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Política

Ni 5.000 tiendas en Sol harán que Sánchez construya una sola casa

Ni 5.000 tiendas en Sol harán que Sánchez construya una sola casa
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No habíamos salido de la crisis anterior, con sus desahucios a puñados, sus hipotecas disparatadas y su sector inmobiliario quebrado, cuando nos metimos en otra Leer

La sensación de este verano en el pueblo fue que habían llegado dos familias nuevas para vivir allí. En plena Alcarria conquense, a más de una hora de Madrid y con prácticamente ningún servicio que ofrecer, resulta que una familia china y otra paraguaya se habían comprado sendas casas y se paseaban sonrientes por esas calles que se llenan en verano y son un desierto en invierno. De la primera, pareja con niño, nadie logró saber mucho. La segunda, pareja con dos niños, sí explicó que su plan era ir y venir todos los días a Madrid, los padres a trabajar y los chicos al colegio. En uno y otro caso, había pocas dudas de la razón por la que habían ido a parar a un pueblo con menos de 100 habitantes: la vivienda.

Dos historias más de las miles y miles que se han producido los últimos años en España para encontrar un sitio en el que vivir. En EL MUNDO hemos publicado decenas de reportajes de jóvenes que no se pueden independizar, personas que renuncian a ofertas de trabajo porque no encuentran vivienda, estudiantes que descartan carreras en función de los alquileres, trabajadores que duermen en caravanas, gente que comparte piso a edades proscritas hasta hace muy poco, tiendas de campaña que aparecen en los márgenes de las grandes ciudades, calles enteras en las que los antiguos locales comerciales son ahora viviendas de dudosa viabilidad... La lista es interminable y crece año a año.

El deterioro de la vivienda en España ha sido rápido y fulminante. No habíamos salido de la crisis anterior, con sus desahucios a puñados, sus hipotecas disparatadas y su sector inmobiliario quebrado, cuando nos metimos en otra. Y si la anterior tuvo sus responsables, esta también los tiene.

El 5 de junio de 2018, el CIS publicó el primer barómetro con Pedro Sánchez en el poder. En la lista de problemas del país que elabora el centro sociológico, el paro figuraba en primer lugar, seguido de la corrupción y los políticos. La vivienda aparecía en el puesto 18, señalada por solo el 2,2% de los españoles. Ocho años después, el pasado 14 de septiembre el CIS publicó su último barómetro con su lista correspondiente, en la que la vivienda ocupaba el número 1, señalada por el 37,5% de la población. Le seguían los problemas económicos y la inmigración.

El precio de la vivienda es el agujero por el que se desangra la economía de los hogares españoles. El desahucio de Maricarmen, desgarrador, no deja de ser un caso particular entre otros muchos. La realidad cotidiana que vive todo el país es la de las familias a las que no les llega para vivir ni en el barrio más periférico del último municipio imaginable y la de los jóvenes que no encuentran la manera de acceder a una vivienda básica.

Hay razones estructurales que explican esta situación, pero no se pueden pasar por alto las coyunturales, de responsables más fácilmente identificables. España ha ganado tres millones de habitantes desde que gobierna Pedro Sánchez y a finales de este año superará los 50 millones de residentes. Siendo uno de los países del mundo con menor natalidad, el incremento poblacional se debe en exclusiva a la política de puertas abiertas con la inmigración, a razón de medio millón de nuevas personas al año.

Frente a este crecimiento demográfico, España construye cerca de 100.000 viviendas anuales. Desde 2021, el déficit acumulado es de 750.000 viviendas, según los cálculos del Banco de España, y el ritmo no para. La semana pasada, mientras se producía el desahucio de Maricarmen, la subgobernadora de la institución, Soledad Núñez, explicaba que el déficit habitacional aumentará en otras 300.000 viviendas de aquí a 2028. En total, un millón de viviendas menos de las que necesitamos.

Nadie tiene una varita mágica para solucionar este desastre, pero es seguro que se puede hacer algo más. El Gobierno aprobó una Ley de Vivienda la pasada legislatura y su eficiencia es discutible viendo los efectos en el lugar donde se ha aplicado con más ahínco, que es Cataluña. En esta legislatura directamente no se ha hecho nada, fuera de las promesas de construir miles de casas y de una nueva empresa pública de recién creación. Una simulación. La parálisis agrava el principal problema de los españoles como lo hace con todo lo demás, consecuencia del empeño de gobernar sin capacidad de legislar nada en un Parlamento en el que solo tienes mayoría para aprobar amnistías.

Lo que viene, anunciado como el maná del último momento, tampoco arreglará nada. Donde hace falta planificación a largo plazo, datos, expertos, presupuestos y coordinación con las comunidades autónomas, se va a ofrecer ideología, propaganda y pancartismo. Ni 5.000 tiendas de campaña en Sol ni nada de lo que pueda aprobar mañana el Consejo de Ministros servirán para que Sánchez construya una sola casa. Porque lo que necesita España no es un sucedáneo del 15-M ni el enésimo decreto lleno de promesas, sino una política de vivienda basada en la verdad y en reformas profundas.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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