Nicolás Maduro Guerra, hijo del presidente venezolano encarcelado, habla por primera vez sobre los errores del régimen y nos revela detalles inéditos del día de la intervención de Estados Unidos. «Mi padre dejó un mensaje de despedida. Pensó que iba a morir. Ustedes son los primeros que lo saben».
Regala esta noticia Añádenos en GoogleMarian Blasberg
28/05/2026 a las 16:05h.En la madrugada del 3 de enero, Estados Unidos secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro en una espectacular operación militar. Desde entonces, Maduro y su esposa, Cilia Flores, permanecen en el Centro de Detención Metropolitana de Nueva York. Las autoridades estadounidenses los acusan de tráfico de drogas y terrorismo.
Nicolás Maduro Guerra, de 35 años, el único hijo de Maduro, también está acusado de narcotráfico por el Departamento de Justicia de Donald Trump. Nicolasito, como lo llaman los venezolanos, fue tratado durante mucho tiempo como 'príncipe', como heredero de un presidente que se mantuvo en el poder a través de elecciones fraudulentas y una tremenda represión contra los opositores. Ahora está en otra etapa, dice Maduro Guerra, centrado en defender a su padre. Nos recibe en Caracas, en el octavo piso de una torre de oficinas, en cuyos pasillos hay numerosos guardias de seguridad.
XLSemanal. Señor Maduro, ¿cómo se encuentra?
Nicolás Maduro Guerra. La respuesta automática sería: bien. Pero, en realidad, llevo muchas cosas dentro. Intento mantener la calma, estar a la altura de mi responsabilidad y seguir luchando por el chavismo y nuestra revolución, pero no me resulta tan fácil.
XL. ¿Qué es lo más difícil?
N.M.G. Imaginar a mi padre en prisión. Cuando como, me ducho o estoy sentado en alguna reunión, me pregunto cómo estará.
XL. ¿Y cómo está?
N.M.G. También aquí la respuesta automática sería: bien. Pero, naturalmente, estoy preocupado, sobre todo por su salud. Mi padre siempre se alimentó de manera muy sana. Mucha verdura, poco azúcar. Ahora consume sobre todo carbohidratos, alimentos ultraprocesados, demasiada sal. Por teléfono intenta transmitirnos fortaleza. «Mirad hacia delante», dice. «No dejéis que nadie os robe la felicidad».
«No esperábamos que Estados Unidos atacara Caracas. Yo subestimé sus capacidades. Tendríamos que haber hecho más para proteger a mi padre. Fracasamos»
XL. ¿Cuándo hablaron por primera vez tras su detención?
N.M.G. Un mes después, el 5 de febrero. Yo estaba en la Asamblea Nacional cuando me llamó el hijo de Cilia [la actual esposa de Maduro tiene tres hijos de un matrimonio anterior, que también colaboraban en su gobierno]. Tenía a mi padre al teléfono. Entonces escuché su voz: «¿Hola? ¿Nico? ¡Nico! ¡Aquí está tu papá! ¿Me oyes?». Me quedé paralizado.
XL. ¿Qué le dijo?
N.M.G. Que estaba bien. Y que la rodilla que se había lesionado cuando los soldados estadounidenses lo tiraron al suelo ya no le dolía tanto.
XL. ¿Desde entonces llama regularmente?
N.M.G. Todas las noches, hacia las siete.
Nicolás Maduro está encarcelado en el Centro de Detención Metropolitano de Nueva York, conocido por haber albergado a algunos personajes famosos como el cantante Sean John Combs, el narco Chapo Guzmán o a Ghislaine Maxwell, cómplice de Jeffrey Epstein. El hijo de Maduro cuenta que ahora su padre comparte celda con 18 presos y lee mucho la Biblia.XL. Desde que Donald Trump envió su flota al Caribe a media-dos del año pasado, había amena-zado repetidamente con invadir Venezuela. Aun así, daba la impresión de que cogió a su padre completamente desprevenido.
N.M.G. Él siempre fue muy prudente. Por motivos de seguridad, muchas veces ni siquiera yo sabía dónde dormía esa noche. Pero no esperábamos que atacaran Caracas. Si atacaban, pensé, sería en algún otro lugar y con el objetivo de abrir un espacio para negociar.
XL. ¿Cómo es posible que las fuerzas especiales cubanas encargadas de proteger a su padre no abatieran a un solo soldado estadounidense?
N.M.G. No tengo una respuesta.
XL. ¿Qué sospecha?
N.M.G. Es difícil decirlo; todavía se está investigando. Lo cierto es que utilizaron tecnologías que nunca habíamos visto aquí. Yo, Nicolás Ernesto, subestimé sus capacidades. Y, al mismo tiempo, sobrestimé de lo que nosotros éramos capaces. Aunque sabíamos que en caso de ataque no tendríamos control del espacio aéreo, vivirlo es otra cosa. Tendríamos que haber hecho más para proteger a mi padre. En ese sentido, fracasamos.
«No tengo la sensación de que los venezolanos quieran votar todavía. La gente necesita respirar, un plan económico. Y también debemos perdonar. En mi corazón no hay odio ni rencor»
XL. ¿En qué momento de aquella noche comprendió lo que estaba ocurriendo?
N.M.G. Tardé un tiempo. La primera persona con la que hablé fue Delcy Rodríguez.
XL. La histórica colaboradora de su padre, que ahora dirige el Gobierno.
N.M.G. Serían las tres de la madru-gada. Me llamó para preguntarme si estaba a salvo. «Yo sí», le respondí, «pero ¿sabes algo de mi padre?». «Nada», me dijo. Hacia las cuatro y media, después de hablar con el ministro del Interior, le dije a mi esposa: «No puede ser que nadie sepa nada. Lo han matado». Poco antes de las seis publicaron la famosa fotografía de su detención.
XL. ¿Qué pensó en ese momento?
N.M.G. Sabe, las cosas cambian. Cuando yo nací, mi padre era conductor de autobús. Soy partidario de la idea de que vivimos varias vidas. El 3 de enero terminó una y comenzó otra, en la que mi padre está físicamente muy lejos.
XL. ¿Cómo describiría la situación actual?
N.M.G. Es una nueva Venezuela que se abre al mundo. Un nuevo momento político basado en el diálogo y la reconciliación. Venezuela ha pasado demasiado tiempo atrapada en conflictos que no conducen a ninguna parte. Necesitamos un camino que nos lleve a la prosperidad y a la paz.
XL. ¿Dónde sitúa ideológicamente al nuevo Gobierno: más a la izquierda o más a la derecha?
N.M.G. A la izquierda, en mi opinión.
XL. Muchos lo perciben, sobre todo, como un Gobierno pragmático.
N.M.G. Lo importante es que las fuerzas productivas se utilicen en beneficio del pueblo y no del gran capital. Tenemos un modelo socialista, pero ahora debemos hacer concesiones, negociar, alcanzar acuerdos para preservar nuestra soberanía. Aquí no gobierna la ultraderecha.
«Todo lo que ocurre ahora responde a una iniciativa nuestra. Nuestro principal socio petrolero son los Estados Unidos. Siempre lo han sido. Yo nunca he quemado una bandera estadounidense»
XL. ¿Por qué esas reformas no pudieron impulsarse con su padre todavía en el poder?
N.M.G. Creo que hubo razones personales.
XL. ¿Qué quiere decir?
N.M.G. No tengo otra explicación. Durante las últimas semanas del año pasado, mi padre insistió una y otra vez en abrir conversaciones, pero Trump no quiso hablar. No tengo ni idea de por qué. Como he dicho, mi padre era conductor de autobús. Nunca estudió en una universidad. Tal vez lo menospreciaron. Y, sin embargo, logró conducir a nuestro país a través de uno de los momentos más difíciles de nuestra historia. Debido a las sanciones, prácticamente no teníamos ingresos.
XL. Poco después de la detención, Donald Trump declaró que, a partir de entonces, él gobernaría su país.
N.M.G. No se preocupe: todo lo que está ocurriendo ahora responde a una iniciativa nuestra. La ley de amnistía, la apertura del sector petrolero… Nuestro principal socio petrolero son los Estados Unidos. Siempre lo han sido. Yo nunca he quemado una bandera estadounidense. Ahora hemos sido atacados y debemos encontrar una forma de estabilizar el país. A veces hay que dar un paso atrás para luego poder dar un salto hacia delante.
XL. Desde fuera da la impresión de que hacen estas concesiones, sobre todo, para mantenerse en el poder.
N.M.G. Venezuela ya no soporta más sanciones. Podemos tener diferencias ideológicas, debatir sobre distintos modelos económicos o sociales, pero, como país situado en el norte de Sudamérica, nuestros socios naturales están en Europa y en Estados Unidos. Necesitamos a Occidente para desarrollarnos.
XL. Washington ha impuesto a su país un modelo de tres fases: estabilización económica, reforma institucional y regreso a la demo-cracia. ¿Cuánto tiempo pasará hasta esas elecciones?
N.M.G. Cuando camino por la calle, no tengo la sensación de que los venezolanos quieran votar todavía este año. La gente necesita respirar, un plan que conduzca al crecimiento económico. Además, ese proceso electoral solo sería posible en el marco de un gran acuerdo político, y eso requiere tiempo.
XL. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, pidió a los venezolanos que huyeron al extranjero que regresaran y perdonaran. ¿A qué se refería?
N.M.G. Su hermana, la presidenta Delcy, también lo dijo cuando firmó la ley de amnistía: debemos perdonar. Y también debemos aceptar las peticiones de perdón. Para mí eso también vale: perdonaré a todos los responsables de lo ocurrido el 3 de enero. ¿Cuándo ocurrirá? No lo sé, pero en mi corazón no hay odio ni rencor. Mi padre sabía a qué se exponía.
XL. ¿Es posible que Jorge Rodríguez estuviera aludiendo a las elecciones presidenciales supuestamente robadas? ¿O a la violencia con la que el Estado reprimió después a los manifestantes?
N.M.G. Muchos de los venezolanos que se marcharon al exilio son embajadores del apocalipsis. Se dejaron intoxicar por los medios internacionales. Pero no me malinterprete: sí hubo momentos muy duros, errores que cometimos, excesos por los que, como chavismo, debemos pedir perdón. La responsabilidad de dar el primer paso nos corresponde a nosotros.
XL. ¿A qué se refiere exactamente con «excesos»?
N.M.G. Por ejemplo, a la actuación de la Policía. O de la Justicia, que no siempre garantizó procesos justos. El derecho a la defensa. Eso es muy grave.
XL. En las últimas semanas, centenares de presos políticos han sido liberados gracias a la ley de amnistía. Al mismo tiempo, todavía hay personas encarceladas por motivos políticos.
N.M.G. Los que siguen detenidos no son simplemente disidentes. Se trata, sobre todo, de personas que intentaron atentar contra mi padre. Delitos así no están contemplados por la ley.
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