- ISABEL VILCHES
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En horario laboral, los españoles tardamos en almorzar menos de 23 minutos. A nivel global, de los trabajadores que menos tiempo dedican...
Aquí muere un mito: no, en España las comidas de trabajo ya no son eternas ni terminan en siesta. En horario laboral, los españoles son los europeos que menos tiempo dedican a almorzar fuera de casa: 22 minutos con 42 segundos frente, por ejemplo, a los casi 40 minutos de Suiza o a la más de media hora que destinan en EEUU, según el informe Global Eating at Work 2025, publicado por Eurest y la consultora Minte.
Con información de unos 35.000 empleados de 25 países, este año los trabajadores nacionales destinan seis minutos menos a la pausa respecto a 2023, cuando se publicó la anterior investigación. "Tras la pandemia, los hábitos son totalmente diferentes, sobre todo por el impacto del teletrabajo. Ahora se emplea menos tiempo en comer y el menú del día con primero, segundo y postre cada vez se pide menos. Gana el plato único", avanza Oriol Peñafiel, director de Operación de B&I (business and industry) de Eurest, marca de servicios de alimentación para el sector empresarial de Compass Group, que solo en España da de comer a las plantillas de 250 compañías. "Si antes el 80% de los usuarios pedía un menú completo, ahora solo la mitad", añade.
Comparados con los datos de 2019, "ahora servimos un 30% menos de raciones, principalmente porque los lunes mucha gente opta por quedarse en casa y los viernes la mayoría termina la jornada antes de comer", argumenta Peñafiel.
El informe también destaca que, a nivel nacional, únicamente el 16% realiza pausas de tres cuartos de hora o más. Esa falta de descanso o el engullir a marchas forzadas, como recoge el estudio, no solo afecta al bienestar de las personas, sino que tiene consecuencias económicas significativas para las empresas: el burnout o síndrome del trabajador quemado, fruto del estrés laboral no gestionado, cuesta a la economía global más de un billón de dólares anuales en pérdida de productividad, según datos de Harvard Business Review.
Al menos en España entre semana "aún seguimos comiendo bien. Mantenemos la cultura de la dieta mediterránea", confirma Peñafiel. "Hoy en día, se demandan muchas ensaladas o recetas con proteína de calidad acompañadas de diferentes guarniciones". También se opta por opciones razonables durante el picoteo, sin caer tanto en la tentación de los dónuts o las chocolatinas de las máquinas expendedoras: "Hay más consciencia con los snacks y se tiende a elegir un puñado de frutos secos o algo de fruta", destaca el directivo.
Además de esas alternativas saludables, para animar a que los trabajadores vayan a la oficina y a su cantina, los espacios dedicados al comedor "deben resultar atractivos, con luz natural, zonas verdes (aunque no sean plantas de verdad) y que haga las veces de coworking, para relacionarse con los compañeros en cualquier momento de la jornada", enumera Peñafiel.
Los empleados, además, valoran las medidas sostenibles, "como que ofrezcamos los menús que sobran a la hora de la cena" por un precio simbólico para evitar el desperdicio de alimentos o retirar las botellas de agua de plástico o los tuppers de un solo uso. Y que la tecnología les ahorre esperas, "que les permita reservar salas dentro del comedor o encargar el menú y pasar solo a recogerlo", señala el directivo.
En la oficina mejor que en casa
La alimentación afecta directamente en la productividad laboral y en el estrés acumulado. "Es fundamental. Es una cuestión de cantidad y de calidad. Además, devorar la comida puede producir un pico de glucemia que aumentaría la sensación de somnolencia y, por tanto, reduciría el rendimiento, la alerta", recuerda Álvaro Campillo, médico digestivo de The Beauty Concept. En horario profesional, sugiere, "no es una buena idea lo de las grandes comidas".
Para un mejor rédito, como explica el doctor, el orden de los factores sí altera el producto: "No hay que mezclar. Como inicio, conviene ingerir una ensalada o cualquier vegetal fibroso, como pepino, brócoli hervido o encurtidos. Pero no como acompañamiento, sino al principio. Hasta que no se termina no se pasa al segundo, para que el cuerpo sienta antes la saciedad y conseguir que lo que se tome después se absorba más lento y, por tanto, con menor subida de glucosa que el cuerpo tenga que bajar. A continuación, proteína -carne, pescado, legumbres, huevos- con una grasa esencial y algo de carbohidratos complejos. Como postre, fruta de temporada, un yogur o bebida vegetal sin edulcorante con semillas, por ejemplo. Los mismos alimentos en un orden concreto consiguen diferente resultado", alega el médico.
Así, asegura, estaríamos más saciados que si "comemos un sándwich, que a las tres o cuatro horas tenemos hambre o si empezamos por las patatas fritas del filete".
Entre horas, para rebajar el estrés, aconseja alimentos crujientes, "que gustan mucho al cerebro, como una zanahoria a bocados, encurtidos o frutos secos. Generan sensación de placer. O algún lácteo, que calma".
Ojo al teletrabajo, que propicia una elección de menú peor. En la vivienda particular, "la desconexión digital se complica y los horarios se difuminan, por lo que se tira más de lo primero que se encuentra en la nevera para salir del paso rápidamente. Y las opciones resultan ser con más frecuencia menos adecuadas. En la oficina se eligen más recetas caseras, que en el propio hogar", alega el ejecutivo de Eurest. A la hora de comer en casa, para centrarse en esta tarea, el doctor Campillo aconseja elegir una mesa diferente a la del ordenador y caminar cinco minutos "para tratar de equilibrar las bajadas de glucosa que generan hambre". Y hay que seguir produciendo...
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