En 1964, Clint Eastwood aceptó viajar a España a rodar una película de bajo presupuesto que, en su propio diagnóstico, "probablemente iba a ser un fracaso total". Lo que encontró al llegar (equipo internacional en perpetuo caos, actores y director incapaces de entenderse sin intérprete, un árbol robado con engaños y una grúa conseguida gracias a un obispo) no hizo sino confirmar sus peores sospechas. Varias décadas después, seguía recordándolo.
Por un puñado de pesetas. 'Por un puñado de dólares' no era un proyecto de alto riesgo, sino más bien todo lo contrario: costó alrededor de 200.000 dólares, cofinanciada entre Italia, Alemania y España, y Eastwood (entonces un actor de televisión sin créditos cinematográficos relevantes) cobró 15.000. Sergio Leone ni siquiera firmó con su nombre: en los créditos aparece como "Bob Robertson". Ennio Morricone, como "Dan Savio".
Por qué España. La elección de España no fue capricho estético. El régimen franquista llevaba años facilitando la presencia de producciones extranjeras en territorio español, en parte por los beneficios económicos y en parte porque la presencia de estrellas internacionales servía para suavizar la imagen exterior de la dictadura. Y para las productoras era un chollo: los costes eran mucho más reducidos que los estadounidenses, el ejército prestaba figurantes cuando hacía falta y el paisaje de Almería (una de las provincias más pobres del país, con altísimo desempleo) funcionaba como sucedáneo perfecto del Oeste americano.
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Un solo sombrero. Las condiciones en el set eran, por decirlo suavemente, espartanas. No había electricidad ni remolques con servicios básicos y Leone y Eastwood no hablaban el mismo idioma (uno italiano, el otro inglés), así que se comunicaban a través del especialista Benito Stefanelli. El rodaje se hizo completamente sin sonido: éste se añadió en postproducción, y Eastwood no dobló su propia voz al inglés hasta que la película se estrenó en Estados Unidos, en 1967.
Su propia ropa. El propio Eastwood explicó en 2007 que llegó con su propio vestuario al rodaje: los vaqueros negros los había comprado en Hollywood Boulevard, las botas las traía de la serie 'Rawhide' y el sombrero lo consiguió en Santa Mónica. El poncho lo compraron en España. Y ese sombrero, único e irremplazable, resume bien la filosofía de producción del proyecto: "Si lo perdía, estaba acabado. No había forma de reemplazarlo".
No callan, no callan. Lo que más llamó la atención, sin embargo, no fue la precariedad material sino el ambiente: fuera de plano la gente jugaba al frisbee, contaba chistes, hablaba sin parar. "No estaban acostumbrados al silencio de un rodaje, donde el sonido es importante", recordó. Acabó usando la necesidad de interpretar su papel enmedio de esa jarana como ejercicio de concentración.
No hay árbol. Décadas después de terminar el rodaje, Eastwood seguía recordando dos anécdotas como si hubieran sucedido semanas antes. La primera sucedió cuando necesitaban un árbol concreto para una escena de ahorcamiento, no encontraban ninguno adecuado y el único disponible estaba en una propiedad privada. Leone contaba que los técnicos convencieron al propietario de que el árbol era peligroso. En la versión que Eastwood contó en 2007, la coartada fue diferente: se presentaron como trabajadores del departamento de carreteras.
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No hay grúa. La segunda anécdota que recuerda Eastwood es del rodaje de otra película, 'La muerte tenía un precio'. El equipo necesitaba una grúa que no podía permitirse. Una empresa cercana al lugar de rodaje tenía una, pero era festivo religioso y esa empresa no podía trabajar. Leone fue a ver al obispo local y le explicó que su compañía era judía y, por tanto, no estaba sujeta a la festividad católica, así que el obispo le dio permiso para trabajar. Con ese permiso en mano, fue a la empresa con la grúa: ellos no podían usarla ese día, pero los italianos sí, y les prestaron el material.
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"No estaban acostumbrados al silencio": Clint Eastwood rodó en España por primera vez en 1964 y el impacto fue para toda la vida
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Xataka
por
John Tones
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"No estaban acostumbrados al silencio": Clint Eastwood rodó en España por primera vez en 1964 y el impacto fue para toda la vida
Leone consiguió una grúa negociando con un obispo y robó un árbol con excusa falsa: así se rodaba en la España de 1964
En 1964, Clint Eastwood aceptó viajar a España a rodar una película de bajo presupuesto que, en su propio diagnóstico, "probablemente iba a ser un fracaso total". Lo que encontró al llegar (equipo internacional en perpetuo caos, actores y director incapaces de entenderse sin intérprete, un árbol robado con engaños y una grúa conseguida gracias a un obispo) no hizo sino confirmar sus peores sospechas. Varias décadas después, seguía recordándolo.
Por un puñado de pesetas. 'Por un puñado de dólares' no era un proyecto de alto riesgo, sino más bien todo lo contrario: costó alrededor de 200.000 dólares, cofinanciada entre Italia, Alemania y España, y Eastwood (entonces un actor de televisión sin créditos cinematográficos relevantes) cobró 15.000. Sergio Leone ni siquiera firmó con su nombre: en los créditos aparece como "Bob Robertson". Ennio Morricone, como "Dan Savio".
Por qué España. La elección de España no fue capricho estético. El régimen franquista llevaba años facilitando la presencia de producciones extranjeras en territorio español, en parte por los beneficios económicos y en parte porque la presencia de estrellas internacionales servía para suavizar la imagen exterior de la dictadura. Y para las productoras era un chollo: los costes eran mucho más reducidos que los estadounidenses, el ejército prestaba figurantes cuando hacía falta y el paisaje de Almería (una de las provincias más pobres del país, con altísimo desempleo) funcionaba como sucedáneo perfecto del Oeste americano.
Un solo sombrero. Las condiciones en el set eran, por decirlo suavemente, espartanas. No había electricidad ni remolques con servicios básicos y Leone y Eastwood no hablaban el mismo idioma (uno italiano, el otro inglés), así que se comunicaban a través del especialista Benito Stefanelli. El rodaje se hizo completamente sin sonido: éste se añadió en postproducción, y Eastwood no dobló su propia voz al inglés hasta que la película se estrenó en Estados Unidos, en 1967.
Su propia ropa. El propio Eastwood explicó en 2007 que llegó con su propio vestuario al rodaje: los vaqueros negros los había comprado en Hollywood Boulevard, las botas las traía de la serie 'Rawhide' y el sombrero lo consiguió en Santa Mónica. El poncho lo compraron en España. Y ese sombrero, único e irremplazable, resume bien la filosofía de producción del proyecto: "Si lo perdía, estaba acabado. No había forma de reemplazarlo".
No callan, no callan. Lo que más llamó la atención, sin embargo, no fue la precariedad material sino el ambiente: fuera de plano la gente jugaba al frisbee, contaba chistes, hablaba sin parar. "No estaban acostumbrados al silencio de un rodaje, donde el sonido es importante", recordó. Acabó usando la necesidad de interpretar su papel enmedio de esa jarana como ejercicio de concentración.
No hay árbol. Décadas después de terminar el rodaje, Eastwood seguía recordando dos anécdotas como si hubieran sucedido semanas antes. La primera sucedió cuando necesitaban un árbol concreto para una escena de ahorcamiento, no encontraban ninguno adecuado y el único disponible estaba en una propiedad privada. Leone contaba que los técnicos convencieron al propietario de que el árbol era peligroso. En la versión que Eastwood contó en 2007, la coartada fue diferente: se presentaron como trabajadores del departamento de carreteras.
No hay grúa. La segunda anécdota que recuerda Eastwood es del rodaje de otra película, 'La muerte tenía un precio'. El equipo necesitaba una grúa que no podía permitirse. Una empresa cercana al lugar de rodaje tenía una, pero era festivo religioso y esa empresa no podía trabajar. Leone fue a ver al obispo local y le explicó que su compañía era judía y, por tanto, no estaba sujeta a la festividad católica, así que el obispo le dio permiso para trabajar. Con ese permiso en mano, fue a la empresa con la grúa: ellos no podían usarla ese día, pero los italianos sí, y les prestaron el material.