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No se están dando un besito, se están escaneando: la compleja ciencia detrás del contacto nariz con nariz en el reino animal

No se están dando un besito, se están escaneando: la compleja ciencia detrás del contacto nariz con nariz en el reino animal
Artículo Completo 939 palabras
El beso para los humanos es sin duda una cumbre del romanticismo humano o del acercamiento entre dos personas, y cuando ponemos el foco en el mundo animal y les vemos haciendo nuestro 'beso esquimal' acercando sus narices creemos que también están romanizando. Pero la realidad es que tocarse las narices de manera mutua no es solo una muestra de afecto, sino una transferencia de datos a alta velocidad.  Lo que se ha visto. Una nueva revisión científica publicada en 2026 en Evolution and Human Behavior ha puesto orden en décadas de observaciones dispersas a este tipo de comunicación. Su conclusión es bastante clara: desde los murciélagos hasta los cerdos, pasando por las ratas, el contacto 'nariz con nariz' es una de las herramientas de comunicación más sofisticadas de la naturaleza. Y sí, nuestro beso humano podría ser simplemente una versión 2.0 de este antiguo mecanismo biológico.  El segundo sistema olfativo. Para entender por qué los animales se frotan las narices, primero hay que entender que la mayoría de los mamíferos huelen el mundo en estéreo, pero con dos sistemas distintos. El primero de ello es el sistema olfativo principal que detecta olores volátiles como el olor a lluvia.  Pero el segundo va mucho más allá, ya que está centrado en el sistema vomeronasal (VMO), que es una estructura especializada en detectar feromonas y sustancias no volátiles.  En Xataka Hay un motivo por el que tu cerebro intenta resolver los traumas de tu ex con tu nueva pareja: el "bug" de las relaciones tóxicas Su importancia. Este segundo sistema olfativo es el que nos interesa en este caso, ya que las señales captadas por este órgano no pasan por los filtros habituales del pensamiento racional; se proyectan rápidamente hacia la amígdala y el hipotálamo, los centros de mando de la emoción, la agresión y la conducta sexual.  De esta manera, cuando dos castores chocan sus hocicos, no se están "saludando" educadamente; se están inyectando información química pura sobre su estado hormonal y salud directamente en el sistema límbico. El lenguaje de las narices. El contacto de dos narices tiene muchas más funciones que una simple muestra de cariño, y depende de la especie, un toque de nariz puede ser una sentencia de sumisión o un chequeo médico. En el caso de las ratas, el contacto nariz con nariz es una herramienta política.  La reina utiliza empujones y contactos nasales intensos no para demostrar amor, sino para ejercer dominancia y supresión reproductiva. Es su forma de recordar químicamente a los subordinados quién manda e inhibir su capacidad de reproducirse.  El éxito de los cerdos. En la ganadería y etología aplicada, el contacto nasal entre lechones es una métrica de rendimiento. Los estudios citados por Rasmussen muestran una correlación directa: mayor frecuencia de contactos nasales se asocia con una mayor ganancia de peso y supervivencia. Esto hace que el contacto funcione como un mecanismo de cohesión social que reduce el estrés y mejora el bienestar del grupo. El accidente del erizo. Aunque podemos pensar que todos los contactos son sociales, en animales solitarios como el erizo europeo se ha documentado que muchos de estos encuentros son choques accidentales. Básicamente, como cuentan con una muy mala visión, se van aproximando olfativamente hasta chocar.  Lo interesante es lo que ocurre después en gatos y otros pequeños mamíferos: una inmovilidad repentina. El animal se "cuelga" momentáneamente procesando la sobrecarga sensorial química que acaba de recibir.  El beso moderno. Aunque nosotros hacemos algo parecido con los besos, incluso con los de esquimal, la verdad es que hemos perdido gran parte de la funcionalidad del órgano vomeronasal. Pero si es cierto que conservamos el comportamiento.  Un estudio realizado en 2023 publicado en Science desmontó el mito de que el beso es una invención reciente, puesto que ya en Mesopotamia y Egipto se vio que el beso labio a labio existía hace 4.500 años.  En Xataka Japón se enfrenta a una nueva crisis: cae a mínimos históricos el número de jóvenes que han dado su primer beso Su sentido. Los antropólogos sugieren que comportamientos como el hongi maorí, el honi hawaiano o el mal llamado "beso esquimal" (kunik) de los Inuit son los eslabones perdidos. En estas prácticas, el objetivo no es el tacto de los labios, sino compartir el aliento y el olor en una proximidad íntima. El beso humano, con toda su carga cultural, podría ser un remanente evolutivo de esa necesidad biológica de acercarnos lo suficiente para que nuestros cerebros pudieran "leerse" químicamente el uno al otro. Lo que para un murciélago es un reconocimiento de identidad, para nosotros se ha convertido en una muestra de intimidad, pero el hardware subyacente tiene un origen común: la necesidad de comunicar lo que no se puede decir con palabras (ni con gruñidos). Imágenes | Simon Hurry  En Xataka | Parecía un riesgo oculto para los celiacos, pero los besos post-pizza no preocupan a la ciencia - La noticia No se están dando un besito, se están escaneando: la compleja ciencia detrás del contacto nariz con nariz en el reino animal fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
No se están dando un besito, se están escaneando: la compleja ciencia detrás del contacto nariz con nariz en el reino animal

Los besos de esquimal en el mundo animal tienen un sentido fisiológico más allá del amor

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José A. Lizana

Colaborador

José A. Lizana

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El beso para los humanos es sin duda una cumbre del romanticismo humano o del acercamiento entre dos personas, y cuando ponemos el foco en el mundo animal y les vemos haciendo nuestro 'beso esquimal' acercando sus narices creemos que también están romanizando. Pero la realidad es que tocarse las narices de manera mutua no es solo una muestra de afecto, sino una transferencia de datos a alta velocidad. 

Lo que se ha visto. Una nueva revisión científica publicada en 2026 en Evolution and Human Behavior ha puesto orden en décadas de observaciones dispersas a este tipo de comunicación. Su conclusión es bastante clara: desde los murciélagos hasta los cerdos, pasando por las ratas, el contacto 'nariz con nariz' es una de las herramientas de comunicación más sofisticadas de la naturaleza. Y sí, nuestro beso humano podría ser simplemente una versión 2.0 de este antiguo mecanismo biológico. 

El segundo sistema olfativo. Para entender por qué los animales se frotan las narices, primero hay que entender que la mayoría de los mamíferos huelen el mundo en estéreo, pero con dos sistemas distintos. El primero de ello es el sistema olfativo principal que detecta olores volátiles como el olor a lluvia. 

Pero el segundo va mucho más allá, ya que está centrado en el sistema vomeronasal (VMO), que es una estructura especializada en detectar feromonas y sustancias no volátiles. 

En XatakaHay un motivo por el que tu cerebro intenta resolver los traumas de tu ex con tu nueva pareja: el "bug" de las relaciones tóxicas

Su importancia. Este segundo sistema olfativo es el que nos interesa en este caso, ya que las señales captadas por este órgano no pasan por los filtros habituales del pensamiento racional; se proyectan rápidamente hacia la amígdala y el hipotálamo, los centros de mando de la emoción, la agresión y la conducta sexual. 

De esta manera, cuando dos castores chocan sus hocicos, no se están "saludando" educadamente; se están inyectando información química pura sobre su estado hormonal y salud directamente en el sistema límbico.

El lenguaje de las narices. El contacto de dos narices tiene muchas más funciones que una simple muestra de cariño, y depende de la especie, un toque de nariz puede ser una sentencia de sumisión o un chequeo médico. En el caso de las ratas, el contacto nariz con nariz es una herramienta política. 

La reina utiliza empujones y contactos nasales intensos no para demostrar amor, sino para ejercer dominancia y supresión reproductiva. Es su forma de recordar químicamente a los subordinados quién manda e inhibir su capacidad de reproducirse. 

El éxito de los cerdos. En la ganadería y etología aplicada, el contacto nasal entre lechones es una métrica de rendimiento. Los estudios citados por Rasmussen muestran una correlación directa: mayor frecuencia de contactos nasales se asocia con una mayor ganancia de peso y supervivencia. Esto hace que el contacto funcione como un mecanismo de cohesión social que reduce el estrés y mejora el bienestar del grupo.

El accidente del erizo. Aunque podemos pensar que todos los contactos son sociales, en animales solitarios como el erizo europeo se ha documentado que muchos de estos encuentros son choques accidentales. Básicamente, como cuentan con una muy mala visión, se van aproximando olfativamente hasta chocar. 

Lo interesante es lo que ocurre después en gatos y otros pequeños mamíferos: una inmovilidad repentina. El animal se "cuelga" momentáneamente procesando la sobrecarga sensorial química que acaba de recibir. 

El beso moderno. Aunque nosotros hacemos algo parecido con los besos, incluso con los de esquimal, la verdad es que hemos perdido gran parte de la funcionalidad del órgano vomeronasal. Pero si es cierto que conservamos el comportamiento. 

Un estudio realizado en 2023 publicado en Science desmontó el mito de que el beso es una invención reciente, puesto que ya en Mesopotamia y Egipto se vio que el beso labio a labio existía hace 4.500 años

En XatakaJapón se enfrenta a una nueva crisis: cae a mínimos históricos el número de jóvenes que han dado su primer beso

Su sentido. Los antropólogos sugieren que comportamientos como el hongi maorí, el honi hawaiano o el mal llamado "beso esquimal" (kunik) de los Inuit son los eslabones perdidos. En estas prácticas, el objetivo no es el tacto de los labios, sino compartir el aliento y el olor en una proximidad íntima.

El beso humano, con toda su carga cultural, podría ser un remanente evolutivo de esa necesidad biológica de acercarnos lo suficiente para que nuestros cerebros pudieran "leerse" químicamente el uno al otro. Lo que para un murciélago es un reconocimiento de identidad, para nosotros se ha convertido en una muestra de intimidad, pero el hardware subyacente tiene un origen común: la necesidad de comunicar lo que no se puede decir con palabras (ni con gruñidos).

Imágenes | Simon Hurry 

En Xataka | Parecía un riesgo oculto para los celiacos, pero los besos post-pizza no preocupan a la ciencia

Fuente original: Leer en Xataka
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