hermanos Escribano —Ángel y Javier— seguirán siendo los segundos mayores accionistas del grupo, lo que obligará al futuro presidente a convivir con su predecesor dentro del accionariado. El relevo, por tanto, no cerrará el conflicto, sino que previsiblemente lo trasladará al funcionamiento interno del consejo.
Los catorce meses de mandato de Escribano reflejan un deterioro progresivo de la relación con el Gobierno. La ruptura no fue repentina, sino el resultado de meses de tensiones que fueron escalando desde el plano interno al público. El detonante fue la integración de EM&E, una operación con lógica industrial —«complementaba el negocio», según fuentes del mercado—, pero que fue acumulando riesgos hasta convertirse en el principal foco de fricción.
Desde la primavera, la operación generó incomodidad en el consejo, provocó dimisiones por posibles conflictos de interés y obligó a crear una comisión ad hoc para analizar su encaje. Con el paso de los meses, el debate dejó de ser estrictamente empresarial para centrarse en el control del grupo. La clave estaba en la valoración de la compañía familiar y en el peso que los Escribano alcanzarían tras la fusión, con estimaciones que podían situar su participación cerca del 30% y alterar el equilibrio de poder en Indra.
A ello se sumaba el conflicto de interés, que terminó por convertirse en el principal argumento del Gobierno para frenar la operación. El respaldo inicial de Moncloa se fue diluyendo hasta romperse por completo, en un contexto en el que el Ejecutivo busca preservar su capacidad de influencia sobre una compañía considerada estratégica en el ámbito de la defensa.
El desencuentro tuvo uno de sus episodios más visibles con la visita de Escribano al Palacio de la Moncloa a principios de febrero. Desde la compañía se restó importancia al encuentro, mientras el propio presidente trataba de enfriar los rumores sobre su continuidad: «Nadie ha pedido mi dimisión». Pero la hoja de ruta ya estaba marcada y no se movió.
En paralelo, el equilibrio de fuerzas dentro del consejo se fue tensando. La Sepi, con cerca del 28% del capital, cuenta habitualmente con el respaldo de Sapa, mientras que los Escribano mantienen su propio bloque junto a otros accionistas relevantes. Los números no han sido suficientes para forzar un relevo inmediato, pero las presiones han podido con el presidente.
«La política lo tuerce todo», señalaban desde el entorno de los Escribano, donde defienden el carácter estratégico de la operación frustrada. Desde el lado del Gobierno, sin embargo, el foco ha estado en evitar un cambio en el control de la compañía. Ese pulso ha marcado el último año en Indra.
La competencia en el foco
A la tensión interna se suma la presión externa. La posición del grupo en el reparto de grandes contratos de defensa ha abierto frentes con competidores como Santa Bárbara Sistemas, que han recurrido adjudicaciones y ayudas públicas ante los tribunales. Estas disputas amenazan con retrasar proyectos clave y reflejan la creciente fragmentación del sector.
Pese a todo, el balance empresarial del último año ha sido positivo. Indra se ha situado en el centro del despliegue industrial vinculado al aumento del gasto en defensa, con adjudicaciones millonarias y acceso a financiación pública. La compañía fue uno de los valores más alcistas del Ibex 35 en 2025, con una revalorización cercana al 200%, impulsada por el crecimiento del negocio y las expectativas del sector.
Sin embargo, Indra ha vivido en las últimas semanas una de las mayores contradicciones de su historia reciente: mientras consolidaba su expansión industrial —con contratos récord en defensa—, la compañía perdía cerca de 2.300 millones de euros en Bolsa en apenas siete días. La acción acumula una caída cercana al 28% desde finales de febrero, pese a unos fundamentales sólidos, con resultados al alza, aumento del dividendo y una cartera de pedidos en máximos. El castigo del mercado no responde al negocio, sino a la incertidumbre sobre el control de la compañía y la estabilidad de su gobernanza.
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