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«No soporto a mi compañero de trabajo». Claves para frenar las broncas laborales

«No soporto a mi compañero de trabajo». Claves para frenar las broncas laborales
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Jerarquías, envidias, inseguridades, cansancio y frustraciones se mezclan para conformar un hábitat explosivo donde las peleas son frecuentes y difícilmente evitables
«No soporto a mi compañero de trabajo». Claves para frenar las broncas laborales

Jerarquías, envidias, inseguridades, cansancio y frustraciones se mezclan para conformar un hábitat explosivo donde las peleas son frecuentes y difícilmente evitables

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Solange Vázquez

13/06/2026 Actualizado a las 00:08h.

Pasamos buena parte de nuestra vida trabajando y ya lo que faltaba es que, encima, pasemos ese tiempo a disgusto porque estamos de bronca. ¿Cuántas ... veces hemos tenido la sensación de que el 'compañero' que se sienta al lado –y que de compañero solo tiene el nombre– es en realidad el enemigo? ¿A quién no le han dado ganas de soltar cuatro cositas a alguien del curro, o algo con más consistencia sólida, como un mamporro a lo Chuck Norris? El caso es que, por muy comedidos o pacíficos que seamos, el entorno laboral puede sacar lo peor de nosotros. ¿La explicación? En él estamos 'obligados' a compartir tiempo y espacio con personas con las que, de poder evitarlo, nunca nos tomaríamos ni un café.

¡¿Por qué no podemos estar tranquilos?!

«El detonante casi siempre es un problema de comunicación, de interpretación de mensajes, falta de feedback, malentendidos... Pero tambien están las diferencias en la forma de trabajar o en las expectativas, la percepción de desigualdad en la carga de trabajo, la falta de claridad en roles y responsabilidades y, en algunos casos, factores emocionales como el estrés o la frustración acumulada...», enumera Cristina Polo, psicóloga del gabinete yees!.

O sea que, a menudo es que, simplemente, no nos entendemos. ¿Hay manera de distinguir si el problema se debe a un malentendido puntual, a un problema de comunicación o a otros asuntos como la rivalidad? «Para identificar el origen del conflicto es clave observar tanto el contexto como la recurrencia y la intensidad –indica Polo–. Un malentendido puntual suele resolverse rápidamente al aclarar la información; la falta de comunicación se manifiesta en silencios, evitación o mensajes indirectos; la rivalidad profesional suele implicar comparaciones constantes o competitividad excesiva; los conflictos de roles aparecen cuando no están bien definidas las funciones; y la sobrecarga se detecta cuando hay sensación de injusticia o desequilibrio en el reparto del trabajo. En muchos casos, no hay una única causa, sino que se trata de un problema multifactorial».

Prepárate

Además, para «bajar la intensidad emocional·antes de interactuar con la persona con la que solemos chocar, podemos hacer lo siguiente, según Polo: «Nos damos unos minutos antes de la interacción e identificamos qué emoción está presente (por ejemplo, enfado o frustración) sin juzgarla. Después, reformulamos mentalmente el objetivo de la conversación en términos constructivos ( 'quiero aclarar esto' en lugar de 'quiero demostrar que tengo razón'). Este pequeño espacio ayuda a pasar de una reacción impulsiva a una respuesta más consciente».

El poder de las palabras

Ya sabemos qué motivos nos llevan a la bronca y cómo distinguirlos... pero el caso es que ya tenemos la bronca a las puertas. Y en este punto podemos optar por dos 'escuelas': la primera es la de estallar, es decir «abordarlo desde la emoción, de manera precipitada, sin haberla procesado previamente». Si interpretamos las conductas del otro como algo personal, en lugar de analizarlas en contexto y desde el enfoque profesional, casi seguro que vamos directos al estallido. Así que ojo con ser tan susceptibles. «Llevar el tema al terreno personal o recurrir a terceros en lugar de hablar directamente con la persona implicada suele agravar la situación», asegura. Pero si sabemos que no nos compensa el choque hay una fórmula para 'parar' el desastre con solo cuatro palabritas 'mágicas': tienes parte de razón. ¿Dónde reside su poder? Demuestra disposición al diálogo y profesionalidad, es un enfoque constructivo, maduro y, sobre todo, al admitir que uno no está en posesión de la verdad absoluta, rebaja la rabia del otro. Es una frase muy conocida por los mediadores y negociadores. Úsala.

Cómo colaborar eficazmente con alguien que odias

Ya es mala suerte, pero suele pasar. Va y te toca trabajar en un proyecto codo con codo con esa persona con la que ya no es que no conectes, es que la aborreces (y posiblemente el sentimiento sea recíproco) ¿Vamos corriendo donde el jefe y se lo decimos? ¿Y si es el jefe nuestra bestia negra? «Cuando no hay afinidad personal (que no es el objetivo de las relaciones laborales), es útil centrarse en objetivos comunes y en acuerdos explícitos sobre cómo trabajar juntos. Hay herramientas que ayudan a reducir la fricción: comunicación clara y estructurada, definición de tareas y responsabilidades y normas de funcionamiento compartidas. También es importante apoyarse en datos y hechos objetivos en lugar de dejarse llevar por impresiones o valoraciones subjetivas», destaca Polo.

Vamos a poner límites

Pongamos que nada sirve y que ya somos muy conscientes de que tenemos un problemón con alguien en el trabajo porque los choques son constantes (ni con las cuatro palabras los hemos evitado). Pues toca poner límites, pero, ojo, que estamos en el trabajo: «Deben ser claros, respetuosos y centrados en la conducta que nos genera el conflicto, no en la persona. Es importante expresar qué comportamiento nos genera malestar y qué sería más positivo, utilizando una comunicación asertiva. Por ejemplo, concretar tiempos de respuesta, formas de comunicación o reparto de tareas. Mejor no atacar».

Cuándo pedir intervención

Hay señales que nos alertan de que debemos pedir un 'mediador' (Recursos humanos, el jefe...): Cuando el conflicto se vuelve recurrente, cuando aumenta en intensidad, si empieza afectar al rendimiento, al clima del equipo o al bienestar de las personas implicadas. Esto, a nivel laboral, pero si en la esfera personal notamos que nos afecta psicológicamente con una ansiedad sostenida o con un contagio de nuestras respuestas airadas en otros terrenos (amoroso, familiar), debemos pedir ayuda profesional porque es fácil que nos llevemos a casa esa dinámica de alerta, ataque y defensa.

Líneas rojas: Cuando hay desequilibrios de poder o cuando se perciben conductas inapropiadas que pueden ir a más.

Insultos, agresiones.. ¿qué dice la ley?: El Tribunal Supremo ha blindado el derecho de defensa del trabajador. Ahora, antes de despedir disciplinariamente a un empleado por una pelea o insulto, la empresa está obligada a concederle una «audiencia previa» para que pueda dar su versión de los hechos. No hacerlo puede convertir el despido en improcedente.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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