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Ángeles González-Sinde, el eco de una noche lejana

Ángeles González-Sinde, el eco de una noche lejana
Artículo Completo 723 palabras
La luz de algunas estrellas tarda cientos de años en llegar hasta nosotros. Cuando las vemos, contemplamos algo que sucedió hace mucho tiempo . Con el miedo sucede algo parecido: puede viajar durante años hasta alcanzar a quien ni siquiera estaba allí cuando nació. Sobre esa posibilidad construye Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965) su nueva novela, 'Una noche de 1947'. Nieves es una joven médica que se instala, recién estrenados los años noventa, en un pequeño pueblo de Teruel. La maestra le habla de Micaela, una niña que padece unas ausencias que le preocupan, y mientras la trata, Nieves llega hasta Clementina, la abuela de la pequeña, que guarda desde hace décadas el recuerdo de un suceso trágico del que nunca ha querido hablar. Lo que parecía un caso clínico abre así una historia familiar marcada por la guerrilla antifranquista , la represión y un largo silencio.Narrativa 'Una noche de 1947' Autora Ángeles González-Sinde Editorial Lumen Año 2026 Páginas 270 Precio 21,90 euros Valoración ****Ese silencio es el verdadero corazón de la novela . No sólo por el que Clementina guardó durante años para proteger a los suyos, sino porque en el pueblo hoy nadie parece estar cómodo con la idea de volver a hablar de asuntos que prefieren olvidar. Algunos lo llaman «reabrir heridas» ; Nieves lo considera un modo de hacer justicia. González-Sinde aborda el trauma intergeneracional y muestra cómo l a violencia se prolonga mucho más allá de quienes la sufrieron. Micaela hace unos inquietantes dibujos con vivencias de su abuela que Clementina nunca ha contado, y eso abre una pequeña grieta entre lo que puede explicar la memoria familiar y aquello para lo que la novela no ofrece una respuesta completa. El lector deberá decidir cómo interpretar algunos detalles del comportamiento de la niña que permanecen en una zona deliberadamente ambigua.Mientras construye su amistad con Jacinta, la maestra, viuda reciente que está aprendiendo a gestionar su soledad, Nieves debe enfrentarse a la suya. Y mientras reconstruye la historia de Clementina, empieza a mirar de otra forma su propia historia. Contenida, acostumbrada a hacer lo que se espera de ella y todavía muy pendiente del juicio de los demás, la joven doctora encuentra la posibilidad de ensayar otra vida , aunque eso ponga a prueba sus vínculos y le haga pagar un precio por su recién descubierto arrojo. Aborda el trauma intergeneracional y cómo la violencia se prolonga mucho más allá de quienes la sufrieronLa casa que ocupa, su creciente implicación en la comunidad y las decisiones que se atreve a tomar —su intento de ayudar a la niña se convierte en una obsesión y la lleva a traspasar algunos límites— acompañan su transformación: Nieves va encontrando el lugar que quiere ocupar en el mundo y eso se convierte en otro poderoso hilo narrativo .La autora maneja con acierto algunos motivos que recorren el libro, como ese «cielo profundo» —guiño al audiolibro homónimo germen de esta novela— que Nieves aprende a observar y, aunque en ocasiones su voluntad de hacer comprensibles los mecanismos del trauma la lleva a poner palabras allí donde las escenas ya habían hablado por sí mismas, su prosa limpia y fluida brilla, especialmente en los diálogos y en las escenas cotidianas.En 'Una noche de 1947', González-Sinde convierte una historia de posguerra en una novela íntima sobre las huellas que deja el miedo, el valor de la comunidad y la importancia de escuchar y nos recuerda que poner palabras al pasado es también una forma de reparación.

La luz de algunas estrellas tarda cientos de años en llegar hasta nosotros. Cuando las vemos, contemplamos algo que sucedió hace mucho tiempo. Con el miedo sucede algo parecido: puede viajar durante años hasta alcanzar a quien ni siquiera estaba allí cuando nació. Sobre ... esa posibilidad construye Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965) su nueva novela, 'Una noche de 1947'.

Nieves es una joven médica que se instala, recién estrenados los años noventa, en un pequeño pueblo de Teruel. La maestra le habla de Micaela, una niña que padece unas ausencias que le preocupan, y mientras la trata, Nieves llega hasta Clementina, la abuela de la pequeña, que guarda desde hace décadas el recuerdo de un suceso trágico del que nunca ha querido hablar. Lo que parecía un caso clínico abre así una historia familiar marcada por la guerrilla antifranquista, la represión y un largo silencio.

Ese silencio es el verdadero corazón de la novela. No sólo por el que Clementina guardó durante años para proteger a los suyos, sino porque en el pueblo hoy nadie parece estar cómodo con la idea de volver a hablar de asuntos que prefieren olvidar. Algunos lo llaman «reabrir heridas»; Nieves lo considera un modo de hacer justicia.

González-Sinde aborda el trauma intergeneracional y muestra cómo la violencia se prolonga mucho más allá de quienes la sufrieron. Micaela hace unos inquietantes dibujos con vivencias de su abuela que Clementina nunca ha contado, y eso abre una pequeña grieta entre lo que puede explicar la memoria familiar y aquello para lo que la novela no ofrece una respuesta completa. El lector deberá decidir cómo interpretar algunos detalles del comportamiento de la niña que permanecen en una zona deliberadamente ambigua.

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Mientras construye su amistad con Jacinta, la maestra, viuda reciente que está aprendiendo a gestionar su soledad, Nieves debe enfrentarse a la suya. Y mientras reconstruye la historia de Clementina, empieza a mirar de otra forma su propia historia. Contenida, acostumbrada a hacer lo que se espera de ella y todavía muy pendiente del juicio de los demás, la joven doctora encuentra la posibilidad de ensayar otra vida, aunque eso ponga a prueba sus vínculos y le haga pagar un precio por su recién descubierto arrojo.

Aborda el trauma intergeneracional y cómo la violencia se prolonga mucho más allá de quienes la sufrieron

La casa que ocupa, su creciente implicación en la comunidad y las decisiones que se atreve a tomar —su intento de ayudar a la niña se convierte en una obsesión y la lleva a traspasar algunos límites— acompañan su transformación: Nieves va encontrando el lugar que quiere ocupar en el mundo y eso se convierte en otro poderoso hilo narrativo.

La autora maneja con acierto algunos motivos que recorren el libro, como ese «cielo profundo» —guiño al audiolibro homónimo germen de esta novela— que Nieves aprende a observar y, aunque en ocasiones su voluntad de hacer comprensibles los mecanismos del trauma la lleva a poner palabras allí donde las escenas ya habían hablado por sí mismas, su prosa limpia y fluida brilla, especialmente en los diálogos y en las escenas cotidianas.

En 'Una noche de 1947', González-Sinde convierte una historia de posguerra en una novela íntima sobre las huellas que deja el miedo, el valor de la comunidad y la importancia de escuchar y nos recuerda que poner palabras al pasado es también una forma de reparación.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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